RetrocesoA&ONº 214/25-V-2000SumarioUsted tiene la palabraContinuar
CARTAS AL DIRECTOR
¿FAMILIAS MONOPARENTALES?

Un bimotor puede tomar tierra, también, con un solo motor, en caso de avería. Pero nadie dirá que da lo mismo que el avión funcione con uno o con dos motores. Tampoco sirve de mucho disfrazar las averías familiares como cambios en los modelos de familia. La expresión familia monoparental entró en la jerga sociológica en el último cuarto de siglo, ante el aumento de hogares a cargo de un solo padre, para dar un carácter de normalidad a este nuevo modelo de familia, tan válido como la familia tradicional. ¿Acaso un adulto solo, que quiera criar a sus hijos, no es capaz de educarlos tan bien como puede hacerlo una pareja?

Este discurso bien pensante de la familia monoparental ha tropezado con la dura realidad. En Estados Unidos, cada vez más estudios ponen de manifiesto los costes sociales de las disfunciones de la familia. También en Francia, cuando se analizan los problemas que afectan hoy a los jóvenes (drogas, alcohol, indisciplina, violencia escolar...) en seguida se señala, como un factor de riesgo, el ser educado por un solo padre. Es cierto que en la situación de las familias influyen un conjunto de factores, pero el estar a cargo de un solo padre supone ya una debilidad estructural que hace más difícil superar las dificultades de la educación de los hijos, de la economía familiar, de la conciliación ente trabajo y atención del hogar.

En España, según declaraciones del Presidente de la Generalidad, Jordi Pujol, en la defensa de la familia hay mucha gente acomplejada. En este sentido hay ahora un cambio muy positivo, gracias, precisamente, a la iniciativa de los Parlamentos regionales. Es obvio que una legislación inteligente y algunos sabios programas sociales pueden hacer mucho bien, pero la crisis de la familia y del matrimonio nunca será resuelta a golpe legislativo. La solución está dentro de la familia. Es una crisis personal. Aquí puede verse el desafío de la solución. Es un reto a cada persona y, por lo mismo, será siempre la victoria o la derrota de la persona, y en su libre e íntima decisión. Pues la gente sigue pensando, y no se equivoca, que si alguna felicidad puede haber en esta tierra está medio escondida en la familia.

Pilar Ruiz Ballesteros.
Valladolid

SERIES DE TELEVISION


Desde hace un temporada me he estado fijando en las clasificaciones por edades de determinados programas y series televisivas, como Ally Mc Beal, Al salir de clase, Felicity…, entre otras, y me ha sorprendido el que estén clasificadas para niños de siete años. Me pregunto hasta dónde quieren llegar estas personas que se dedican a la clasificación poniendo unos límites de edad tan bajos.

Creo que es nuestro deber proteger a los niños de hoy y evitar que tengan contacto con series y programas que lo único que aportan es una idea falsa y desvirtuada de lo que es la vida. Sólo aportan ideas y actitudes de una vida contrarias a cualquier estilo de vida digno, ya no sólo al cristiano, sino a cualquier educación que se quiera dar a un niño basada en la generosidad y en la pureza de corazón.

¿¡Qué se pretende al clasificar las series, que en absoluto son nada constructivas, para niños de tan sólo siete años!? A causa de este tipo de personas que lo único que buscan es el beneficio propio (y el de la cadena), los niños, por no decir toda la sociedad, están siendo bombardeados con ideas que sólo apoyan el materialismo y, sobre todo, el egoísmo.

Teresa Carbonell
Ximénez.
Madrid

HUPKA EN MADRID


Miguel Ángel cinceló el mármol de Carrara,/ lo pulió y dio vida a una Piedad irrepetible:/ Ahí está su obra llena de vida,/ aunque la muerte ronda sobre ella,/ la muerte de un Dios, del eterno Mensajero,/ que tuvo que morir para decir al hombre/ que conservara la esperanza.../ Miguel Ángel imprimió esta esperanza en el rostro de María/ y Hupka ha sabido extraer de Miguel Ángel/ el dolor, el silencio, la emoción y la belleza,/ y ha iluminado sombras;/ el rostro de Jesús,/ después de Su agonía,/ tiene una aureola de paz y de sosiego, ronda lo infinito/ y Su sueño es como un duermevela que trasciende/ de la piedra generosa.

Eladio Sánchez.
Madrid

JOVENES Y RELIGION


S egún el informe Jóvenes españoles 99, dado a conocer por la Fundación Santa María, ha descendido el porcentaje de los jóvenes que dicen creer en Dios del 78%, en 1981, al 65%, en 1999. La disminución de la práctica religiosa es aún más manifiesta:del 20% de jóvenes que decían ir semanalmente a la iglesia, en 1984, hemos pasado al 12%, en 1999.

Estos datos, preocupantes aunque los tomemos con las debidas reservas, constituyen una llamada de atención. Pero no deben llevarnos al desánimo. Son tantos los bienes que para un pueblo supone tener jóvenes con una fe fuerte, e influyen tan positivamente las creencias religiosas en el modo de ser, en las costumbres, en el sentido del deber, en el amor a la patria, etc., que se impone una acción urgente por parte de la familia, de la sociedad y de la misma Administración. Acción que —poniendo coto a la inmoralidad reinante, a la relajación de las costumbres, a la crisis en la trasmisión de valores de padres a hijos, a las trabas a la enseñanza de la Religión en los centros escolares, etc.— nos permita mirar al futuro con esperanza.

Luis Riesgo Ménguez. Madrid