RetrocesoA&ONº 214/25-V-2000SumarioRaícesContinuar
La Rioja, Tierra abierta: Historia de un pueblo cristiano
Parroquias, santuarios, comunidades religiosas de La Rioja han prestado lo mejor de sus tesoros artísticos, expuestos hasta el 30 de septiembre, en la muestra La Rioja. Tierra Abierta. Organiza Caja Rioja, y la diócesis de Calahorra y La Calzada—Logroño, además de haber recopilado buena parte de las obras, aporta un marco único para su contemplación: la catedral de Calahorra. Visitando esta exposición con un corazón abierto —dijo el obispo, monseñor Ramón Búa, en la inauguración—, uno no puede menos que dejarse impregnar por una catequesis —páginas históricas del Evangelio hecho arte— que conduce a la conversión de los hombres al Dios del arte, de la historia de los pueblos y del carisma de tantos artistas

Un dinosaurio da la bienvenida a la muestra. Romanos, visigodos, árabes, judíos… Todos dejaron su huella en La Rioja y tienen, también, su rincón en la catedral. Y los hijos de la Ilustración; los del realismo, cuando aquello del socialismo sólo era una utopía… Pero es el arte religioso el gran protagonista de la muestra, temática presente en casi el 90% de las obras expuestas. La Rioja vio florecer lo mejor de nuestro románico, gótico, Renacimiento y barroco. En concreto, entre los siglos XV y XVIII la diócesis de Calahorra vivió tiempos especialmente fecundos y dio a la Humanidad auténticas joyas.

No se trata de un ejercicio de estética. La Muestra —dice el secretario del obispado, padre Justo García— tiene la virtud de ayudar a los riojanos a conocerse a sí mismos; nos pone, de una forma muy visual, frente a nuestra propia Historia, una Historia que, como la propia identidad de La Rioja, se funda en el cristianismo. Así se hizo la Rioja, y así queda reflejado en su arte. Muchos artistas, explica monseñor Búa, son anónimos: A veces no sabemos su nombre, porque el pueblo creyente y anónimo es el verdadero creador del arte religioso.

Creaciones de ese pueblo creyente encontramos desde principios del siglo IV. Apenas promulgado el Edicto de Milán (313), del emperador Constantino, se produce una eclosión de los cristianos en la vida pública, que, hasta ese momento, habían padecido las persecuciones desatadas en todo el Imperio. Ejemplo de ello es el martirio en Calahorra de Emeterio y Celedonio, en torno al año 300. La semilla muere y da fruto: No pasaría mucho tiempo hasta que se convirtiera la ciudad en sede episcopal, aunque aún hay que esperar hasta el año 463 para encontrar la primera noticia escrita expresa sobre un obispo: Silvano.

Esta primera etapa se cierra cuando Calahorra cae en manos musulmanas. De nuevo, parte de la Cristiandad, tras las conquistas de Alfonso VI de Castilla en la segunda mitad del siglo XI, resurge con gran fuerza y se convierte en una de las diócesis más importantes del territorio hispano, con los actuales territorios de Álava, Vizcaya, y partes de Navarra, Guipúzcoa, Burgos y Soria. Pero su importancia —lo que verdaderamente ha llegado a nuestros días— fue una aportación cultural singularísima: aquí se vio nacer la lengua romance, que encontramos por primera vez escrita a manos de monjes copistas del monasterio de San Millán de Suso, en el siglo X. Aparece en glosas, comentarios al margen o entre líneas que ofrecen una aclaración a los textos en latín. Y aquí también aparecen, por primera vez escritas, palabras en euskera.

R. B.

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