RetrocesoA&ONº 232/2-XI-2000SumarioMundoContinuar
Las sombras y las luces de la Carta de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea
Una Europa sin alma
Benjamín R. Manzanares

Ante el proyecto de una Carta europea de derechos fundamentales, los redactores alemanes propusieron el siguiente preámbulo: Inspirándose en su herencia cultural, humanística y religiosa, la Unión se funda sobre los principios indivisibles y universales de la dignidad de la persona. El Gobierno francés puso entonces el grito en el cielo. Todo el Ejecutivo de la izquierda plural, apoyado por Jacques Chirac, se opuso a toda referencia a valores religiosos, que debía ser tachada, en fidelidad a una interpretación parcial del principio de separación Iglesia-Estado. El enunciado corregido llama a los pueblos europeos a compartir un porvenir pacífico fundado sencillamente en los valores comunes. Éstos no quedaban enunciados. Eso y nada era lo mismo.

Ante un texto tan pobre, dió la voz de alerta fue la del Presidente de la Conferencia Episcopal Italiana, el cardenal Camillo Ruini, quien denunció que al proyecto le falta un abierto reconocimiento de las raíces histórico-culturales, en particular las cristianas. Estas raíces —ha dicho— representan el alma de Europa y pueden inspirar también hoy la identidad y la misión.

El proyecto final, del 28 de septiembre, quedaba así: Los pueblos de Europa, al crear entre sí una unión cada vez más estrecha, han decidido compartir un porvenir pacífico basado en valores comunes. Consciente de su patrimonio espiritual y moral, la Unión está fundada sobre los valores indivisibles y universales de la dignidad humana, la libertad, la igualdad y la solidaridad, y se basa en los principios de la democracia y del Estado de Derecho. Con el visto bueno delConsejo Europeo, celebrado el pasado 14 de octubre, en Biarritz, la palabra pasa ahora a la cumbre de Niza.

UNA FE DETERMINANTE


La Asamblea delConsejo de Conferencias Episcopales Europeas se reunió en Lovaina el pasado 22 de octubre para reflexionar sobre este borrador. Los obispos consideran que la Carta forma parte del reforzamiento del cuadro institucional de la Unión Europea, que representa por sí mismo un hecho positivo, porque consolida la red de interrelación y cooperación libremente emprendida, que asegura y promueve el desarrollo de la paz, la justicia y la solidaridad en nuestro continente. Sin embargo, los obispos han señalado algunas formulaciones que consideran incompletas, o incluso francamente inaceptables: La falta de cualquier referencia a Dios; la prohibición de la clonación de seres humanos se extiende sólo a la clonación reproductiva, dejando abierto el camino a la terapéutica; al hacer una distinción entre el "derecho al matrimonio" y el "derecho a fundar una familia", parece que se está tratando de legitimar, dándoles el nombre de familia, formas de unión distintas del matrimonio; se omite la concesión a las Iglesias y Comunidades religiosas en cuanto tales de una propia y específica relevancia jurídica e institucional.

Es inaceptable —afirma el cardenal Ruini—, la distinción entre el derecho a casarse y el derecho a constituir una familia, legitimando de este modo formas de unión diversas de las fundadas sobre el matrimonio. Y añade que les parece muy extraño e inquietante que la Carta haya omitido reconocer una específica relevancia jurídica e institucional a las Iglesias y a las comunidades religiosas. Los obispos concluyen que la Iglesia católica sabe que, junto con otras Iglesias yComunidades cristianas, puede contribuir a la promoción de la herencia religiosa, espiritual y moral de nuestro continente. Y animan a todos a renovar el "humus" cultural, formado en gran parte por el cristianismo, que ha sido un factor determinante históricamente y seguirá siendolo en el futuro —junto con otras tradiciones— para humanizar y promover la unidad de todos los pueblos del continente europeo.

Entre las voces de alerta está también la del ex-Presidente de la Comisión Europea, Jacques Delors, quien lamenta que se haya suprimido, por razones relacionadas a una cierta idea de laicidad, la referencia a la "herencia religiosa". A quienes en Europa no les gusta que haya existidoCristo, querrían suprimir la referencia a la religión. Es absurdo.Todos los elementos que han cimentado la Humanidad, tal y como los hemos recibido, deben ser tomados en consideración en la Carta, dice este histórico exponente del partido socialista francés.

EL CRITERIO DEL PAPA


El Presidente del episcopado europeo, cardenal Vlk, explica así esa exclusión de toda alusión a la tradición religiosa: Es como si algunos grupos, muy fuertes a nivel político, tuvieran miedo a nombrar la realidad de la fe cristiana y a reconocer su aportación decisiva en la construcción europea. Sé bien que alguno da mucha importancia a la laicidad y no quiere traicionar los ideales de la Revolución Francesa. El mundo va hacia adelante y no se puede mirar al fenómeno religioso con la lente de los pensadores del siglo XVIII.

El artículo 1 del proyecto reconoce que la dignidad humana es inviolable. Será respetada y protegida. El 2 afirma: Toda persona tiene derecho a la vida. Nadie podrá ser condenado a la pena de muerte ni ejecutado. El 3 afronta de lleno las cuestiones ligadas a la bioética. Prohíbe las prácticas eugenésicas, y en particular las que tienen por finalidad la selección de las personas, así como la clonación reproductora de seres humanos. No se opone explícitamente a la mal llamada clonación terapeútica, pero es un evidente freno a la línea apoyada por el Gobierno británico de Tony Blair.

Se queda, sin embargo, corto el artículo dedicado a la familia. La formulación es breve y de amplia interpretación, lo que provoca críticas del mundo católico europeo. El artículo 9 garantiza el derecho a contraer matrimonio y el derecho a fundar una familia según las leyes nacionales que regulen su ejercicio. El 22 reconoce que la Unión respeta la diversidad cultural, religiosa y lingüística, pero es preocupante —afirma el cardenal Ruini— que la libertad religiosa queda afirmada sin hacer referencia alguna a las dimensiones institucionales propias de las confesiones religiosas en cuanto tales.