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En el encuentro con la Eucaristía algunos descubren sentirse llamados a ser ministros del Altar, otros a contemplar la belleza y la profundidad de este misterio, otros a encauzar la fuerza de su amor hacia los pobres y débiles y otros también a captar su poder transfomador en las realidades y en los gestos de la vida de cada día. El misterio del amor es ahora revelado a nosotros en la palabra de la cruz, que, morando en vosotros, queridos jóvenes, será vuestra fuerza y vuestra luz y os descubrirá el misterio de la llamada personal. Conozco vuestras dudas y vuestras fatigas, os veo con cara de desaliento. Pero tengo también la imagen de tantos encuentros con vosotros, durante los cuales he podido constatar la búsqueda sincera de la verdad y el amor que permanece en cada uno de vosotros. Queridos jóvenes, ¡andad al encuentro de Jesús Salvador! ¡Amadlo y adoradlo en la Eucaristía! De Él podéis sacar el coraje para ser sus apóstoles. Después del clima de sospecha y de desconfianza que corrompe las relaciones humanas, sólo jóvenes con mente y corazón abiertos a ideales altos y generosos podrán restituir belleza y verdad a la vida y a las relaciones humanas. del Mensaje para la Jornada Mundial de Oración |