RetrocesoA&ONº 234/16-XI-2000SumarioDesde la feContinuar
Punto de Vista
Semiología del siglo XXI
Cuáles serán el signo o la figura del siglo XXI? Vivimos en un tiempo de magia: el tiempo de la televisión, del teléfono móvil, de la navegación por Internet. ¿Volvemos, entonces, a un mundo mágico? ¿Regresamos a la prehistoria? Digo esto porque la cultura, en un principio, fue cosa de magia. Ahora bien, la magia no resuelve los problemas del hombre; antes bien, los crea. Los problemas que preocupan al hombre contemporáneo son reales; de índole económica, unos; sociales, otros. ¿Dónde está la verdad? Se la busca en los partidos políticos, en las matemáticas, en la investigación empírica; nunca en el ser del hombre. Decía san Agustín: No la busques fuera; en el interior del hombre habita la verdad, y el hombre sale fuera de sí para encontrarla; no la ha hallado. Y más que ser feliz, quiere darse buena vida. Cree que la felicidad llega con el progreso económico, y sucede que el mundo, hoy esencialmente materialista, es, cada día, más esclavo de sus necesidades; compra y compra de todo, y no hace previsión alguna. Basta contemplar los supermercados y las grandes superficies, que son las catedrales de hoy. Le complace la sociedad de la abundancia, que le crea constantemente nuevas necesidades a través de sus poderosos y sofisticados instrumentos de publicidad, nuevos coches, nuevos televisores, nuevos teléfonos móviles, haciendo con frecuencia un uso peligroso del progreso técnico. El caso es que hay un sentimiento general de insatisfacción, del que la gente procura evadirse no pensando. El hombre contemporáneo se ha creado una segunda naturaleza que se ha convertido en su caparazón.

Y, sin embargo, salta a la vista; son perceptibles nuevos signos que no tienen buena prensa. Todavía, a veces, esos signos no son sino grafitis en la nocturnidad del anonimato, pero existen, y son una realidad de la que hay que hablar: la multitudinaria respuesta de la juventud del mundo a la llamada de la Iglesia, esa juventud que duda de la fe absoluta en el mundo en que vivimos, y que quiere reaccionar con una espiritualidad abierta; la actividad de muchas vocaciones anónimas al servicio del prójimo; las cada día más frecuentes críticas a la explotación abusiva de la naturaleza; en el respeto al Derecho natural; el interés por el medio ambiente que es el orden de la Creación, entre otros signos. La ciencia se ha mostrado incapaz de resolver todos los problemas del hombre y se hace necesario apelar a fuerzas que están más allá de la técnica. Por otra parte, cada día es más inminente la irrupción en el mundo de Occidente del tercer mundo, que reclama, y con razón, una distribución más justa de la riqueza. Su presión creciente es otra señal del siglo que viene. El Papa ha condenado el liberalismo anárquico del capitalismo y la manipulación del hombre por la sociedad de consumo, y son muchos los que sienten nostalgia de un vivir más feliz, pero esto no será posible mientras al cambio técnico no suceda un cambio humano.

Juan Carlos Villacorta