|
|
Queridos paisanos, queridos amigos: Jamás me imaginé que un cómico como yo fuese designado para decir, expresar o descubrir, los méritos como hombre, la perfección de su labranza, o la santidad de nuestro Patrón. Ello ha sido posible por la generosidad y cariño que siempre he recibido de este Ayuntamiento. Nuestro querido Alcalde don José María Álvarez del Manzano me propone, y todo el Pleno que lo compone lo acepta con la mayor unanimidad; con lo cual, premian a un personaje como yo, que quizás sea el menos importante de los muchos que pregonaron a san Isidro.Pero el respeto y amor que siento por nuestro Santo me darán fuerzas suficientes, no para descubrir, sino simplemente recordar, a un trabajador de la tierra que amó tanto a su Madrid, entre terrones y Padrenuestros, que se fue al cielo con zapatos rotos y todo. Mejor dicho, con alpargatas. Porque en la Gloria lo principal no es con qué se pisa, sino cómo se ama. Y Dios que ama, y quiere ser amado, recibió a Isidro para que gozase una Eternidad y, para que no se aburriese, lo hizo santo y, además, Patrón de Madrid No he de negar que cuando me pidieron pregonear a Madrid, sentí respeto y, sobre todo, me extrañé, que un especialista en pícaros, pillos y tramposos como yo fuese designado para expresar la pureza de nuestro san Isidro. Pero nuestro Patrón sabe muy bien que jamás fui pícaro ni pillo, ni mucho menos tramposo, aunque como actor lo pareciese. Tengo muchos motivos para querer a este pueblo. Nací en el Museo del Prado. Me bautizaron en San Lorenzo, tomé mi Primera Comunión en San Nicolás, y me casé en la Ermita de San Antonio de la Florida. Pido perdón por hablar tanto de mí, cuando lo más importante es glosar en estas líneas la vida y milagros de nuestro santo. |
| No tengo miedo a no acordarme de algo, pues grandes historiadores y teólogos tampoco lo lograron. Algunos coinciden en que fueron más de cuatrocientos milagros. Yo lo único que me atrevo es a afirmar que el último milagro que ha hecho es permitir que yo sea su pregonero.
Nunca daré las gracias en su justa medida a mi Ayuntamiento de Madrid por la categoría que me concede al expresar este pregón, pues yo, actor desde los siete años, estoy comenzando a ser viejo, con la esperanza de ser un anciano chispero. Acertada (dada mi edad) la petición de que pregone las virtudes de nuestro santo. Porque si tardan un poco más, lo dice un nieto mío. Si al César, lo que es del César, a Isidro lo que es de Madrid. Madrid, capital de España, se enorgullece de los nacidos en esta Villa y Corte, y se siente feliz, y abre su corazón cuando a nuestro pueblo vienen de otras partes de este bendito país. Porque los que hemos nacido aquí, sabemos agradecer su visita, y a Dios le pedimos que se queden para siempre, pues Madrid tiene una parcela llamada corazón donde cogen todos los españoles. Madrid es grande y generoso porque lo quiso nuestro Patrón. Ese Isidro Labrador, que le chorrea respeto y amor desde la garganta hasta su azadón. Los grandes historiadores no han podido precisar ni el día, semana o mes cuando vino a este mundo, ni tampoco cuando se fue. Lo más creíble es que nacimiento y muerte ocurrieran entre los años 1080 y 1172. Pero como de esta virtuosa vida se trata, podemos afirmar que nació en Madrid y murió en Madrid. Que casóse con María, llamada de la Cabeza, y que tuvieron un hijo al que llamaron Juan, como detalle de gratitud y afecto a su jefe y dueño, que se llamaba Juan de Vargas. Me siento incapaz de no relatar toda la inmensa vida de nuestro Isidro. Pero plumas más autorizadas, y por supuesto más importantes que la mía, tampoco lo lograron, dada la grandiosa extensión de su labor de hombre, cuyas virtudes y su fe le llevaron a los altares. Rogaría a mis paisanos, y a todos los que me sigan o lean, que no piensen que soy más devoto que nadie, ni más castizo que ninguno. Soy simpemente un nacido en Madrid, criado en Madrid, y mi último deseo es morir en Madrid. Dijo Calderón de la Barca que Madrid es patria de todos, pues, en su mundo pequeño, son hijos de igual cariño, naturales y extranjeros. Lope de Vega, en verso, dijo: Bebe Iván dulce cristal, Aquí debería de terminar mi pregón, pero Lope de Vega me ha picado mi amor propio, me despido con un beso hablando de mi Patrón, y también lo digo en verso: De la Cabeza, María Su padre labró las tierras ¡Viva Madrid!, que es amor. Lo dice un actor del pueblo ¡Viva Madrid nuestro pueblo! ¡La madre que nos parió! ¡Y que viva España entera! ¡Que es lo mejor que hizo Dios! |