RetrocesoA&ONº 212/11-V-2000SumarioMundoContinuar
Comunicado del cardenal arzobispo de La Habana ante el caso del niño Elián
Elián González, un pequeño hermano
El arzobispo de la Habana ha puesto una de las pocas notas de cordura en el llamado caso del niño Elián. Una nota del cardenal Jaime Ortega insiste en la necesidad de situar el conflicto en sus justos términos, como una querella familiar entre la familia de la madre, exiliada en Miami, y el padre, a quien, según el más elemental derecho universalmente aceptado, corresponde criar a su hijo. Lo demás, las pasiones y el sentimentalismo desatados por la propaganda política y el sensacionalismo periodístico, sobra en este caso que se prolonga mucho más de lo debido
Esto es lo más doloroso de todo, escribe monseñor Ortega: La situación del niño, observado a todas horas por los medios de comunicación, convertido en una aberrante estrella de cine, sin el menor respeto para la dignidad de la persona.

La nota fue hecha pública en febrero, en una publicación del Arzobispado de La Habana, pero hasta hoy no había tenido apenas difusión dentro o fuera de la isla. En el punto más caliente del debate, con manifestaciones casi diarias en Cuba y en Miami —la ciudad del exilio anticastrista por excelencia—, el cardenal Ortega se atrevía a exigir el fin del espectáculo, que encontró un perfecto caldo de cultivo en una opinión pública hambrienta de sensacionalismo y sentimentalismo, en Cuba y en Estados Unidos, pero también en el resto del mundo.

Muchos cubanos, ante las frecuentes encuestas de calle que han hecho en La Habana las televisiones de todo el mundo, se sentían obligados a definirse como católicos. Esto es: apoyo al regreso a la isla del niño balsero, pero no al Gobierno que ha estado siempre al frente de las movilizaciones populares. De hecho, a las pocas horas del naufragio de la balsa (aquí diríamos patera), el caso Elián poco tenía ya que ver con el problema real de la custodia del niño, sino que se había convertido en bandera para partidarios y detractores de Fidel Castro. Decía monseñor Ortega: Las pasiones de distinto género, con un alto contenido político, han envuelto al niño en una enredada madeja de corrientes de opinión y procesos judiciales que obstaculizan el cumplimiento del derecho. Y en medio de la polémica, la familia, dividida por la dictadura entre Cuba y Estados Unidos, daba colorido al asunto con expresiones ofensivas, juicios sobre el comportamiento moral de miembros de la misma familia, divulgación no respetuosa de detalles de la vida familiar que son dados a conocer sin miramientos a la opinión pública, etc.: todos los ingredientes necesarios para un reality show en directo, donde la parte simpática consistía en que Elián, convenientemente rodeado de cámaras todo el día, había jugado al béisbol o comido un helado en Pequeña Habana.

A RIO REVUELTO...


Muchos han utilizado la polémica para arremeter a diestro y siniestro contra cualquiera. La Iglesia cubana ha sido especialmente blanco de estos ataques, sobre todo a raíz de que, en una entrevista, la hermana Jeanne O’Laughlin, Rectora de la universidad católica —aunque no afiliada al Arzobispado de Miami— de Barry, en cuya casa se produjo el encuentro entre las abuelas de Elián con la familia exiliada, diera la razón a los exiliados. Sus declaraciones, cargadas de subjetividad —dice monseñor Ortega—, fueron hechas según observaciones insuficientes y son de orden sentimental. Además, el Arzobispado de Miami salió inmediatamente al paso con una nota en la que negaba haber tenido participación alguna en el encuentro. De poco sirvió.

Ha habido de todo —dice el cardenal arzobispo de La Habana—: errores teológicos graves, como presentar a una monja violando secretos de confesión. Se ha dicho de ella que es una monja que ha encarnado al demonio, se han proferido otros insultos, alusiones, juegos de palabras y, lo que es peor, parece despuntar una generalización indebida que intenta atacar la actitud de la hermana mermando el prestigio de la Iglesia católica como institución. Por ejemplo: referencias repetidas en los medios de comunicación social a la conducta sexual de los sacerdotes en Estados Unidos y a estadísticas sobre clérigos enfermos de SIDA.

Cierto, también, que los ataques venían de largo, desde antes de Navidad, empezando por un actor dramático de la televisión cubana, que emplazó de manera poco cortés, diciendo al Santo Padre que cómo podría celebrar el nacimiento de Jesús si el niño Elián no era devuelto.

Monseñor Ortega prefiere, sin embargo, conceder el beneficio de la duda: He visto estos meses de movilización nacional por el retorno de Elián a Cuba como una gran batalla bien organizada. Puede haber en las batallas francotiradores que apuntan a cualquier sitio, y prefiero pensar que haya sido así en el caso de estas referencias a la Iglesia o al Papa, reveladoras de prejuicios o de oscuros sentimientos que esperan la oportunidad para expresarse. Me resisto a creer que esto sea parte de la estrategia de combate.

R. B.