RetrocesoA&ONº 233/9-XI-2000SumarioMundoContinuar
El primero, que sea servidor
Los hombres hemos peleado durante mucho tiempo por ocupar los primeros puestos en la vida pública de la nación. Pisotones, empujones, intrigas palaciegas e incluso asesinatos... han sido, durante mucho tiempo, pasos importantes del acceso al poder. Pero el secreto nos lo enseñó Jesucristo: Quien quiera ser el primero, que sea vuestro servidor. De esta manera queda definido el verdadero campo de la política y de la responsabilidad pública.

Aun con el camino señalado, muchos son los políticos que se encuentran, actualmente, debatiendo y reflexionando sobre la implicación ética y moral en la política. ¿Debe la moral regir los pilares de la política? ¿Hasta qué punto mis creencias personales han de influir en mis decisiones políticas? Éstas y otras muchas preguntas han salido de la boca de numerosos políticos y se han llevado a debate. La coherencia con la fe y la creencia de una ley superior que vela por la dignidad de la persona son, actualmente, asignaturas pendientes en numerosos políticos de nuestro país. La verdad es que hay que decirles que sus ansiadas respuestas se encuentran en el Evangelio. Servir es la columna vertebral de la función que debe desarrollar un hombre cuya vocación y trabajo se orienta al ámbito público.

No es de extrañar que haya sido nombrado Patrono de los políticos santo Tomás Moro, político inglés, que supo ser coherente hasta la muerte. Fiel seguidor de Jesucristo y fiel a su Iglesia, supo enseñarnos que no se debe perder la oportunidad de gritar al mundo entero, aun con la propia vida, que merece la pena morir por aquello en lo que se cree. Las tentaciones a las que se pueden ver sometidos los políticos, los legisladores, los gobernantes son muy grandes. El Papa Pío XII decía, con acierto, que un hombre debe luchar por ser santo, y un político debía luchar por ser doblemente santo. La política y la fe, lejos de estar reñidas son un complemento. La fe es un impulso de perfeccionamiento de la actividad política.

La actividad política no debe reducirse al frío cumplimiento de unas leyes dictadas, sino que ha de dedicarse a la incansable búsqueda de un bien común, que se encuentra por encima de una multitud de intereses particulares, y al desarrollo en las sociedades del principio de subsidiariedad que permite a los cuerpos intermedios, familias, asociaciones, sindicatos, colegios profesionales, perfeccionarse y cumplir sus fines de integradores sociales. Todo ello bajo el hilo conductor de la solidaridad, el amor al más débil, el apoyo al más necesitado y la búsqueda de una convivencia pacífica basada en el respeto a la dignidad de la persona humana.

SERVICIO PÚBLICO


Este Jubileo es el reflejo de la importancia que la Iglesia católica le ha otorgado a la actividad política, siempre como servicio. Numerosas encíclicas sociales y políticas han contribuido al enriquecimiento de la gestión pública. Desde la Rerum novarum, de León XIII, hasta la Centessimus annus, de Juan Pablo II, la Iglesia ha querido iluminar, a la luz de la fe, todas aquellas preocupaciones sociales que se han vivido, principalmente, en el último siglo.

Se debe celebrar la participación de un centenar de representantes del mundo de la política española en el Jubileo de los políticos, en Roma, junto al Santo Padre. Toda la comunidad católica de España debe reivindicar que se traten los temas que afectan a nuestra vida cotidiana de manera más solidaria, y sea el reflejo de la misericordia de nuestro Dios. La solución de problemas tan relevantes como el terrorismo, el paro, la acogida del más débil, la inmigración, la inserción social de los discapacitados, los malos tratos, el aborto, la eutanasia, pasan por abrir el corazón de nuestros gobernantes, y de los diferentes agentes sociales, para que, sin buscar el bien particular, con una disposición de servicio al ciudadano, sepan llevar la esperanza a la sociedad, una sociedad donde el motor sea la acogida frente al rechazo, la comprensión frente a la indiferencia, el diálogo frente a la violencia, la generosidad frente al egoísmo y, en definitiva, el amor frente al rencor.

Concluyo con el testimonio de una gran mujer a los ojos de los hombres y a los ojos de Dios, Teresa de Calcuta: Alguien me preguntó: "¿Qué aconsejaría usted a los políticos?" Jamás me inmiscuyo en la política. Sin embargo, me brotó espontáneamente contestar: "Creo que los políticos pasan demasiado poco tiempo de rodillas. Estoy segura de que serían mejores políticos si lo hicieran..."

Macarena Martín