|
|
|
Estamos ya un poco cansados de oír eso tan popular de sociedad global, mundo globalizado y demás clichés. Lo cierto es que, si oteamos los productos televisivos, difícilmente sabríamos dónde nos encontramos, puesto que se repiten las mismas series en todos los países: Desde Chicago a Madrid, desde Nueva York a Casablanca... Pero, ¿es eso globalización o, más bien, americanización del mundo?
Realmente no lo sé, pero los relatos que vemos a través de la pequeña pantalla nos hablan más de la sociedad norteamericana (o, al menos, norteamericanizada) que de una sociedad con raíces, cultura, creencias y modos de desarrollarse y de expresarse propios. Y no me refiero exclusivamente a los productos made in USA, sino, más explícitamente, a los de fabricación propia, pero, eso sí, según los modelos que nos vienen de la metrópoli americana. Quien me conoce, tal vez se sorprenda al leer un texto mío con este contenido... Confieso que, cada vez que voy (y vivo) en Estados Unidos, me encuentro como pez en el agua... No se trata de eso. Se trata de algo más complejo y profundo: ¿Por qué renunciamos a nuestra cultura y a nuestras tradiciones y modos de pensar y vivir? Cojamos cualquier serie española: Periodistas (Tele 5), Al salir de clase (Tele 5) o su alter ego en Antena 3, Nada es para siempre, pasando por Policías (Antena 3) o La ley y la vida (TVE 1): ¿no encuentran exactamente el mismo formato, las mismas historias y, lo que es más chocante, el mismo punto de vista, a la hora de contar esas historias, que vemos en, por ejemplo, Ally McBeal, Savannah, Malcolm y Eddie, El secreto de Verónica, Urgencias, Friends, etc. Lo peor es que, además, les falta un algo para parecerse a las norteamericanas: Ése algo de calidad de factura, de cuidada y natural puesta en escena, de interpretación sin amaneramientos relamidos, que hace que, con claridad, digas: Estoy viendo una serie española; mientras, las USA te las tragas directamente... Eso sí, la española añade algo genuino: la necia necesidad de añadir sexo explícito en sus imágenes. Las americanas lo añaden de forma implícita (comentarios, miradas, diálogos...; eso sí, totalmente dentro de lo políticamente correcto), pero las españolas, menos sofisticadas, además, lo hacen directamente, a pesar de su horario y de su público potencial (¿realmente son series familiares?), ofreciendo de forma continuada la ración obligada. ¿Exageración?: Díganme ustedes lo que pintaba la escena de cama, con desnudo femenino incluido, en el capítulo del domingo 12 de Un chupete para ella (Antena 3), también podríamos hablar de Policías o, incluso, de la miniserie (dos capítulos, por ahora) de Antena 3 El marqués de Sotoancho, que también incluyó su cuota (encarnada, nunca mejor dicho, por Paz Gómez). Con esto no quisiera dar a entender que todo en las series españolas es malo. Eso, evidentemente, sería una simpleza absolutamente banal e injusta. Se ha hecho mucho, se ha ganado en calidad técnica, pero no tanto en los contenidos. Tiempo tendremos para ir entrando en materia y analizando cada una de las series, pero, ¿han pensado alguna vez qué modo de vida, qué ideas y comportamiento están aprendiendo sus hijos (y ustedes mismos) a través de las series de televisión en este mundo globalizado? Francisco Zurián |