RetrocesoA&ONº 234/16-XI-2000SumarioLa vidaContinuar
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Dos ángeles musicantes de Stephan Lochner (siglo XV) hacen fiesta, desde la portada de este precioso libro, Una y otra Pascua. Monólogos de Navidad y Resurección, que acaba de editar la BAC Popular, en vísperas de la Navidad que se avecina. Y la hacen con justo gozo: no se merece menos el contenido de estas páginas, en las que Joaquín Luis Ortega ha puesto, junto con su corazón, su mejor saber hacer sacerdotal, periodístico y literario, que es mucho y muy bien acreditado. Son estos 44 monólogos para la Pascua de Navidad y la de Resurrección —los dos grandes ejes de la vida cristiana— otros tantos deliciosos entremeses pascuales. Ya hace casi 30 años, el autor publicó, en Narcea, un anticipo que hubo de ser traducido incluso al japonés. Ahora, en homenaje a Cristo, Nuestra Pascua, en su 2.000 cumpleaños, revisa y aumenta el regalo de entonces. Y, en su retablillo parlante de la Navidad, intervienen el arcángel y el posadero, la mula y el buey, uno de Nazareth y Melchor, el Mago, Isaías, David, Augusto el Emperador, y José el padre de Jesús, y María su Madre, y hasta Yahvé, el Señor. A la espera del gran milagro de la Resurrección, hace hablar a la borriquilla y al gallo, a Judas Iscariote y a Simón de Cirene, a Barrabás, y a Malco, el de la oreja, y claro, a Pedro y Juan, y a Tomás y a la Magdalena, y a María la Madre de Jesús, y también a Yahvé Dios. Si ustedes se lo pierden, peor para ustedes.
Lo primero que tiene que hacer un biógrafo, si quiere que su biografía sea buena —ya lo dijo Javierre— es enamorarse del biografiado. Si, además, como en este caso, el biografiado habla y escribe que da gloria oirlo y escucharlo, miel sobre hojuelas. Sabía bien Manuel Sánchez Monje, Vicario General de Palencia, que esto le iba a ocurrir cuando, después de tantos artículos sobre el Beato Hermano Rafael Arnáiz Barón, escribiera el libro definitivo que acaba de escribir, para la editorial burgalesa Monte Carmelo: La pasión del sólo Dios, o el espíritu del Hermano Rafael. Analiza la fe, la esperanza, la humildad, la pobreza, la cruz, la soledad, la belleza, la vida comunitaria, la espiritualidad en suma, de este joven místico y monje trapense, en la Trapa de Dueñas, Palencia, cuya máxima pasión vital fue sólo Dios, y la locura de la Cruz. Fue más que suficiente para la corta vida del Hermano Rafael, cuyos textos abundan en esta obra, porque el autor está convencido de que, por sí mismos, son el mejor gancho para el lector.