RetrocesoA&ONº 214/25-V-2000SumarioTestimonioContinuarTestimonio del Hermano Christian de Chergé, mártir en Argelia
Cuando un A-Dios se divisa
El Hermano trapense Christian de Chergé, uno de los tantos mártires recientes de la Iglesia argelina, escribió este impresionante testamento dos años antes de su muerte a manos de integristas islámicos. Sus palabras, que resultaron proféticas, rebosan amor al pueblo argelino y anticipan el perdón para su asesino, con quien espera reencontrarse en el Paraíso
Si me llegara un día —y ese día podría ser hoy— la posibilidad de ser víctima del terrorismo, que parece querer aniquilar ahora a todos los extranjeros que viven en Argelia, quisiera que mi comunidad, mi Iglesia, mi familia recuerden que di mi vida por Dios y por este país.

Asociar esta muerte a tantas otras igual de violentas

Que acepten que el Dueño Único de toda vida no sabría ser extranjero. Que recen por mí: ¿Cómo sería yo hallado digno de tal ofrenda? Que sepan asociar esta muerte a otras igual de violentas que han quedado en la indiferencia del anonimato.

Perdonar de todo corazón a quien atentara contra mí

Mi vida no tiene más valor que otra, ni menos tampoco. En todo caso, ya no tiene la inocencia de la infancia. He vivido lo suficiente como para saberme cómplice del mal que parece, ay, prevalecer en el mundo, e incluso de aquel que no dudaría en golpearme ciegamente. Quisiera, llegado el momento, tener ese lapso de lucidez que me permitiera pedir el perdón de Dios y el de mis hermanos, la Humanidad, y perdonar de todo corazón, al mismo tiempo, a quien atentara contra mí.

No sabría desear una muerte así

No sabría desear una muerte así. Me parece importante profesarlo. No veo cómo podría alegrarme de que este pueblo al que amo fuera acusado sin distinciones de mi asesinato. Es demasiado premio llamar, como probablemente ocurrirá, la gracia del martirio a lo que es el deber de un argelino, sea quien sea, que dice actuar fielmente según lo que él cree que es el Islam.

En el respeto a los creyentes musulmanes

Conozco el desprecio que han podido sufrir los argelinos como pueblo. Conozco también las caricaturas que se hacen sobre el Islam, que refuerzan un cierto tipo de islamismo. Argelia y sus fieles musulmanes se dan muy bien cuenta de que se identifica esta vía religiosa con los integrismos de sus extremistas. Argelia y el Islam, para mí, son otra cosa: un cuerpo y un alma. Creo que lo he proclamado insistentemente, tal como lo he visto. Aquí, precisamente en Argelia, he encontrado completamente mi primera Iglesia, en el hilo conductor del Evangelio aprendido sobre las rodillas de mi madre, en medio del respeto de los creyentes musulmanes.

Restablecer los parecidos

Mi muerte parecerá, evidentemente, dar la razón a aquellos que me han tratado rápidamente de ingenuo o idealista. ¡Que digan ahora lo que piensan! Pero deben saber que será por fin saciada mi más palpitante curiosidad. Podría, si a Dios le agrada, sumergir mi mirada en la del Padre, para contemplar con Él a estos hijos del Islam tal como Él los ve, completamente iluminados por la gloria de Cristo, fruto de Su Pasión, investidos del don del Espíritu, en el que la gloria secreta será siempre la de establecer la comunión y restablecer los parecidos, jugando con las diferencias.

Esta Gracia donde todo está dicho

Perdida esta vida, totalmente mía y totalmente suya, doy gracias a Dios, que, pese a todo, parece haberla querido por entero para esta alegría, a pesar de todo. En esta Gracia, en la que todo sobre mi vida futura está dicho, os incluyo a vosotros, amigos de ayer y de hoy, y por supuesto a vosotros, amigos de aquí, junto a mi madre y mi padre, mis hermanas y hermanos, a quienes será dado el ciento por uno, como está prometido.

El buen ladrón, en el Paraíso

Y para ti también, amigo de última hora, a quien no se te pedirán cuentas por lo que hiciste; sí, para ti también quiero esta Gracia. Y que nos sea concedido, como al buen ladrón, encontrarnos en el Paraíso, si Dios Padre tuyo y Padre mío así lo quiere.

Amén. ¡Inch’ Allah!

(Traducción del francés: Ricardo Benjumea)