RetrocesoA&ONº 213/18-V-2000SumarioDesde la feContinuar
¡Felicidades, Santo Padre!
Una riada de telegramas, mensajes y e-mails invadirán hoy la Casa del Papa, dando un plus de trabajo a los secretarios de Juan Pablo II.Sin embargo, representarán un mínimo porcentaje de los miles de millones de gentes sencillas que, sin utilizar esos medios de expresión, pronunciarán también hoy, en la intimidad de su corazón, un cálido ¡Felicidades, Santo Padre! Y recordarán el emocionado momento en que le estrecharon la mano, asistieron a su Misa en alguna plaza del mundo, o, sencillamente, recogieron su mirada al verle pasar en el papamóvil por las calles de su ciudad.

Karol Wojtyla cumple los 80 años cuando avanza en el vigésimo segundo año de su pontificado. Le rodea la admiración y la veneración popular de los hombres y mujeres de buena voluntad. Tener que caminar apoyado en un bastón con mano temblorosa por el Parkinson, no le impide manejar con pulso firme el timón de la barca de Pedro, ni haberse granjeado el apelativo de ser la conciencia moral de la Humanidad, ni ser reconocido como el portavoz de los sin voz.

Muchas son las cosas que de su vida y de su pontificado pueden recordarse ahora, pero quiero evocar especialmente dos.

La sensibilidad hacia lo que él mismo ha definido como el genio de la mujer, el aliento que ha dado a cuantos se empeñan por su dignidad, participación e igualdad de derechos.

La otra es la defensa de la vida frente a la cultura de la muerte extendida por el mundo en forma de aborto, eutanasia, terrorismo.

Con sus compatriotas polacos, le digo: ¡Stola, Stola! ¡Qué cumplas cien años!

Mercedes Gordon