RetrocesoA&ONº 212/11-V-2000SumarioMundoContinuar
Los sindicatos celebran el Jubileo del Trabajo
El Papa abate otro muro
El pasado 1 de mayo Juan Pablo II abatió otro muro tan significativo como el de Berlín: en este año del Jubileo, sindicatos de Europa y en especial de Italia (de centro, de izquierdas y de derechas) quisieron celebrar la Fiesta del Trabajo rezando con el Papa. En el encuentro, que se celebró en la explanada de Tor Vergata, a las afueras de Roma -el Vaticano no hubiera tenido espacio en la plaza de San Pedro para acoger a los más de 200 mil participantes-, participaron además líderes obreros, políticos, del mundo de las empresas y de las finanzas de todo el mundo
Hace menos de diez años, una fiesta así hubiera sido impensable. Un muro de prejuicios separaba en muchos países y ambientes las reivindicaciones del mundo obrero de las propuestas de desarrollo integral hechas por la Iglesia. La imagen del pasado día 1 de mayo, sin embargo, rompe todos los clichés: al llegar, Juan Pablo II fue recibido con un entusiasmo contagiante por gente que enarbolaba los colores pontificios amarillo y blanco y las banderas de los diferentes sindicatos.

Al final de la Misa, el mundo laboral, representado por el director general de la Organización Internacional del Trabajo, Juan Somavía, expuso al Obispo de Roma los nuevos desafíos que presenta la situación actual: constató que los excluidos del trabajo son todavía demasiados y que en estos momentos de globalización todo es más precario. Ahora bien, explicó que la doctrina social de la Iglesia está indicando orientaciones para emprender el camino justo.

En la homilía, el Pontífice obrero (no hay que olvidar que trabajó durante los años de la ocupación nazi en una mina y en una empresa química), además de solidarizarse con los trabajadores de todo el mundo —en especial con quien no tiene trabajo y con quien es esclavizado por el trabajo—, afirmó: Las nuevas realidades que embisten con fuerza el proceso productivo, como la globalización de las finanzas, de la economía, de los comercios y del trabajo, no tienen que violar nunca la dignidad y la centralidad de la persona humana, ni la libertad y la democracia de los pueblos. Sus palabras fueron interrumpidas por los aplausos y por la masa de gente que enarbolaba banderas del Vaticano y de los distintos sindicatos.

En este sentido añadió: La solidaridad, la participación y la posibilidad de gobernar estos cambios radicales constituyen, si no la solución, al menos la garantía necesaria ética para que las personas y los pueblos no se conviertan en instrumentos sino en protagonistas de su futuro. Todo esto puede realizarse, y, dado que es posible, se convierte en un deber.

Ante la situación actual, concluyó, todos tienen que asumir su responsabilidad para que el sistema económico en el que vivimos no invierta el orden fundamental que da prioridad al trabajo sobre el capital, al bien común sobre el privado. En definitiva, es necesario globalizar la solidaridad. Precisamente para que la contribución de la Iglesia en estos momentos de globalización pueda ser más eficaz, el Papa anuncio que la Santa Sede está preparando un Compendio de la doctrina social de la Iglesia.

CATECISMO SOCIAL


Para preparar este documento, se presentó en la Santa Sede La agenda social: Colección de textos del Magisterio, un volumen en el que se recogen intervenciones pontificias en estos últimos cien años sobre temas de candente actualidad, que han acompañado las extraordinarias transformaciones promovidas por la revolución industrial: desde asuntos laborales hasta económicos, sin olvidar la familia, los cuerpos sociales intermedios, temas de comunidad política, democracia o relaciones internacionales. El documento sale a la luz en inglés, aunque en las próximas semanas aparecerá en castellano. La obra (226 páginas) ha sido realizada por Robert Sirico, presidente del Acton Institute for the Study of Religion and Liberty y por el dominico Maciej Zieba, del Instituto Tertio Millennio de Cracovia, en Polonia.

El Jubileo de los Trabajadores concluyó con música. Andrea Bocelli, cuyo padre había fallecido unas horas antes, interpretó algunos clásicos de la música sacra acompañado por el Coro y la Orquesta de la Academia de Santa Cecilia, dirigidos por el maestro Myung-Whun Chung. A continuación, Noa, la cantante israelí de origen yemenita, cantó un pasaje de la banda sonora de La vida es bella. Estrellas del pop y del rock de todo el mundo, entre quienes se encontraban Phil Collins, Lou Reed, los Eurythmics, o Alanis Morissette, se unieron a la fiesta en un gran concierto que tenía como objetivo responder a una de las preocupaciones del Papa: la condonación de la deuda externa de los países en vías de desarrollo.

Mientras esperamos la publicación del Catecismo social que publicará el Vaticano a finales de año, podemos constatar que ya el 1 de mayo de 2000 ha sido testigo de la caída de otro de los muros abatidos por el Papa Wojtyla. Además, curiosamente, la celebración de los trabajadores en Roma fue una de las pocas celebradas en las grandes capitales que no se caracterizaron por disturbios y actos de violencia. ¿Será casualidad?

J. C. Roma