RetrocesoA&ONº 212/11-V-2000SumarioDesde la feContinuar
Un siglo apocalíptico
La celebración de los nuevos mártires al inicio del tercer milenio tiene algo de apocalíptico; ante todo el número. La visión del Apóstol Juan habla de 144.000 sellados que lavaron sus vestidos en la sangre del Cordero. La lista de los mártires del siglo XX ha conseguido recoger al menos 12.000 nombres, pero es sólo la punta del iceberg; los testigos de Cristo hasta la sangre son muchos más. La celebración de los nuevos mártires está ligada estrechamente a una petición de perdón, en primer lugar de la Iglesia y de nosotros, los cristianos. En la Iglesia se prefiere un cristianismo desvirtuado y dulzón, que poco sabor tiene del sí, sí; no, no evangélico. No rara vez, en el siglo pasado, los cristianos llegaron a traicionar (como Pedro) a sus mártires. Cuando en el siglo II el obispo Ignacio de Antioquía fue arrastrado a Roma, los cristianos se lo disputaban para encontrarle, besarle los pies, para mostrarle solidaridad. Cuando en 1992 el obispo de Baoding (China), monseñor José Fan Xueyan, después de meses de secuestro, fue presentado muerto por la policía —el cadáver, con evidentes señales de tortura, envuelto en una bolsa de plástico—, pocos alzaron la voz para orar por él y por el destino del pueblo chino.

La celebración de los mártires sugiere también un mea culpa de la sociedad. Las multitudes de mártires del siglo XX han sido víctimas de tiranos especiales: las ideologías materialistas, de derechas o izquierdas, que llegan incluso a la deificación del Estado. El Papa ha sugerido un mea culpa a todo el mundo cuando, en el Mensaje para la Jornada de la Paz del 2000, habló del siglo XX como período de admonición, en el que concepciones y prácticas, con frecuencia determinadas por fuertes intereses económicos, subordinan al valor absoluto de la nación y del Estado cualquier otro valor. El cristianismo sigue siendo una de las pocas experiencias en defensa del valor absoluto de la persona y, por eso, es probable que aumenten los mártires.

La Jornada de los Nuevos Mártires es también una fiesta jubilar. Estos hombres y mujeres, siguiendo a Cristo, demostraron que el perdón y el amor son más fuertes que el odio y la muerte. En nombre de Cristo resucitado, anularon la ola de violencia perdonando a sus perseguidores. Dos mil años después, nos dicen con su sacrificio que el Señor es todavía hoy vencedor del mal.

Bernardo Cervellera
Director de la Agencia Fides