RetrocesoA&ONº 212/11-V-2000SumarioDesde la feContinuar
Televisión
Fatiga mediática
El lunes hemos comprado los periódicos impresos con la tinta roja de la sangre de un nuevo testigo de la coherencia entre las ideas y la vida. Las rotativas han trabajado sobre el papel de una nueva contradicción, en un país cargado de sin razones que obnubilan nuestra razón. La noticia ha roto, por unos días, el hilo informativo de la Ariadna familiar del Gran Hermano para presentarnos la más dura realidad de nuestros parientes cainitas. La televisión se ha cargado de señales de alarma, de ocultos argumentos de una sociedad, la nuestra, que debiera mirar menos a la televisión y más a su pasado, para hacer de su presente garantía de nuestro futuro.

Que vengan los sociólogos, o quienes quieran, a explicarnos cómo, siendo el segundo país del mundo en emitir, bajo el sistema técnico de televisión digital terrestre, aún no tenemos un Consejo Superior del Audiovisual. Alguien nos explicará cuál es la causa de ese 1,7 por ciento más de horas dedicadas a ver la televisión que a las horas de permanenecia en el puesto de trabajo de toda nuestra población activa. Datos que nos muestran una especie de ley inexorable en nuestra sociedad del ocio y de la información: la evolución del mercado de la comunicación no significa que la comunicación evolucione hacia mayores cotas de defensa de la persona. Hemos llegado al punto de inflexión de una programación televisiva disparada hacia cotas de máximo rendimiento económico, de máximo beneficio empresarial a costa del auténtico beneficio: el usuario, responsable de la decisión primera y última de la elección de los programas. Los hombres de la ciencia política escriben, en estos días, parafraseando a Gauchet, sobre la fatiga política de nuestros sistemas de representación. ¿Para cuándo la fatiga mediática?

José Francisco Serrano