RetrocesoA&ONº 233/9-XI-2000SumarioDesde la feContinuar
No es verdad
El monasterio de Montserrat se ha visto envuelto en una desagradable polémica, aireada por El País. La Vanguardia, en un intento de poner las cosas en su sitio, ha dedicado dos páginas de su edición del domingo pasado a una entrevista con el abad Soler, de dicho monasterio. Enric Juliana, el entrevistador, alude a diversas tendencias y corrientes de opinión entre los monjes, y el abad responde: La unanimidad sobre cualquier tema es imposible, y además empobrecedora. Más que diversidad de corrientes de opinión, yo diría que hay diversidad de sensibilidades. Y Juliana pregunta: Por ejemplo, ¿entre algunos monjes muy identificados con el Concilio Vaticano II, y otros de perfil más wojtiliano? Después de esta pregunta, tan informada como objetiva, y, por lo que se ve, tan lúcidamente convencida de que el perfil conciliar y el wojtiliano son diferentes, naturalmente no seguí leyendo la entrevista. ¿Para qué?
Es como los que escriben que la Declaración Dominus Iesus es un documento a la contra de unas poderosas corrientes de reflexión teológica, y cien codos alejado del espíritu del Concilio Vaticano II, sin explicar dónde está la reflexión, ni por qué es poderosa, ni quiénes son los que verdaderamente se han alejado del espíritu del Concilio Vaticano II. Y concluyen, entre admiraciones: ¡El lío está servido!, sin caer en la cuenta de que quienes están sirviendo el lío son ellos mismos. Hacer demagogia barata está al alcance de cualquiera, incluso de quienes tratan de convertir los 2.000 años de cristianismo en una Comicstoria de la Iglesia, que lo único que tiene de cómic es el ridículo que están haciendo, incluso a juicio de sus fans.

Lo ha dicho muy bien María Isabel Hernando, en Época, al titular la información sobre el absurdo deseo, imposible de realizarse, del alcalde de Barcelona de hacer bautizos civiles: El laicismo añora la sacristía. En esta España nuestra, se da la curiosa paradoja de que, hasta para intentar desacreditar la fe católica, hay que recurrir a ella, dada la deslumbrante creatividad y originalidad de algunos líderes políticos. Y de algunos anunciantes, como ése que, para hablar de un nuevo modelo de coche, lo sitúa en el claustro de un monasterio románico, con el lema La fuerza interior se expresa en silencio. Es un coche francés, y, para silencio, el silencio de Dios que Francia ha impuesto —con el bochornoso silencio de todos los demás— en el proyecto de Carta de Derechos Fundamentales, de la Unión Europea.

Muy buena, muy buena tiene que ser la última película de Garci, para que el silencio más clamoroso haya caído de repente sobre ella. En los periódicos y revistas, tertulias radiofónicas que ustedes y yo sabemos, apenas se han resarcido del disgusto de tener que dar la noticia de que ha sido elegida para representar a España en la próxima edición de los Oscar. Pero el que calla, otorga, ¿no?

Gonzalo de Berceo