RetrocesoA&ONº 212/11-V-2000SumarioCriteriosContinuar
Si cae la familia...
Además de reducirse de tamaño y de no reproducirse a sí mismas, las familias occidentales empiezan también a dividirse, con un creciente número de hijos que nacen fuera del matrimonio o que viven la ruptura de la pareja paterna en algún momento de su infancia. Cabe temer que aproximadamente la mitad de los matrimonios contraidos en los años 80 en Estados Unidos termine en divorcio. La proporción de niños nacidos fuera del matrimonio crece a un ritmo constante. Los partos de madres solteras respecto a los nacimientos vivos aumentó en Estados Unidos de menos del 5%,en 1940, al 31%, en 1993.

Los demógrafos Larry Bumpass y James Sweer han averiguado que no sólo las parejas de hecho tienen el doble de probabilidades de disolverse al cabo de diez años que los primeros matrimonios, sino que aquellos de entre éstos contraídos después de un período de cohabitación son también menos estables que si ésta no se hubiera producido. Otros estudios han demostrado que la cohabitación guarda también una relación más estrecha que el matrimonio con las agresiones domésticas y con el aislamiento social. Ni la tasa de divorcialidad, ni la de ilegitimidad, ni la de familias monoparentales refleja hasta qué punto los niños vivirán la ruptura familiar y la vida en un hogar con un solo progenitor o con ninguno.

El principal cambio social que ha originado vivencias traumáticas ha sido el aumento de divorcios y rupturas familiares. Es de sentido común pensar que los niños que han vivido el divorcio de sus padres, o que han tratado con una serie de novios de su madre en un hogar monoparental, sean más cínicos respecto a los adultos en general, y que eso pueda explicar el incremento de la desconfianza que reflejan las encuestas. Por otra parte, existen muchas conexiones indirectas: la ruptura familiar está relacionada con la delincuencia y la pobreza, y estas dos generan, sin duda, cinismo.

Francis Fukuyama
de La gran ruptura (ed. B)

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