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De muy antaño venía Madrid mostrando predilección religiosa por aquel Isidro, mozo ejemplar que hubo a su servicio Iván de Vargas el rico, y al decir de la gente sencilla y devota, muchos y grandes favores debíale la corte de las Españas, y si la opinión popular hubiere valido, ya más de dos siglos habría que en los altares de la Fe tuviera puesto de honor.La emperatriz Isabel mandó levantarle aquella famosa capilla, alrededor de la cual acude aún hoy en día a divertirse la gente, y así la aristocracia como la plebe holgábanse de tener uno de sus paisanos con lugar eterno en el cielo á la diestra de Dios Padre. Y como diz que cada día obraba mayores pretigios, haciendo merced dellos al mismo Rey, a quien por algún tiempo arrancó de las garras de la muerte, decidióse Paulo V a decretar la beatificación que se le pedía. Yo no sé si alguna nueva, por grande que fuere, triunfos de armas en tierra extranjera, noticia de famosas cosechas o arribo a las costas de naves cargadas de plata y oro, háse recibido con el fausto y alegría que la ansiada bula, que elevaba al querido madrileño a la categoría de bienaventurado. La iglesia parroquial de San Andrés (lugar donde reposaban los incorruptibles restos del justo) fue la estancia elegida para el homenaje de las musas. Actuó como fiscal el Fénix de los Ingenios españoles Frey Félix Lope de Vega Carpio. En el centro de la capilla mayor yacía el cuerpo del Santo, guardado en magnífica urna de plata de incalculable mérito, fabricada y cedida por el gremio de plateros. Lope hizo su ofrenda poética. Con mucho entusiasmo fué recibido este juego de ingenio en honor del nuevo patrón de la Villa matritense. Diego San José |