RetrocesoA&ONº 212/11-V-2000SumarioMundoContinuar

HABLA EL PAPA

La Eucaristía constituye el momento culminante en el que Jesús, al darnos su Cuerpo inmolado y su Sangre derramada por nuestra salvación, descubre el misterio de su identidad e indica el sentido de la vocación de cada creyente. En efecto, el sentido de la vida humana está todo en aquel Cuerpo y en aquella Sangre, ya que por ellos nos han venido la vida y la salvación.

En el encuentro con la Eucaristía algunos descubren sentirse llamados a ser ministros del Altar, otros a contemplar la belleza y la profundidad de este misterio, otros a encauzar la fuerza de su amor hacia los pobres y débiles y otros también a captar su poder transfomador en las realidades y en los gestos de la vida de cada día.

El misterio del amor es ahora revelado a nosotros en la palabra de la cruz, que, morando en vosotros, queridos jóvenes, será vuestra fuerza y vuestra luz y os descubrirá el misterio de la llamada personal. Conozco vuestras dudas y vuestras fatigas, os veo con cara de desaliento. Pero tengo también la imagen de tantos encuentros con vosotros, durante los cuales he podido constatar la búsqueda sincera de la verdad y el amor que permanece en cada uno de vosotros. Queridos jóvenes, ¡andad al encuentro de Jesús Salvador! ¡Amadlo y adoradlo en la Eucaristía! De Él podéis sacar el coraje para ser sus apóstoles. Después del clima de sospecha y de desconfianza que corrompe las relaciones humanas, sólo jóvenes con mente y corazón abiertos a ideales altos y generosos podrán restituir belleza y verdad a la vida y a las relaciones humanas.

del Mensaje para la Jornada Mundial de Oración
por las Vocaciones:
14-V-2000