RetrocesoA&ONº 234/16-XI-2000SumarioDesde la feContinuar
No es verdad
Con el insuperable lenguaje de la gente del pueblo llano, típicamente desgarrado, pero gráfico al máximo y meridianamente claro, me lo sintetizaba, la mañana siguiente a la de las elecciones americanas, cuando todavía había ganado Bush, un taxista madrileño: La noticia no es que los americanos hayan elegido Presidente del mundo mundial al plasta de Bush; la noticia es que no hayan elegido al plasta de Gore, ese insoportable chuleta. Y completaba el diagnóstico así de prácticamente: ¡A ver si aprenden aquí los del PP!, que se pirran por viajar al centro y a la izquierda, y por hacer más caso a sus enemigos que a sus amigos...
Luego, ha ocurrido lo que ha ocurrido y que todos ustedes saben: ya no sabemos si ha ganado Bush o Gore, o si lo que Gore está haciendo es dar largas al asunto, a ver si llega el día en que tiene que abandonar Clinton la Casa Blanca, y entonces el Presidente sería el Vicepresidente, que es él... Ya no sabemos nada de nada; pero lo que me decía el taxista aquella mañana lo he vuelto a ver escrito y a oir en radio y televisión, con palabras más finas, en boca de analistas, expertos, tertulianos e intelectuales más o menos orgánicos: que las elecciones americanas y lo ocurrido en ellas a nosotros nos habría servido para algo, si aprenden los que, sin ser liberales, juegan a social demócratas; y si se enteran de que a la gente de a pié le va la marcha de la sencillez, de la sinceridad, y de la claridad, no la arrogancia, ni los hipócritas juegos malabares. He leído lo que, incluso, ha dicho por escrito nuestro embajador en Washington: Cuando alguien pregunte, ¿con cuál de ellos nos iría mejor?, la contestación no debe albergar duda alguna: con el que gane. Cuando sepamos quién ha sido. ¿Qué les parece? ¿No les importa a nuestros políticos cómo es, ni qué hace, ni qué quiere hacer el que gane? Bueno, oigan; pues eso, ya digo...

Me ha llamado la atención —y, la verdad, hasta me ha extrañado y dolido— que una persona tan cualificada como el profesor y sociólogo don Amando de Miguel, en respuesta a una entrevistadora de La Vanguardia, responda como ha respondido a la pregunta ¿Y qué pasa con las creencias? Ha dicho: Ha habido una secularización de la población, la religión se ha reducido a lo íntimo, a lo personal, lo cual está muy bien. ¿Está muy bien para quién? ¿De verdad cree el profesor Amando de Miguel que la religión es algo que se tiene que quedar sólo para lo íntimo de la conciencia de cada cual? Me decepciona, y, francamente, no me lo paso a creer, como tampoco me creo lo que añade a continuación: Antes la religión era algo externo y social, por lo tanto, dudoso; y, sin embargo, ahora la gente que es religiosa lo es muy sinceramente. Es posible y hasta probable, que antes algunas personas tuvieran una religiosidad meramente externa, pero, ¿un sociólogo debe deducir de eso que la religión como algo externo se contrapone a íntimo y personal, y sincero? El profesor de Miguel sabe que no es verdad.

Gonzalo de Berceo