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José Francisco Serranopserrano@planalfa.es Con esto de los bautizos civiles, que ahora va a inaugurar el alcalde de Barcelona, nos pasará que, dentro de unos años, los bautizos stricto sensu acabarán siendo inciviles, o algo así. Lo que en principio fue una filtración al diario La Vanguardia, se ha convertido en una rana de pila de agua nada bautismal, en nuestra prensa nacional y autonómica. El diario de la familia Godó titulaba, en su edición del pasado 31 de octubre, Clos bautizará. El Ayuntamiento prepara para primavera un servicio de apadrinamientos civiles. Según se lee en el texto, la idea inicial fue de Marina Subirats, concejala de Educación, al insistir en su clásica defensa de la reconstrucción de valores democráticos laicos. Para Marina Subirats, la "deconstrucción" de los valores jerárquicos del franquismo ha dejado a la sociedad civil desatendida, en un oasis sin rituales, con un vacío que hace falta llenar de algún modo para el bien de la sociedad laica y por salud mental. Claro, ya suponíamos, Derrida más Franco, y la conjura judeomasónica más Mircea Eliade, igual a la sacerdotisa del laicismo trasnochado Marina Subirats. |
| Ya lo dijo bien claro Ignacio Sánchez Cámara, el pasado lunes 6 del presente en el diario ABC: La estupidez es fértil y expansiva. Una vez que arraiga, sólo cabe esperar su imparable propagación. Se veía venir. Cierta forma patológica del laicismo no aspira a prevalecer sobre la religiosidad, sino a ocupar su lugar. En la propuesta, digna de la más castiza tradición del esperpento hispano, de oficiar por parte de alcaldes y concejales una especie de ceremonia civil sucedánea al bautismo, confluyen varios factores: la avalancha de la estupidez rampante; la apoteosis del agravio comparativo y de la cultura de la queja que no quiere excluir a nadie de la celebración y de la fiesta (el pluralismo aconfesional obliga a que toda celebración religiosa tenga una equivalente civil, a favor del más escrupuloso cumplimiento del principio de igualdad); y, quizá no en último lugar, la voracidad recaudatoria siempre atenta a la presencia de una posible fuente de satisfacción. De la fusión de religión y política se pasó a la deseable separación. Ahora caminamos hacia la sustitución de lo religioso por lo laico. La hipertrofia del Estado benefactor aspira a tutelar la vida del individuo desde la cuna a la tumba. Hay que dar cima al proyecto de la modernidad ilustrada.
Si bien es cierto que esta novedad del inusitado proyecto de inmersión ciudadana en el laicismo catalán no lo es tanto. Hacía ya tiempo que el alcalde de la barcelonesa localidad de Alella, Antonio Carals, cuando lo era, pues dejó su responsabilidad después de las últimas elecciones, se montaba una ceremonia civil de imposición de nombre, asesorado por la sección filológica del Instituto de Estudios Catalanes. Vaya por ahí el dinero público, y ése sí que es laico. Blanca Torquemada ha recogido, en Los domingos de ABC, el pasado día 5, la opinión del siempre erudito antropólogo José Antonio Jáuregui sobre este tipo de propuestas. Su esencia se encuentra en el pensamiento del filósofo francés Gilles Lipovetsky, quien ha atinado plenamente al sentenciar que, hoy en día, la laicidad es una verdadera religión. Para Jáuregui, el hombre es un animal religioso y ritual, aun cuando niega la existencia de Dios. Marx también fue teólogo, al afirmar que la religión, como "opio del pueblo", influye en la economía. Y cuando Irigoyen declaraba que le relajaba blasfemar, demostraba que Dios está en los hombres, para creer en él o para negarlo. El ser humano no es racional, sino religioso y mágico, y por eso se aferra a los mitos y a los rituales, sean de uno u otro tipo. En este amplio reportaje se ha recogido la voz de la Iglesia. En este caso de la pluma del obispo auxiliar de Barcelona, monseñor Joan Carrera, que, al decir de la periodista de ABC, escribió en la revista Cataluña Cristiana que no podemos desconocer la existencia de un número importante de gente que solicita el sacramento del bautismo y del matrimonio con una actitud difícilmente aceptable. A veces, especialmente en el matrimonio, llegan a manifestar que no tienen fe. Ya lo dice Arturo Leyte en el ABC cultural, el pasado sábado, glosando la carta sobre el Humanismo, de Heidegger: Es esta civilización la que constituye, para Heidegger, la expresión última del "humanismo", o lo que es lo mismo, de una historia no gobernada ya más por providencia divina alguna ni sometida a los avatares de la naturaleza, sino por una imagen "metafísica" del hombre, que se ha comprendido a sí mismo desde el comienzo de la Edad Moderna como medida de todo lo que hay y tiene que haber. Descansen en paz, el bautismo civil y la muerte laicas. |