RetrocesoA&ONº 233/9-XI-2000SumarioDesde la feContinuar
Teatro
Un musical de musicales
Usted recuerda, sin duda, a Gene Kelly cantando bajo la lluvia, a Ava Gardner en Magnolia, o los hondos, humanísimos y espirituales ritmos de Nueva Orleáns como Old Man River... No se le han olvidado, seguramente, aquellas canciones que, en West t side story, cantaban aquella deliciosa Julieta que era Natalie Wood, y aquel Romeo puertorriqueño; ni Oliver, ni el Si yo fuera rico de El violinista en el tejado. De vez en cuando, probablemente, usted tararea Cabaret, o No llores por mí, Argentina. Le gustaría incluso ser capaz de canturrear Hello Dolly o Sunset Boulevard, o de dar algunos pasos de baile de La fiebre del sábado noche, o imitar, aunque fuese tímidamente, las trepidantes coreografías de Fama.

Si es así, y usted quiere pasar hora y media de agradables recuerdos de aquellas inolvidables canciones de películas de un ayer no tan lejano —en realidad nunca han pasado de moda— en este De Hollywood a Broadway, Pedro Ruy Blás y Gemma Castaño le llevarán de la mano. Han trazado un levísimo guión, a modo de hilo conductor: Mámen es una dependienta de comercio, que sueña con convertirse en protagonista de un gran musical y que echa a volar su imaginación..., y la magia del teatro hace el resto. Sobre el escenario del Teatro Alcázar. Han reproducido los trajes originales; una orquesta, un equipo de sonido, una mesa de mezclas, una tecnología al servicio del arte, de la música y de la danza..., y , como por arte de birlibirloque, todas esas canciones y películas vuelven a pasar ante sus ojos y halagan su sensibilidad.

Espléndidas algunas voces, que, en ocasiones, el exceso de volumen tecnológico convierte en gritos; no faltan algunas concesiones a las demagogias en boga, pero, en conjunto, es un espectáculo agradable —la nostalgia siempre se agradece. Y no es fácil: hace falta arte y una cierta osadía para atreverse con este musical de musicales acertadamente titulado Memory.

M.A.V.