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El cardenal John Joseph OConnor, arzobispo de Nueva York, ha fallecido a los 80 años de edad. El año pasado le había sido extirpado un tumor cerebral. Su muerte ha causado un gran pesar en la Iglesia y en la sociedad norteamericana y también a escala universal. El Papa Juan Pablo II, muy entristecido, ha hecho llegar al obispo auxiliar de Nueva York un sentido telegrama en el que pone de relieve el profundo sentido de pérdida personal con que ha recibido la noticia de la muerte del cardenal; da gracias a Dios por los muchos años de valeroso y comprometido testimonio del Evangelio por parte de este fiel servidor de la Iglesia, testigo ejemplar de la fe y de la dignidad humana que me ha sido de gran ayuda en el servicio de la Iglesia universal. El presidente Clinton ha rendido un sincero homenaje póstumo a la memoria del cardenal, y ha afirmado que, durante más de 50 años, se esforzó con inusitada fortaleza por ejercer su ministerio, su servicio eclesial. Hijo de una familia de trabajadores de origen irlandés, fue el cuarto de cinco hermanos y, además de un líder y maestro, fue un hombre profundamente entregado a la Iglesia e infatigable a favor y en defensa de los más pobres, indefensos y vulnerables. Recientemente, el Congreso de los Estados Unidos le había concedido la medalla de Oro del Congreso, máxima condecoración civil de la nación. |