Una vez más el Santo Padre Juan Pablo II sobrevolará nuestra Patria. En esta ocasión será para visitar el santuario de Fátima, llamar de nuevo a María bienaventurada y alegrarse particularmente en este Año Jubilar, en el Dios de la salvación, que en la plenitud de los tiempos nos envió a su Hijo nacido de mujer. Con la beatificación de los dos niños pastores Jacinta y Francisco, se unirá al cántico de la Virgen para proclamar que Dios exalta a los humildes.
Os invitamos, hermanos, a que, con motivo de este nuevo viaje apostólico del Papa y de la celebración de su 80 cumpleaños el próximo día 18, os unáis a nosotros en la alegría y el agradecimiento. Al ver su vida tan llena y fecunda en frutos del Evangelio, queremos manifestar al Santo Padre, juntamente con vosotros, el sentimiento de admiración y de gratitud que llevamos en el corazón: ¡Qué hermosos son sobre los montes los pies del mensajero que anuncia la paz, que trae buenas nuevas, que anuncia la salvación! En este tiempo pascual las lecturas litúrgicas nos adentran en el clima espiritual de la primitiva comunidad cristiana, tal como lo describe el libro del Hecho de los Apóstoles. Aquel dinamismo evangelizador, la valentía en la predicación, la armonía de la comunidad y la autenticidad del testimonio fueron impulsados y sostenidos de una manera especial por la fortaleza y las palabras llenas de sabiduría que Dios otorgaba al apóstol san Pedro. |
| La Iglesia hoy goza del mismo don de Dios a través del sucesor de Pedro. Él es también un verdadero testigo, que no puede dejar de hablar de lo que ha visto y oído. Su profunda experiencia de fe la hemos podido comprobar todos en nuestros encuentros personales con él, en las visitas que nos ha hecho a España y en la misma televisión. Con su palabra y con su vida ejerce el ministerio, confiado por el Señor, de confirmar en la fe a los hermanos.
Lo vemos como el seguidor de Jesucristo, que le confiesa su amor una y otra vez. El apóstol que con el ardor del Espíritu lo proclama Redentor del mundo por su muerte y resurrección, Señor y Salvador universal. Lo mismo que Pedro ante el pueblo y sus jefes, el Papa habla con sinceridad y valentía ante las multitudes que lo rodean y ante los gobernantes de las naciones, y les anuncia a Jesucristo y el mensaje del Evangelio. Impulsando la acción de los católicos y de todos los hombres y mujeres de buena voluntad a favor de la paz y de la justicia, está contribuyendo a crear la nueva civilización del amor. Como aquel paralítico al que curó Pedro, también hoy el Papa dice a la Humanidad, a menudo desesperanzada o desorientada: En nombre de Jesucristo, ponte a andar. Los Hechos de los Apóstoles refieren la preocupación el primer Papa por las comunidades que iban formándose: Pedro andaba recorriendo todos los lugares y bajó también a visitar a los santos que habitaban en Lida, y lo mismo a otras poblaciones como Joppe o Cesarea. Es una faceta que destaca en el ministerio de Juan Pablo II: sus viajes apostólicos por todo el mundo y sus fraternales visitas a las Iglesias particulares significan y contribuyen a hacer efectivo el servicio eclesial del ministerio petrino de ser principio y fundamento, perpetuo y visible, de la unidad de la fe y de la comunión de toda la Iglesia. En unión con los fieles de nuestras diócesis, expresamos nuestra vinculación afectiva y efectiva con el obispo de Roma y le agradecemos su palabra estimulante y el ejemplo de vida entregada. También el Libro de los Hechos quiere dejar constancia de que toda la Iglesia estaba respaldando la acción evangelizadora de Pedro y apoyándole con su oración en los momentos de dificultades: Pedro estaba custodiado en la cárcel, y mientras tanto la Iglesia oraba insistentemente por él a Dios. Os invitamos a manteneros firmes en esta tradición de la familia cristiana. De modo especial el Jubileo que estamos celebrando nos recuerda la necesidad de rezar por las intenciones del Papa. Muchos tendréis ocasión este año de estar muy cerca de él en Roma. Particularmente los jóvenes que vais a tomar parte en el encuentro mundial os decimos que os dejéis contagiar del vigor espiritual de Juan Pablo II. Y a todos os exhortamos a que viváis en sintonía de alma con los pastores de la Iglesia y con quien es su cabeza visible. Ante las dificultades que hoy tiene la nueva evangelización, ante posibles faltas de comprensión o de interés, todos a una elevemos nuestra voz esperanzada a Dios para pedir por el sucesor de Pedro y los sucesores de los Apóstoles, tomando ejemplo de la primitiva comunidad eclesial: Señor, concede a tus siervos que puedan predicar tu Palabra con toda valentía. Felicitamos al Santo Padre en su 80 cumpleaños. Bendecimos a Dios por las gracias que nos reparte a través de su ministerio. Nos alegramos en el regalo de la comunión eclesial. Y pedimos el don del Espíritu Santo para que cada día la vayamos construyendo más plenamente. Así también nosotros, como los primeros cristianos, podremos dar al comienzo del tercer milenio testimonio creíble de la resurrección de Jesucristo. 12 de mayo de 2000 |