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El obispo de Tenerife, monseñor Felipe Fernández García, señala, en la introducción del catálogo de esta peculiar muestra, que el misterio de Dios es un misterio de infinita belleza. San Juan de la Cruz lo cantaba con estos versos: . En la noche de la fe, Juan de la Cruz sabía que nada puede existir tan rico en belleza como Dios. Lo asombroso es que el misterio de Dios se haya acercado a nosotros en Jesucristo, el Hijo de Dios hecho hombre, que vino a poner su tienda y habita entre nosotros. Desde entonces, la belleza infinita de Dios se ha hecho visible, y nada de extraño tiene que un Dostoyevski, fino analista del alma humana y respetuoso auscultador del misterio de Dios, haya podido escribir: . Quizá, sin saberlo del todo, Marisca Calza corrobora la afirmación de Dostoyevski cuando, después de un largo recorrido como artista por otros derroteros y paisajes de este mundo y de la vida humana, ha vuelto a encontrar en la figura de Jesucristo una fuente singular de inspiración y nos brinda una original sinfonía de colores en torno a Él. |
| El Evangelio se va desgranando en los pinceles de Marisca Calza, con la dulzura de los tonos claros, de la belleza de las formas, de los trazados que se acumulan como la gracia que va configurando el alma del cristiano. Son instantáneas de la vida de Jesucristo, del Señor de la Historia, y de nuestra historia, que se inician en el Ave, Gratia Plena, y que transcurren por los derroteros del Fiat, de la pasión humana que se encuentra con la reconfortante palabra del Señor. Son los primeros y los últimos momentos, que concluyen con la plasmación de la relación amorosa intratinitaria. No en vano, se podría hablar de una perspectiva femenina, de una mirada con ojos de mujer, que se traduce en la alegría del encuentro con el Resucitado.
En el lienzo que representa la frase de Cristo: El que esté sin pecado, que tire la primera piedra, nos encontramos, en palabras del obispo de Tenerife, con algo que refleja preciosamente y en todo caso la obra de Marisca Calza: la mujer adúltera se siente acogida, perdonada, regenerada, por Jesús. Jesús aparece en el cuadro como sentado en un asiento invisible, como quien es el Señor, el único que conoce el corazón del hombre, el único que puede juzgar, el único que puede salvar. A su lado, la mujer aparece serena, segura, gozosa... Como descubriéndose de nuevo. Como quien empieza un momento nuevo. Como quien sabe que todo en adelante será distinto. Los cuadros de Marisca Calza son, de esta forma, un encuentro distinto. Son las glosas de monseñor Felipe Fernández, a cada uno de los cuadros de la expoxición, una certera guía de este itinerario de bella fe. Nos quedamos con la referencia a la pintura titulada ¡Rabboni!, en la que escribe: La obra de Marisca es luminosa. Como de resurrección. José Francisco Serrano |