RetrocesoA&ONº 234/16-XI-2000SumarioAqui y ahoraContinuar
Ver , oír... y contarlo
¿Cualquier cosa menos maestros?
José Francisco Serrano
pserrano@planalfa.es

Ahora la letra con Real Decreto entra. El periscopio de Manuel Alcántara refleja, en coloristas tonos de lamento antropológico, la realidad de la educación en España. Puede leerse, entre otros, en la página web del Diario de Navarra: http://www.diariodenavarra.es: ¿Cómo se le puede dar pistas a alguien que ha venido hace poco al mundo, si el mundo es ininteligible? Ahora, los expertos en pedagogía acusan a los profesores de hacer aburrida la enseñanza. Quizá siempre haya sido así, desde que don Antonio Machado habla de la "odiosa escuela", pero mi opinión era bastante peor antes. (...) Conseguir que los niños aprendan a pensar por su cuenta no es fácil, además de ser peligroso, a la larga, para los Gobiernos. Ahora, el nuestro ha decidido ampliar el currículo de Filosofía con tres horas más a la semana en Segundo de Bachillerato, y los chavales empezarán a oír hablar muy pronto de la gente que ha intentado averiguar qué es esto y qué pintamos.

El académico Francisco Rodríguez Adrados, en El Rotativo, periódico de la Universidad San Pablo-CEU, inmersa en un pulso a la sociedad en clave de Congreso sobre Educación, lo ha dicho de modo clásico, a la manera de un sano compadreo entre Guardini y Ortega y Gasset rememorados, reivindicando las Humanidades clásicas, en la columna de opinión del último número de este interesante papel público: El mundo es problemático, la sociedad es problemática, el individuo es problemático: en nosotros habitan multitudes, ya lo dijo Walt Whitman. Pues todo esto tiene precedentes. Nuestra posición ante la vida, ante cualquier problema, tiene precedentes antiguos: uno es, quizá sin saberlo, platónico o aristotélico o cínico o estoico o cristiano. Tantos cambios históricos que nos golpean cada día tiene a su vez precedentes, que los hacen más comprensibles, hasta justificables. En otro papel público, Los domingos de ABC, en su edición del pasado día 12, el mismo académico escribió sobre cultura, con letras mayúsculas: La Cultura es un premio que no se obtiene sin esfuerzo. Se trata, como decía Fernando de los Ríos, de facilitar "el acceso a todo hombre con vocación y aptitud a las cimas de la enseñanza". No de otra cosa. Cierto pedagogismo ambiente, que ha tenido amplio influjo en la legislación educativa de varios países, ha actuado, con buena fe, sin duda, en un sentido negativo. Es hora de destacar ya eso. Y volver al saber, que es para lo que se crearon los Centros de enseñanza. Se está volviendo ya, fuera de España.

La vuelta al saber significa la vuelta al maestro, al magisterio de quien sintetiza y crea un pensamiento para un nuevo tiempo. Pertenecemos a una generación sin maestros, con profesores. José Luis García Garrido, catedrático de Educación, ha escrito que a los profesores de hoy se les pide que sean guardias de la porra, expertos informáticos, animadores socioculturales, árbitros deportivos, asistentes sociales, relaciones públicas, consejeros sentimentales, sindicalistas liberados, agentes de cohesión social... Cualquier cosa menos lo que saben y son y deben ser: maestros. Y no digamos nada de la LOGSE y sus valores. O, mejor dicho, dejemos que lo diga el citado profesor García Garrido, en el diario de sus descargos de conciencia pedagógica, ABC, del pasado domingo, en un artículo titulado: Los valores en la Logse y después: Seamos serios. Si hay algo que la sociedad española y sus jóvenes vienen acusando desde hace ya algún tiempo, pero quizá especialmente en los últimos años, es una paulatina desmoralización, un deslizamiento progresivo hacia el relativismo moral como forma de pensar y de actuar, un evidente desenfoque en materia de valores, una relajación en las normas y en las formas de convivencia democrática. No soy tan simple como para pensar que esto se debe sobre todo a la escuela, a la política educativa, a la legislación que regula el funcionamiento escolar. Más bien suelo insistir en lo contrario; en que los responsables son —somos— muchos. Pero algo tendrá que ver también con esto la educación que recibimos y la legislación que la regula.

Pues anda que anda, o ande que ande, la flamante ministra de Educación, doña Pilar del Castillo, se prodiga por las páginas de los periódicos concediendo declaraciones, poco entre-vistas en la clave de nuestro ver y oír. A lo sumo, afirma, en la entrevista con Jan Martínez Ahrens y Susana Pérez de Pablos, aparecida en las páginas de El País, también del pasado domingo, que, respecto a la reforma de las Humanidades, hay que completar esto desde una perspectiva de conjunto; por ejemplo, el número de horas que se dedican ahora a la Historia es bastante adecuado. La Filosofía aumenta de una manera muy significativa y, en Segundo de Bachillerato, la establecemos como asignatura obligatoria. La cultura clásica, por su parte, pasa a ser oferta obligada. En fin, hay un tratamiento conjunto en el que se incrementa la dedicación a las materias vinculadas a las Humanidades. Eso era lo necesario.

Alguien ha escrito que el espacio conseguido por la Filosofía, en Segundo de Bachillerato, le será ganado a la Religión. ¿Será posible tamaño desafuero? En este mundo del viaje al centro, lo imposible se convierte en real. Gregorio Taumaturgo, en la alabanza al magisterio de Orígenes, nos dice: Así, pues, para que no nos sucediera lo mismo que a otros muchos, no nos conducía a una sola doctrina filosófica, ni nos permitía atacarla; sino que nos llevaba a todas, y no quería que dejáramos de conocer ninguna opinión griega. (...) Acerca de esto también nos aconsejaba que no prestáramos atención a nadie, ni aunque fuera celebrado por todos los hombres como el más sabio,sino sólo a Dios y a sus profetas.