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Aún resuenan las advertencias del obispo de Esmirna, monseñor Bernardini, durante el pasado Sínodo de Europa, sobre el peligro que entraña el dominio musulmán del mundo: El dominio de los musulmanes ya ha comenzado con los petrodólares, utilizados no para crear trabajo en los países del norte de África o de Oriente Medio, sino para crear mezquitas y centros culturales en los países cristianos de inmigración islámica, incluida Roma, centro de la cristiandad. Los sucesos de Nigeria, provocados por la voluntad de la mayoría islámica de imponer su ley religiosa, la sharia, como código legal válido para todo el país, colocando así a la comunidad cristiana en una situación de discriminación, revelan que los temores ante el Islam no son sólo fruto de la imaginación, aunque, según muchos, hayan sido magnificados por el desconocimiento mutuo. Debe señalarse que el diálogo interreligioso ha recibido un gran impulso de parte de los cristianos, y que en los últimos años empiezan a levantarse voces aisladas a favor del acercamiento entre las filas musulmanas, aunque todavía con muchos reparos y vacilaciones, como señala Etienne Renaud en el número 332 de la revista Diálogo Islamo-cristiano.El año pasado, la asociación Ayuda a la Iglesia Necesitada publicó un informe en el que se detalla, caso por caso, la situación de los cristianos en los países islámicos. En la mayoría de los casos, tienen un estatuto de minoría protegida, y se les permite practicar su religión de forma privada; sin embargo, en la práctica, dependen del talante más o menos tolerante de los Gobiernos, como se ha visto en el caso de Egipto, donde se puede atentar contra los cristianos con una cierta impunidad. |
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LA DIFICIL SITUACION DE LAS MINORIAS CRISTIANAS
Según Wilhem de Smet, perteneciente a Ayuda a la Iglesia Necesitada y buen conocedor del Islam, no sería justo querer describir la situación de los cristianos en el mundo islámico "en general": la situación es muy diferente de un país a otro. No hay más que comparar la situación de los cristianos en Jordania y en Arabia Saudita, dos países por otro lado limítrofes. La situación "general" es que, en todos estos países, los cristianos constituyen una minoría, y que no existe un respeto a los derechos de las minorías. En ciertos países musulmanes (por ejemplo, Arabia Saudita, Irán, Sudán ), el derecho musulmán (Sharia) es la única legislación válida en su territorio; en otros, por su anterior historia "colonial", existe una legislación más influenciada por los códigos occidentales (por ejemplo, Turquía, Túnez, Líbano ) Pero el hecho de que los cristianos son minoría aumenta la fragilidad de su situación. En los últimos años, el éxodo de los cristianos (voluntario o bajo presión de la sociedad que les rodea) ha hecho que la posición de minoría sea cada vez más sensible (sobre todo en el Líbano y en Palestina) y, en consecuencia, la situación de los cristianos en estos países es cada vez más delicada. En algunos países (como Indonesia o Sudán), la posición de minoría se complica cada vez más por oposiciones raciales o económicas (en Indonesia una gran parte de los cristianos son de origen chino, comunidad que cuenta entre sus miembros a los comerciantes más ricos , y por tanto los más odiados; en Sudán, los cristianos provienen sobre todo de las tribus negras del Sur, en oposición a los árabes del Norte). No hay que confundir conceptos: lo árabe se refiere a la región del norte de África, mientras que el dominio del Islam es mucho más amplio: se extiende hacia el sur de África, en los confines meridionales de Rusia y en Asia: Pakistán, el norte de la India, Bangladesh, e incluso en el noroeste de China, cuya provincia musulmana de Xinjiang exige la separación del resto del ¿ES IMPOSIBLE LA CONVIVENCIA EN LOS PAISES ISLAMICOS?
Según monseñor Bernardini, hay que distinguir entre una minoría fanática y violenta, y la mayoría tranquila y no beligerante. Pero esta mayoría, ante una orden dada en nombre de Alá, hará lo que se le mande. Según el General de brigada retirado Leopoldo García, experto en el mundo musulmán y colaborador del Centro Superior de Estudios de la Defensa Nacional (CESEDEN), el Islam es una religión que sólo puede crecer, ya que no admite la apostasía, delito castigado indefectiblemente con la pena de muerte; tampoco la herejía: cualquier contradicción con lo que las autoridades consideren que viene de Alá, o que está contenido en el Corán, puede ser castigado, sin apelación, con la pena capital. Sin embargo, precisamente el Santo Padre intenta acercarse al mundo musulmán para conseguir que esta situación de acoso termine. Un gran paso lo constituye, desde el punto de vista diplomático, el acuerdo de la Santa Sede con la OLP: se trata de un Acuerdo básico que estabiliza las relaciones mutuas entre estas dos instituciones, garantizando de este modo la libertad religiosa en los territorios controlados por la Autoridad Palestina. El Acuerdo supone la conclusión de dos años de trabajo de la Comisión bilateral creada con este objetivo en 1998, y en el que se trata de la cuestión de un Estatuto especial, internacionalmente garantizado, para Jerusalén, que consagre la libertad religiosa. Claudette Habesch, palestina y vicepresidenta de Cáritas Internationalis, en una entrevista concedida a Alfa y Omega, considera que el proyecto de Estado palestino supone una oportunidad histórica para demostrar que el diálogo es posible, desde un Estado secular: Hay que decir que hoy Palestina no es un país musulmán. Es cierto que el 97% de los palestinos es musulmán, pero nosotros aspiramos a construir un Estado secular laico no confesional. Estamos poco a poco sentando las bases de nuestra nación, de la que esperamos que sea un modelo de convivencia y de coexistencia pacífica, y espero que las autoridades palestinas y el Gobierno sean una escuela de derechos humanos, porque durante más de treinta años hemos tenido una dura y cruel experiencia de ocupación, el sufrimiento de ser un país ocupado, y sabemos lo que significa la continua violación de los derechos humanos. Otra ocasión la ha constituido la reciente visita del Papa a Egipto, donde trató el tema de la libertad religiosa para los cristianos ante el Primer Ministro Hosni Mubarak. Otro gesto histórico con la mayor autoridad musulmana sunní, el gran imán de la mezquita y Universidad Al-Azhar, que ha manifestado, en opinión de monseñor Tauran, Secretario para las Relaciones del Vaticano con los Estados, un sincero y constructivo interés por el diálogo entre el Islam y el cristianismo. En este estrechamiento de las relaciones, otro dato de interés es que el Vaticano acaba de convertirse en observador de la Liga Árabe (intercambiando embajador con ella), si bien el Vaticano ha tenido habitualmente relaciones diplomáticas con algunos Estados árabes, especialmente con aquellos que se caracterizan por una antigua presencia cristiana. Según monseñor Tauran, los progresos que ha realizado el Vaticano en sus relaciones con los Estados árabes cabe atribuirlos en gran medida al propio Juan Pablo II: Gracias a él, el Islam puede ver a los católicos como una "fuerza moral" y no como una "parte hostil", con la que es posible dialogar para instaurar un intercambio y desarrollar los valores comunes para edificar un mundo mejor. Un cierto entendimiento se ha logrado en algunas cuestiones morales, como se puso de relieve en el caso del aborto, durante las Conferencias de Pekín y de El Cairo. LOS MUSULMANES EN OCCIDENTE
La emigración proveniente de los países islámicos en Europa plantea numerosos y graves problemas de convivencia, como se puso de manifiesto hace poco en El Ejido (Almería). Independientemente del florecimiento de actitudes racistas y xenófobas que se ha dado en toda Europa en los últimos años, especialmente en Alemania, lo cierto es que también hay que tener en cuenta que en concreto los musulmanes, según Leopoldo García, son una minoría que se resiste a integrarse. El Islam no es sólo una religión: es ley, es vida en sociedad, es moral, es todo. El problema es que se trata de una cultura distinta: según algunas corrientes, uno puede robar, o pegar a su esposa, y seguir siendo un musulmán piadoso. También hay que distinguir otros factores: en general se integran mucho mejor los intelectuales y universitarios que la gente humilde y sin instrucción. La cuestión no es baladí; los obispos italianos han escrito una carta pastoral en la que desaconsejan a los fieles el matrimonio mixto, ya que, al no haber una misma concepción sobre la educación y sobre el papel de la mujer (según la sharia, los hijos son propiedad exclusiva del marido, y la mujer le ha de estar sometida en todo, incluso en lo religioso, aparte de que puede ser repudiada sin consideración alguna), son matrimonios de riesgo que generalmente acaban mal, sobre todo cuando el marido decide volver a su país de origen; por otro lado, en algunos países como en Argelia, aunque el hombre puede casarse con una mujer de otra religión, no se reconoce este derecho a las musulmanas. Respecto a la libertad religiosa, los musulmanes exigen en Occidente derechos (la oración en horas de trabajo, los distintivos religiosos la guerra del chador en Francia, la equiparación con otras confesiones) que no están dispuestos a conceder en sus propios países: llevar una cruz a la vista, en Arabia, está castigado con la cárcel. Lo que muchos ven con preocupación es que, en algunos países europeos, los musulmanes se están convirtiendo en una fuerza realmente relevante: en Francia supone la segunda religión, con 4 millones de fieles. Especialmente en el norte de Europa, donde la secularización de los cristianos es mucho más fuerte, el conceder a los musulmanes las parroquias vacías para sus oraciones supone para ellos un triunfo sobre la apostasía, como advertía en el Sínodo de Europa el obispo de Esmirna. Según señala el investigador francés Antoine Sfeir, en su obra Les réseaux dAllah, se sabe que Arabia Saudita, por ejemplo, invierte oficial y extraoficialmente enormes cantidades de dinero para la extensión del Islam en Europa, mediante la construcción de mezquitas y el apoyo a grupos religiosos. Según el cardenal Poupard, autor de un libro sobre el tema, no hay que confundir el Islam con el integrismo islámico; pero, aun así, no deja de plantear a Europa y a Occidente un desafío al acecho, y a la esperanza cristiana, un grave problema. No hace falta ser un experto para constatar una distorsión creciente entre las dos curvas demográficas. En los países de cultura cristiana, la demografía baja de una manera progresiva, mientras que percibimos lo contrario en los jóvenes países musulmanes, y aunque es cierto que entre los musulmanes más occidentalizados se practica un cierto control de la natalidad, lo cierto es que siguen teniendo un índice de natalidad superior. UN PROBLEMA NO SOLO DE NUMERO
El dilema es que Occidente necesita de la inmigración para sobrevivir económicamente, como ha puesto de relieve el último informe de la ONU. Además hay que considerar otro argumento: para muchos musulmanes, el cristianismo se identifica con Occidente, con connotaciones negativas como colonialismo. Como ponía de manifiesto monseñor Louis Pelâtre, obispo de Sasima y vicario de Estambul, por ejemplo Turquía interpreta la oposición a su entrada en la Unión Europea como un rechazo del mundo musulmán por parte del mundo cristiano. Como puso de manifiesto Alain Besançon, miembro del Institut de France, la Historia enseña que la cohabitación pacífica del Islam y el cristianismo es precaria (en el Norte de África, en Oriente Medio, en España o en los Balcanes, por ejemplo). En consecuencia, una Iglesia incierta sobre su fe está en peligro de pasar al Islam (como sucedió con los nestorianos, con los monofisitas de Siria y de Egipto, con los donatistas del Magreb o con los arrianos de España). Hoy, algunos autores católicos exaltan los valores del Islam hasta perder de vista las fronteras que le separan de la Biblia. Por otra parte continúa Besançon, en las "periferias" islamizadas, muchos cristianos se sienten amenazados, lo que puede suscitar reacciones desagradables. Hay que mirar el problema de frente: no se puede esconder o confundir el problema del Islam con el de las migraciones en general. Hay que instruir a los cristianos sobre lo que es el Islam, sobre todo en sus aspectos directamente contrarios a la fe cristiana, aunque enseñando siempre el respeto y la caridad hacia el hombre musulmán. Y, sobre todo, hay que instruir a los cristianos en su propia religión. Según el padre De Smet, en cuanto al diálogo con los musulmanes, yo veo un gran peligro en nuestra mentalidad occidental de hoy. Esta mentalidad es muy superficial: Todo el mundo es bueno. Y por eso concluyen que, puesto que todos creemos en un mismo Dios, puesto que los musulmanes "veneran" (?) a la Virgen María, etc , no estamos lejos unos de otros. A mi parecer, no se puede, en un diálogo, quedarse en lo superficial. Es necesario llegar al fondo de las cosas. Nuestra concepción de Dios Padre no es la misma que la concepción de Dios en el Islam. La divinidad de Cristo no forma parte del "dogma" musulmán; al contrario; y el sacrificio de Cristo en la cruz es netamente negado. El concepto de "gracia" es simplemente inexistente en lengua árabe. Estas oposiciones reales en el fondo no impiden que yo respete la libertad o el deber de un musulmán de vivir su fe, pero hacen que el diálogo verdadero sea difícil. EL CASO DE ESPAÑA
La emigración en España no ha alcanzado aún los niveles que en otros países de Europa, aunque empieza ya a tratarse de una realidad relevante: el Ministerio de Justicia tiene registradas 87 asociaciones islámicas en toda España, agrupadas mayoritariamente en dos federaciones: la Unión de Comunidades Islámicas de España (UCIE) y la Federación de Entidades Religiosas Islámicas de España (FEERI). A nivel religioso, no hay un interlocutor único, aunque sí hay un único representante, don Riay Tatari, en las relaciones con el Gobierno español. Las relaciones a nivel oficial son bastante buenas y fluidas; Toledo, concretamente, ha sido el marco de diversos encuentros interreligiosos en los últimos años. Según Carlos de Francisco, director del Secretariado episcopal para el ecumenismo y el diálogo interreligioso, en nuestro país no puede hablarse de conversiones al Islam. Las hay, pero son prácticamente irrelevantes en número: en torno a unas mil. Según otros pareceres, el problema del Islam es, en general, su tremendo proselitismo, que pretende una invasión "espiritual" de los países en los que tiene una representación. Es muy difícil que el Islam cambie y separe los dos poderes, porque eso está escrito en el Corán. El acercamiento es posible, según los expertos. Otra cuestión es que se quede en las esferas intelectuales y no se traduzca en respeto entre los pueblos. Pero el problema de fondo sigue sin resolverse, respecto a la solidez de un hipotético acuerdo, cuando, según el Corán, los cristianos y los judíos son infieles, y uno no está obligado a mantener la palabra dada a un infiel. Inma Álvarez |