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Jesús Colina.RomaVacas, gallinas, conejos en el Vaticano. El Jubileo del mundo del campo deparó sorpresas. La más importante de todas fue la participación de unos cien mil peregrinos, campesinos y ganaderos, llenaron la plaza de San Pedro. Junto a ellos se encontraban los directivos de las organizaciones de las Naciones Unidas dedicadas a la alimentación y la agricultura (la FAO y el Programa de Alimentación Mundial). Como se explicó al inicio de la Eucaristía, los presentes venían representando a los 3 mil millones y medio de agricultores del mundo entero, incluidos los más de ochocientos millones de personas que pasan hambre en el mundo. Fue una fiesta popular, en la que no sólo ofrecieron al Papa el fruto de su trabajo, sino que también hubo espacio para la solidaridad: cooperativas agrícolas ofrecieron al Papa sus donativos para comprar máquinas agrícolas en Montenegro (Yugoslavia), y para proyectos de desarrollo agrícola en Congo, Uganda, India, Kosovo, Bielorrusia. Asimismo, ofrecieron fondos para sumarse a la campaña de la Iglesia en Italia contra la deuda externa de los países pobres, que incluye la compra de la deuda de estas naciones. |
| Al dirigirse a los campesinos curtidos por el frío y el sol, Juan Pablo II exaltó el orgullo de trabajar la tierra. Un orgullo, sin embargo, que a veces puede plegarse, como constató el mismo Santo Padre, ante las calamidades naturales o las calamidades ambientales provocadas por la irresponsabilidad humana. No lo dijo, pero aludió, por ejemplo, al actual drama de las vacas locas que, por ejemplo, en Francia se está convirtiendo en una amenaza de suicidios entre los ganaderos.
El Papa fue realista: La actividad agrícola de nuestros días tiene que vérselas con las consecuencias de la industrialización y el desarrollo no siempre ordenado en las áreas urbanas, y con el fenómeno de la contaminación atmosférica y el desequilibrio ecológico, con los basureros tóxicos y con la deforestación. Su respuesta fue clara clara: Es necesario que el trabajo agrícola esté cada vez más organizado y apoyado por disposiciones sociales que reconozcan plenamente el cansancio que comporta y la gran utilidad que le caracteriza. De este modo, el Jubileo de los agricultores le dio la posibilidad al Papa de afrontar durante la homilía los nuevos desafíos éticos que plantean las biotecnologías. Si el mundo de la técnica más refinada no se reconcilia con el sencillo lenguaje de la naturaleza, en un equilibrio saludable explicó, la vida del hombre correrá riesgos cada vez mayores de los que hemos comenzado a ver síntomas preocupantes. LA TIERRA DE DIOS
Se trata, por tanto, de una ecología de fundamentos bíblicos, que el Obispo de Roma enunció así: Trabajad resistiendo a la tentación de una productividad y de una ganancia que van en detrimento del respeto de la naturaleza. La tierra ha sido confiada al hombre por Dios para que la cultivara y la custodiase. Cuando se olvida este principio, convirtiéndose en tiranos y no en custodios de la Naturaleza, ésta antes o después se rebelará. Al despedirse, el Papa volvió a dar palabras de aliento y orgullo a esos rostros que no saben bien cómo afrontar el porvenir. Una bocanada de oxígeno jubilar para afrontar un complicado invierno. En la tarde del día anterior, el Santo Padre participó, junto a doce mil agricultores, en una fiesta salpicada por música de varios continentes organizada en la sala de Audiencias Generales del Vaticano. En grandes pantallas se presentó un proyecto de reforestación en Brasil, realizado por los indios Xabantes. A continuación ofrecieron su testimonio cristiano y profesional agricultores del Congo, de India, de Chile, de Tailandia y de Italia. Los comentarios que pudimos recoger entre los peregrinos del campo, tanto el sábado como el domingo, tenían un mismo común denominador. Lo sintetizó magistralmente un ganadero del norte de Italia: Hoy día no es fácil ser agricultor: requiere mucha preparación, mucha cultura, pero sobre toda mucha voluntad y pasión por la tierra. Impresionó particularmente la gran presencia de mujeres jóvenes agricultoras. Una de ellas, al saber que éramos un periódico de España, quiso lanzar un mensaje para los políticos, especialmente los de Estrasburgo y Bruselas: ¡Tened más fe en el trabajo de la tierra! |