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J.F.S.El arzobispo de Granada, en la homilía del funeral del policía granadino don Jesús Escudero García, insitía en que ayer Satanás ha entrado en el corazón de los etarras para asesinar, una vez más, cobarde y cruelmente en Madrid. Ante tanta muerte violenta y sin razón, ante tanto crimen y asesinato de los etarras que odian a Dios y desprecian al hombre también se desprecian a sí mismos y a su pueblo vasco tan querido, ante tanta familia rota y ante tanto llanto, sufrimiento y terror injustamente ocasionado, dirigimos nuestra mirada a la Cruz, y en la impotencia del que cuelga del madero, vemos y palpamos la fuerza salvadora y regeneradora del amor de Dios que todo lo transforma y todo lo llena, redimiéndolo, hasta ese bajo fondo abismal del mayor crimen de la historia cometido en el Hijo único de Dios. Más adelante, con la claridad con que se caracterizan sus intervenciones, monseñor Cañizares se dirigía a la familia del asesinado: Familia de don Jesús y familias de todos los asesinados por ETA, víctimas de su terrorista violencia, estamos con vosotros y siempre lo estaremos, sin matices y sin ambigüedades; como Dios está al lado vuestro, sin ninguna condición, y sin ningún pero. También estamos al lado de los que os esforzáis en servir al Estado, como Gobierno, como fuerzas de seguridad, como magistrados y fiscales, para que se implante la justicia, para que se establezca la paz, para que los derechos humanos sean reconocidos y respetados; estamos a vuestro lado sin fisuras, como Dios está al lado de los que aman la vida, practican la justicia y traen el derecho a los pueblos de la tierra. |
| El obispo de San Sebastián, monseñor Juan María Uriarte, se pregunta, en un comuniado a raíz del último atentado: ¿Cuándo terminará esta inhumana oleada de asesinatos y esta absurda siembra de sufrimiento y de temor? ¿Qué podemos hacer todos para detenerlas? A los pastores de la Iglesia, nos queda, ante todo, la palabra.
Para el obispo de Bilbao, monseñor Ricardo Bláquez, la situación actual, tan delicada, requiere una respuesta que esté a la altura del desafío que padecemos. Si trabajamos unidos con claridad en los principios, con firmeza, serenidad, cordura y perseverancia, podrá sentirse la sociedad segura y tranquila. La memoria y el respeto de las víctimas del terrorismo es un factor primordial; el apoyo afectivo y efectivo mayor posible a las personas y grupos amenazados es una exigencia básica de la solidaridad; la movilización de los ciudadanos, que no soportan vivir amenazados en su libertad y en sus derechos, es un poderoso resorte moral; la colaboración con las autoridades, la unidad de los partidos democráticos, la participación específica de los grupos sociales, de los medios de comunicación, y de la Iglesia, etc. son formas diferenciadas, pero todas necesarias, de contribuir a la pacificación. Todos debemos implicarnos. Existe un arma poderosa, la oración. Orar por el cese del terrorismo de ETA es el título del artículo del obispo de Tenerife, monseñor Felipe Fernández García, que publicó en la prensa local. Unas líneas invitando a orar dice el obispo de Tenerife. Sí. A orar. Porque confieso que muchas veces, conjuntamente con mis hermanos obispos o individualmente, he condenado el terrorismo de ETA. Y algo he aludido alguna vez ante mis fieles a la necesidad de orar y algo he orado más de una vez. Pero confieso que no lo he hecho con el acento y la insistencia con que debiera hacerlo. Confiado, quizá, en que por la dinámica policial y la dinámica de los mismos partidos políticos podría alcanzarse la paz en libertad. Hoy estoy convencido de que no. De que son tantas las pasiones, tanta la irracionalidad, tanto el enquistamiento fanático y tantas las complicidades que se han generado con el fenómeno de este terrorismo, que creo que nos hace falta una ayuda especial que sólo de lo Alto podemos esperar. De ahí que con estas palabras quiera invitar a mis diocesanos a orar por el cese del terrorismo de ETA. |