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Necesitamos decidirnos a actuar de veras, según el espíritu del Papa. Pío XII ha dicho: Los deberes de los católicos son de tal urgencia, que sería difícil imaginarla mayor, y habrá que llevar a cabo sacrificios heroicos. No hay tiempo que perder. El momento de la reflexión y de los proyectos ha pasado. Ha llegado el momento de la acción. ¿Estáis dispuestos? Los frentes que se oponen en los campos moral y religioso se hacen cada día más definidos. Ha llegado la hora de realizar un esfuerzo concentrado. ¿Qué pide hoy la vida en su aspecto civil? Hombres, verdaderos hombres, no de los que piensan solamente en divertirse y juguetear como niños, sino hombres firmemente templados y dispuestos a la acción. Pide hombres que no teman caminar por los ásperos senderos de la presente y misérrima condición económica. Hoy más que nunca, lo mismo que en los primeros tiempos de su existencia, la Iglesia necesita sobre todo de testigos más que de apologistas; de testigos que, con su vida, hagan resplandecer el verdadero rostro de Jesucristo y de la Iglesia ante los ojos del mundo paganizado que les rodea (A los hombres de la Acción Católica Italiana, 7 de septiembre de 1947).
La urgencia, pues, de la hora, que no es de lamentos, sino de acción, está encarecida por Pío XII, como lo estuvo por los Pontífices anteriores, particularmente Pío XI y León XIII. La Iglesia de Dios no se puede circunscribir en los estrechos límites de ningún partido político, porque la Iglesia de Dios es la ciudad celestial y todos los partidos políticos pertenecen a la ciudad terrena. La Iglesia busca la gloria de Dios y el bien de las almas; los partidos políticos deben buscar la prosperidad y la salud del Estado. No olvidéis, políticos, de cualquier partido que seáis, que siendo católicos, tenéis que reconocer la supremacía de lo espiritual sobre lo temporal. La supremacía espiritual: esto es, que aun cuando la política es independiente y soberana en su esfera temporal, cuando hay alguna contraposición entre los intereses de un partido, de una clase, de una sociedad, y los intereses supremos de la Iglesia, los intereses temporales tienen que ceder ante los intereses eternos. Angel Herrera Oria |