Ahí va un reto: Prueba. Cierra los ojos. ¿Qué ? . Nuestros ojos ven tantas cosas que corremos el peligro de convertir el mundo en una enorme pantalla televisiva y que la realidad nos resbale y no nos cale. Para dejarse provocar por la vida hay que mirarla en profundidad. ¡Mirar hacia fuera y mirar hacia dentro!. Lo escribía José Sorando en uno de los documentos que ha hecho públicos la Conferencia Episcopal Española para preparar esta XXXVII Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones.
Va, sobre todo, para los jóvenes. La Comisión episcopal de Seminarios y Universidades quería increparles de forma muy especial para esta Jornada, invitarles a plantearse el futuro de su vida: una profesión, si van a fundar una familia . Y a atreverse, también, a formular esta pregunta: ¿Qué espera Dios de mí? y, como María, que da el lema para esta Jornada en España, a ser consecuentes, a dar un sí, sea cual sea el camino que Dios señale a cada uno: . Después de 2.000 años, se necesitan jóvenes dispuestos a dar la misma respuesta a una posible vocación. Hoy sigue habiendo jóvenes que están dispuestos a consagrar su vida en una vocación religiosa o sacerdotal. Es un voluntariado original: no sólo dedicar unas horas a la semana o unas semanas de verano, o algún año de vida a una ONG humanitaria. La vocación consagrada es ofrecer toda la vida para servir a los demás según los proyectos de Dios. En este curso 1999-2000, 1.200 jóvenes españoles han ingresado en un seminario, noviciado o casa de Formación. Con ellos, son más de 6.000 los que se están formando para la vida sacerdotal, religiosa o para ser seglares consagrados. Los datos, que representan un ligero aumento con respecto al año anterior, parecen reflejar que el progresivo descenso en el número de vocaciones en las últimas décadas ha tocado fondo y que podríamos estar hoy en un cambio de tendencia. De ahí que la Conferencia Episcopal hable de moderado optimismo. De cualquier forma, ya no son España ni Europa quienes marcan hoy la pauta en el mundo, que, en los últimos años, ha visto, por ejemplo, cómo de 62.670 seminaristas mayores, religiosos y diocesanos, en 1978, se ha pasado a 109.171, en 1998. La consecuencia inmediata, dice la CONFER (Conferencia Española de Religiosos), es que este gran crecimiento de las vocaciones sacerdotales en territorios que hasta hace poco eran considerados de ha provocado que muchos religiosos sean sustituidos por clero local y ahora regresen a sus países de origen a continuar con su labor misionera, la inmensa mayoría de ellos en Europa. Ricardo Benjumea |