RetrocesoA&ONº 232/2-XI-2000SumarioDesde la feContinuar
Entrevista a Indro Montanelli
Un momento de cambio
La revista mensual 30 Días ha publicado recientemente una entrevista al escritor italiano Indro Montanelli. Por su interés reproducimos algunas respuestas significativas:
Aludía usted a la impresión que le causa el cambio de la Iglesia.

Creo de verdad que la Iglesia está en un momento de cambio, pero no sé más… Como católico —soy laico, pero soy católico en la sangre, en mis raíces, en mi cultura— no sé lo que hará… La Iglesia de Wojtyla es la Iglesia que niega todo lo que la Iglesia ha hecho durante siglos. Excepto la parte misionera de la atención por los pobres, porque la Iglesia siempre ha tenido también esto.

Tengo un respeto humano muy grande por este Papa, es de verdad un héroe, por su modo de vivir, pero no sé cómo lo juzgará la historia de la Iglesia. Wojtyla ha tocado la esencia de la Iglesia. Sobre su vocación misionera no caben dudas: quiere morir en misión. Me gustaría saber qué es lo que se dicen entre ellos los grandes depositarios de la Tradición, los cardenales… Quizá no entendería lo que dicen, pero me gustaría mucho saber cuáles son las reacciones de esta Iglesia que siempre logra quedarse impasible frente a todo, y ha de sentir a la fuerza la gravedad de esta situación. Esta Iglesia o se vuelve hacer desde el principio, o…

Me parece que la Iglesia está frente a una opción de la que quizás comencemos a comprender algo en el próximo cónclave. Porque allí veremos tal vez el camino que quiere tomar. Yo no puedo decir si hubo alguien que salvó a la Iglesia en los momentos dramáticos.Pero seguramente éste es uno de esos momentos dramáticos.

En Il Corriere della Sera, Pintor hablaba de crisis profunda y trágica de la Iglesia católica y de la religiosidad, y de que quizá el Papa tiene miedo de ir al infierno.

De lo que no cabe duda es de que el Papa teme más el consumismo que el comunismo. Es una impresión tangible. Y lo comprendo: el arzobispo de Cracovia tenía consigo a toda una población que iba a la iglesia para consolarse: la Iglesia es también un gran refugio. Y esto era natural en Polonia porque durante siglos la Iglesia católica, teniendo por un lado a los griego-ortodoxos y por el otro a los protestantes, fue una bandera de la independencia nacional. Por tanto, también esta vez la Iglesia católica era el gran refugio de las almas en pena. Y ahora, en vez de ir a la iglesia, los polacos prefieren ir al hipermercado del mundo materialista capitalista.

Cuando dice usted que es católico por sus raíces, ¿recuerda cómo nacieron estas
raíces?

No, porque no me di cuenta. ¿Cómo voy a recordarlo? Nací y me crié católico. Mi padre era laico, era director de un instituto de bachillerato, y también él era profundamente católico y no lo sabía. Tenía una madre muy piadosa, observante, y un padre que era católico como ella pero que no lo sabía, no observaba nada (no hablaba de ello), pero era católico: la manera de razonar que me enseñó era católica, pero no lo sabía. Lo mismo que yo, que durante muchos años no lo he sabido, luego caí en la cuenta a fuerza de vivir entre protestantes. Entonces comprendí el motivo de que mi lógica no tuviera nada que ver con la de ellos: el motivo era éste. Pero los italianos no se dan cuenta de ser católicos, y, sin embargo, lo son, están condicionados por la mentalidad católica.

¿Le llevaba su madre a misa cuando era pequeño?

Cuando era pequeño mi madre no me obligaba a ir a misa. Bueno, naturalmente la Primera Comunión y la Confirmación, las cosas necesarias. Pero no insistía mucho, porque estaba convencida de representarme ante el Señor. En mi madre tenía un escudo, podía hacer cualquier cosa. En el 43 los alemanes me detuvieron y condenaron a muerte. Las esperanzas de que me salvara eran muy pocas. Mi madre corrió a Roma, era ya anciana y estaba enferma, pero hizo cosas increíbles porque no era posible que su hijo muriera fusilado, para ella no era posible. Iba al Hotel Regina, cuartel de las SS donde me tenían, y la echaban, y ella volvía, la echaban otra vez y ella volvía de nuevo. Porque nunca creyó en mi fusilamiento, que todos daban por cierto, porque no era posible. Era una criatura alegre, hermosa, una mujer sencilla como eran entonces las mujeres. Con una fe en la que no cabían dudas. Era la garante ante el Señor. Ésta era la fe de mi madre. Quisiera tener esta fe, mi madre nunca tuvo dudas: yo era su hijo, ella creía en el Señor. Murió a los 96 años y seguía creyendo en Jesús: ¡Qué cosa extraordinaria! Ésta es la fe que yo quisiera. Dígaselo al padre Cantalamessa.

Abro un paréntesis, el misterio de que no se ejecutara mi condena a muerte se descubrió hace tres años en la curia: fue el cardenal Schuster que, sin que yo lo supiera y sin decirme nunca nada, escribió una carta, creo que al cuñado de Kesserling, diciéndole: Si fusilan a Montanelli fusilan a un caballero, caballero, es un decir… La carta no revocó la sentencia, pero la aplazó sine die, y mientras tanto yo me escapé…

Una solución de compromiso, muy católica…

Una solución de compromiso.

De todos modos, yo soy un laico, muy,pero que muy interesado en este asunto de la Iglesia. Que la siento, aunque sigo con mis dudas laicas, como a una madre que me amamanta y que me ha criado. Por tanto, esta crisis existencial —porque es una crisis existencial— me toca. Crisis existencial de la que no veré solución —claro, que las crisis no encuentran nunca solución, sino compromisos— porque soy muy viejo. Y siento no poder ver cómo la Iglesia saldrá adelante. Pero ha superado muchos momentos difíciles y superará también éste. Aunque será duro. Siento no poder ofrecer materia más sustanciosa.

No es verdad. Son cosas de las que nadie puede decirse dueño.

No, nadie. Somos todos así, creo, menos mi madre. Pero para estar tan segura había tenido indicios, los tenía con ella…

Giovanni Cubeddu