RetrocesoA&ONº 213/18-V-2000SumarioEn portadaContinuar
JuanPablo II, en su histórica peregrinación a Fátima, beatifica a Jacinta y Francisco
«Si no os hacéis como niños...»
Con la oración de Jesús —Te bendigo, Padre, porqué has tenido escondidas estas cosas a los sabios y entendidos y las has revelado a los pequeños—, Juan Pablo II, en peregrinación ante la Virgen de Fátima que le salvó la vida, empezó y terminó su homilía en la solemne beatificación de los dos pastorcillos, Jacinta y Francisco. Ante el silencio de más de un millón de personas, procedentes de todos los rincones de Portugal y del mundo, el Papa leyó su homilía escrita y pensada desde el corazón, para esta ocasión en la que vio oportuno anunciar que se dará a conocer la tercera parte del secreto revelado a los pastorcitos: Nuestra Señora reveló en 1917 el atentado contra el Papa de 1981. Quien tenga ojos, que crea.
Juan Pablo II quisó expresamente peregrinar a Fátima con el fin de beatificar a los dos niños, Jacinta y Francisco, y, a la vez, volver a expresar su gratitud a la Virgen por su protección durante estos 22 años de pontificado.

Hasta ahora se pensaba que los niños no podían ser beatificados, ya que por su corta edad no podrían practicar las virtudes cristianas en grado heroico. Sin embargo, estos dos pastorcitos respondieron heroicamente a la solicitud de laSeñora, tan bonita que hablaba con voz y corazón de madre, de ofrecerse como víctimas de reparación. Como en toda beatificación, la Iglesia quiere poner en el candelero a estas dos pequeñas llamas que Dios ha encendido para iluminar a la Humanidad en sus horas oscuras e inquietas. Y, al final de la misma homilía, exhortó que el mensaje de sus vidas permanezca siempre vivo para iluminar el camino de la Humanidad.

Sus vidas cambiaron radicalmente tras el encuentro con la Señora vestida de sol. Como llegó a decir uno de los tres privilegiados: Estábamos ardiendo en aquella luz que es Dios y no nos quemábamos. En 1917, fecha de las apariciones, Francisco y su hermana Jacinta tenían siete y seis años, respectivamente. A Jacinta le gustaba mucho bailar, y que la hiciesen caso en casa. Quedó muy impresionada por la visión del infierno (en julio de 1917), y se tomó muy a pecho su tarea de ofrecerse heroicamente como víctima por los pecadores. Todas las mortificaciones y penitencias le parecían poca cosa para salvar a los pecadores. Quisó compartir esta aflicción de la Virgen, y estaba dispuesta a ofrecer sacrificios y soportar todo cuanto quisieran para convertir a los pecadores. Arraigó en ella el amor por elSanto Padre, y al final del rosario siempre rezaba tres avemarías por él. En la homilía el Papa expresó su reconocimiento también a la beata Jacinta por los sacrificios y las oraciones hechas por el Santo Padre, a quien ella había visto sufrir tanto.

Francisco era noble de espíritu, muy pacífico y generoso. No le gustaba pelearse, y si jugando con otros niños éstos discutían, él siempre se dejaba ganar. Francisco fue el contemplativo. Su único deseo era consolar y alegrar a Jesús, después de haberle visto tan triste a causa de los pecados que se hacen contra Él. La transformación radical que tiene lugar en su vida le hace tener una oración muy asidua y ferviente. Al igual que Lucía, ofrecía sacrificios, oraciones y los esfuerzos para ser bueno, con el fin de reparar las ofensas de los pecadores. Sin lamento alguno, soportó los grandes sufrimientos causados por la enfermedad y murió con la sonrisa en los labios.

Lucía era la mayor, y la que se encargaba de cuidar a los niños de las vecinas. Después de las apariciones y ya en el convento, no quiso nunca escribir sus memorias, y sólo lo hizo por obediencia. La obediencia es el camino que siempre ha seguido. La única vidente aún viva tiene la misión de ser la encargada de transmitir el mensaje de la Santísima Virgen, venida aquí a Fátima para pedir a los hombres que . En la misma homilía añadió Juan Pablo II cómo el mensaje de Fátima es un reclamo a la conversión. Hizo un llamamiento a la Humanidad para que no haga juego al dragón, el Mal. Ya que la última meta del hombre —afirmó— es el Cielo, su casa verdadera donde el Padre celeste está a la espera de todos. Y recordó cómo las palabras escuchadas en la primera lectura nos hacen pensar en la gran lucha entre el bien y el mal, y constatar cómo el hombre, dejando a Dios de lado, no puede alcanzar la felicidad, sino que más bien acaba por destruirse a sí mismo.

Si a escasas decenas de kilómetros al este del Mediterráneo, en Nazaret y en Belén, el Dios de amor misericordioso quiso hacerse hombre y nacer con el fin de que nadie se pierda, siglos después, y a similares decenas al este del Atlántico —ya descubierta América—, en Fátima, quisó que la Madre protectora hiciese llegar un mensaje a todo el mundo, de conversión y de oración, en otro lugar recóndito, esta vez en plena nariz de Europa. Un mensaje tan verdadero como actual.

LA TERCERA PARTE DEL SECRETO


Al finalizar la ceremonia de beatificación, el cardenalSodano, Secretario de Estado de Juan Pablo II, dirigió unas palabras.Aunque hasta ese momento nada se había dicho sobre el famoso secreto, en Portugal la mayoría intuía que esta vez sí se iba a revelar. Pocos días antes, el Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el cardenal Ratzinger, dió pie a las especulaciones al decir que el Papa siempre puede asombrar de nuevo. Aunque el cardenal Sodano dio a conocer el secreto en líneas generales, la tarea de hacer pública esta última parte ha sido confiada por el Papa a la citada Congregación, que está preparando un comentario adecuado, con el fin de que este mensaje se reciba de la mejor forma.

La visión profética que supone el texto de la tercera parte del secreto —que se refiere a la protección dispensada al Pontífice durante todos estos años de pontificado y a los sufrimientos de la Iglesia en el sigloXX—, al no describir con sentido fotográfico los detalles de los acontecimientos futuros, debe ser leída en clave simbólica, al modo del género de la Sagrada Escritura.

Según la interpretación de los pastorcitos, confirmada también hace poco por la Hermana Lucía, el que ora por todos los fieles es el Papa. También él, caminando con fatiga hacia la Cruz entre los cadáveres de los martirizados (obispos, sacerdotes, religiosos, religiosas y numerosos laicos), cae a tierra, como muerto, bajo los disparos de arma de fuego.

Al pronunciar estas palabras, un gran silencio inundó la esplanada. Todos teníamos en la mente las imágenes de aquella tarde primaveral del 13 de mayo de 1981. Tras más de cinco horas de intervención quirúrgica, el Papa abrió los ojos y vió a su lado a Stanislaw Dziwisz, su fiel amigo y secretario. Su primera pregunta fue sí rezaban Completas. Entonces Dziwisz le cuenta lo ocurrido, y la coincidencia del atentado con el día de la primera aparición de la Virgen de Fátima. Al instante, el Papa pide que le traigan de los archivos vaticanos toda la documentación sobre las apariciones de Cova de Iría. En efecto, la tercera parte del secreto se refería a él, y en ella queda muy claro cómo fue , permitiendo al que se detuviera . Con razón, cuando a JuanXXIII le preguntaron sobre el tercer secreto, respondió, como Pablo VI años después, que no quería decir nada al respecto.

Una vez que el entonces obispo de la diócesis de Leiría-Fátima quiso, por iniciativa propia, engastar en la corona de la Virgen —hecha de piedras preciosas regaladas por gente de toda Portugal— la bala que le entregó Juan Pablo II, descubrió, atónito, cómo entró en el orificio prácticamente a la perfección.

La revelaciones de la Virgen de Fátima se refieren sobre todo a la lucha de los sistemas ateos contra la Iglesia y los cristianos, y describe el inmenso sufrimiento de los testigos de la fe en el último siglo del segundo milenio. Es un interminable Via Crucis dirigido por los Papas del siglo XX, indicó el cardenal Sodano.

Precisamente en un momento de su homilía, el Papa tuvo un recuerdo muy especial para todas las víctimas de este último siglo: El pensamiento va a los horrores de las dos , a las demás guerras en tantas partes del mundo, a los campos de concentración y de exterminio, a los gulag, a la limpieza étnica y a las persecuciones, al terrorismo, a las violaciones de personas, a las drogas, a los atentados contra la vida no nacida y la familia, señaló.

El Papa agradeció a la Virgen la caída de los regímenes ateos comunistas de la Unión Soviética y de muchos países de Europa delEste. Pese a que el secreto de Fátima parece referirse a hechos del pasado, como son los acontecimientos de 1989, la llamada de la Virgen a la conversión y a la penitencia sigue teniendo, 83 años después, una estimulante actualidad. Hay que ver, sin ir más lejos, las persecuciones de las que son víctimas los católicos hoy día en países como Timor, Sudán, China, Oriente Medio, etc. En su homilía, Juan PabloII tuvo también palabras para el sufrimiento que viven países como Angola, Mozambique, etc. Y pidió a la Virgen María que custodie en la unidad de la fe a sus hijos e hijas de Brasil.

LA FE DE UN PUEBLO


Ni la sorprendente victoria del Sporting de Lisboa el pasado domingo, ni incluso la Expo 98, han tenido en Portugal una relevancia similar a la visita, de tan sólo 23 horas, de Juan Pablo II a Fátima, ante la cual, todos los medios de comunicación —incluso los internacionales— han constatado la evidencia de los hechos. Cada uno de los que estuvimos el pasado fin de semana en Fátima no podremos olvidar jamás lo que vimos.

11 de mayo, jueves. De camino a Fátima, ya de noche, no cesa el fluir de peregrinos. Cada uno hace su camino como puede, andando, en coche o autobús. Muchos portugueses sacrifican todos los años cinco días de sus vacaciones para ir a Fátima andando. Vengo porque me gusta, porque es un bien para mí, dice Heloisa, una señora ya mayor de Cerra de Strella. En cualquier gasolinera te regalaban un folleto, editado por la emisora católica portuguesa Radio Renascença, con indicaciones prácticas para los peregrinos. A lo lejos y en plena noche, se vislumbra la esbelta torre del santuario de Fátima. Desde el martes Fátima ya estaba completamente colapsada. Cenando, conozco a una familia de Lisboa que, tras cuatro días andando, ha llegado a la meta. El marido, de 37 años, Raúl, antes de irse a dormir, cansado, pero con una certeza irresistible, me dice que viene por fe, devoción, y por el Papa. La gente duerme como puede.

12 de mayo, viernes. En el desayuno conozco a un grupo de Texas e Illinois, en Estados Unidos, y a otro de Tenerife. Salgo a la calle, engalanada para recibir al Papa con banderas blancas y amarillas. Aunque la llegada del Papa no está prevista hasta las 19.30 h., cada vez hay más gente. En la capilla de las Apariciones tiene lugar cada hora una misa en una lengua diferente. Impresiona ver a tan diversas gentes venidas de todas partes para honrar a María: desde grupos de jóvenes o familias enteras, a campesinos sencillos y humildes, gente de pueblo. Están ahí, a la sombra de un árbol, o sobre una caja de cartón que hace de silla, y ahí en lo escondido, donde sólo Dios los ve, van desgranando, uno a uno, los misterios del rosario.

El Papa ya ha llegado a Lisboa donde ha sido recibido por el Presidente de la República, visiblemente emocionado al final de esta visita, y por el Primer Ministro, católico, Antonio Guterres. Juan PabloII se traslada en helicóptero hasta un campo de fútbol cercano al santuario. Al pasar sobre la multitud que le saluda desde abajo en la explanada, el Santo Padre desde la ventana del helicóptero vuelve a ver, tras nueve años, su querida Fátima. El Papa está en Fátima. Se dirige a la capilla de las Apariciones. Varias decenas de niños le rodean abrazándole. Un rotundo y espectacular silencio se hace en la abarrotada explanada durante varios minutos. Sólo se oyen los flashes de los periodistas. Todos queríamos orar con el Papa en profundo silencio.

¿Qué pasaría en ese momento por la cabeza del Papa, si pensamos en la predilección de la Virgen hacia Él que se desprende de la tercera parte del secreto? Impresiona pensar que, tres años antes de que naciese Karol Wojtila, Nuestra Señora ya hubiese revelado a los pastorcillos el atentado sufrido por el Papa en 1981, y del cual le salvó de la muerte.

LA ESCUELA DE LA VIRGEN


Llegó entonces uno de los momentos más emotivos: el Papa se levantó y se dirigió a entregarle a la Virgen el regalo más preciado, el anillo que le regalara el cardenal de Varsovia Wiszinsky —quien le profetizara que llevaría a la Iglesia al tercer milenio—. Quizá sólo las mujeres entendieron el gran significado de este gesto, puesto que ellas saben muy bien lo que un anillo significa. La comitiva se retira, pero el Papa da marcha atrás y vuelve a postrarse a orar ante su Madre.

13 de mayo, sábado. Un día espléndido saludó a Cova de Iría, que se alegraba al ver a sus hijos elevados a los altares. Antes de dar comienzo la ceremonia, el Papa tuvo un emotivo encuentro con la Hermana Lucía, radiante de alegría, y que tan sólo ha regresado a su Fátima querida en las últimas visitas del Papa. Entre los presentes se encontraba María Emilia Santos, quien por intercesión de Jacinta yFrancisco curó milagrosamente de una paraplejia completa de los miembros inferiores, después de 22 años de inmovilidad, y sin dejar rastro alguno de patología física. De esta forma tuvo lugar el requisito necesario del milagro para la beatificación.

La hermosa ceremonia tuvo su punto culmen cuando Juan Pablo II declaraba beatos a los dos pastorcitos, y dos grandes banderas de Portugal y del Vaticano, respectivamente, daban paso paulatinamente a dos imágenes de Jacinta yFrancisco visibles desde cualquier lugar de la explanada, que rompió en un fuerte aplauso secundado con vigor por sor Lucía. Otro de los momentos significativos de la jornada fue cuando el Papa se dirigió a los niños vestidos al modo de los dos pastorcillos: Queridos niños y niñas, veo a tantos de vosotros con vestidos similares a aquellos usados por Francisco y Jacinta. ¡Os están muy bien! El problema es que esta tarde, o quizá mañana, os quitareis estos trajes y... los pastorcillos desaparecerán. ¡¿No os parece que no deberían desaparecer?! La Virgen necesita de todos vosotros para consolar a Jesús, triste por las ofensas que se le hacen; necesita de vuestras oraciones y sacrificios por los pecadores. Pedid a vuestros padres y maestros —concluyó en su homilía—, que os inscriban en la de la Virgen para que os enseñe a ser como los pastorcillos.

Después de la emocionante bendición con el Santísimo a los enfermos, los más de 1.500 sacerdotes se saltaron el protocolo, subieron la escalinata y se acercaron lo más posible para saludar al sucesor de Pedro. Y mientras la Virgen regresaba en procesión, toda una alfombra multicolor de pañuelos y banderas le acompañó a su capilla con un espectacular silencio. Estando en Fátima uno se encuentra con el verdadero pueblo cristiano y la fe en la cual se sustenta.

Es hora de partir y nadie quiere apartarse del regazo de la Virgen de Fátima. Regresar ya no es un volver a la rutina diaria. Como me dice Luz, una joven de Lisboa, el hecho de que Dios está presente en lo cotidiano se concreta en los lugares y personas más inesperados, como en estos dos niños. Y añade: El tejido del que está hecho nuestra vida está hecho por Dios y no nos enteramos. Y al final resulta tangible con nombres, caras y lugares.

Benjamín R. Manzanares,
enviado especial a Fátima