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Un año más, nos hemos reunido en Salamanca más de cuatrocientos jóvenes de toda España para celebrar el XXIII Encuentro de Jóvenes por el Reino de Cristo (JRC). Esta realidad eclesial es el punto de partida de una historia que para nosotros empezó hace 10 años. Desde la primera vez que vinimos, con tan sólo 16 años (tuvimos que colarnos), el descubrimiento del Corazón de Cristo a través de las conferencias, los ratos de oración, los testimonios, los intercambios en pequeños grupos, sin darnos cuenta, ha ido transformando nuestras vidas y las de muchos de nuestros amigos. JRC es reflejo de la Iglesia. Surgido en 1978, nos reúne a jóvenes de toda España de distintos movimientos y asociaciones que, con carismas diferentes, y sin perder nuestra identidad específica y autonomía organizativa, estamos unidos en la espiritualidad del Apostolado de la Oración: Vivir nuestra vida centrada en la Eucaristía y en el ofrecimiento diario de cada uno de nosotros colaborando con el Corazón de Cristo, como María, a la salvación del mundo. Algo que se nos escapa por su grandeza. Pero que nos permite tener la alegría de saber que el ofrecimiento de todo lo que hacemos, hasta lo más pequeño, colabora a la Redención de todos los hombres. |
| El Encuentro transcurre en aparente calma, pero Jesucristo no cesa de actuar. Habla directamente al corazón pidiendo una respuesta. Nos exige que seamos testigos de su Reino. Y es así como, escuchando su llamada, van surgiendo año tras año multitud de vocaciones al sacerdocio, a la vida consagrada y al compromiso laical.
Nosotros aquí es donde recibimos esa llamada del Papa a los jóvenes laicos: ¡A nadie le es lícito permanecer ocioso! Los cristianos tenemos que ser una presencia real en la sociedad, primero en los colegios, cuando empezamos, después en la Universidad, y ahora ya en nuestra vida profesional. Es el momento de que el Reino de Dios salga nuevamente a la luz. En nuestro caso, esto se concreta en el descubrimiento del matrimonio como una llamada a la santidad: en fundar una familia cristiana abierta a la vida, testigo de la Verdad en un mundo en crisis de verdadero amor, en sabernos acompañados por todos esos compañeros nuestros de JRC, que ocultos en los monasterios y conventos ofrecen su vida por la Iglesia y por todos los hombres, nos hace fuertes en nuestra tarea de ser sal en medio del mundo. Este Año Jubilar el Encuentro ha estado impregnado de la alegría de los 2.000 años de la encarnación y del nacimiento de Jesucristo. La mayoría hemos tenido la suerte de ir a Roma y participar en la Jornada Mundial de la Juventud, donde más de dos millones de jóvenes escuchamos, a través de Juan Pablo II, la llamada del Señor a su seguimiento. Es otro de los puntos fuertes de JRC: vivir unidos fielmente al Papa y los obispos, y pedir por sus intenciones. En sintonía con las orientaciones de la Iglesia para el Jubileo, el tema central del Encuentro de este año ha sido la Eucaristía: desde la Escritura, la teología, la liturgia, la espiritualidad, la vivencia personal..., hemos ido reflexionando, orando y compartiendo en torno al gran sacramento que prolonga la encarnación de Cristo. También dialogamos sobre el reciente documento Dominus Iesus y la universalidad salvífica de Jesucristo y su Iglesia, así como sobre el anuncio cristiano en los medios de comunicación social. El obispo de Salamanca, monseñor Braulio Rodríguez, en la Misa de clausura, usaba la misma expresión del Papa en Tor Vergata para definir nuestro Encuentro: había sido un laboratorio de la fe, que culminaba en el recuerdo de nuestra obligación de testimoniar a Jesucristo, el único Salvador ayer, hoy y siempre, como también nos había dicho Juan Pablo II: Si sois lo que tenéis que ser, ¡prenderéis fuego al mundo entero! Ondina Vélez |
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