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Uso, no abuso
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La tierra es de Dios, y nos la ha dado para que usemos, no para que abusemos, de ella. Si no la respetamos, la vida del hombre correrá grave riesgo, porque la naturaleza se revelará. Así, con esta lucidísima claridad, habló Juan Pablo II el domingo pasado en el Jubileo de los agricultores, que abarrotaban la plaza de San Pedro. Habló con fuerza del holocausto ecológico, esa vergüenza de la Humanidad, y también del destino universal de los bienes de la tierra, del respeto a la propiedad, y de su ineludible dimensión e hipoteca social. Dijo también que, si el hombre se pierde a sí mismo, ninguna política agrícola ni económica podrá salvarlo.
Algunos, como se ve en la foto, intentaron reducir la Jornada a una simple denuncia, desde luego importante, pero sumamente parcial aunque, eso sí, la mayoría de los medios de comunicación se han quedado sólo en eso, focalizada y localizada en el problema de las vacas locas. Por desgracia hay muchas más locuras, en nuestro mundo, que la de las vacas |