RetrocesoA&ONº 235/23-XI-2000SumarioUsted tiene la palabraContinuar
CARTAS
ADOCTRINAMIENTO EN LAS AUTONOMÍAS

La trasferencia de funciones en materia de educación no puede redundar en el semianalfabetismo histórico en que se encuentran muchos de nuestros jóvenes. El informe publicado por la Real Academia de la Historia desvela el ocultamiento y la manipulación de los hechos históricos a que están siendo sometidos aun los alumnos de Primaria y Secundaria, y de modo especialmente lacerante en algunas Autonomías. Por eso me parece imprescindible, tanto una mejora en cantidad de la enseñanza de las Humanidades, como una inspección de la calidad de esa enseñanza por parte del Ministerio de Educación y Cultura. No es ninguna injerencia indebida que se dirija a imponer o a homogeneizar, sino una necesaria aplicación del principio de subsidiariedad: cuando la instancia inferior no funciona o funciona mal, la superior debe intervenir para subsanar esa carencia, sin suplantar a la instancia inferior. Pues una cosa es narrar los hechos desde ópticas válidas aunque diversas, y otra el actual sectarismo educativo que están siguiendo algunas Autonomías. Éste es intolerable, por injusto: atenta flagrantemente contra la verdad. Y nuestros hijos tienen derecho a conocerla.

Mabel Ruiz López. Las Palmas

EN DEFENSA DE ISRAEL


Qué terrible artículo el publicado en la página 24 del número de Alfa y Omega de 9-XI-2000! ¡Precisamente cuando en su página 26 se publica el magnífico informe Un proceder desleal e incorrecto, un trabajo más de los muchos escritos contra la clamorosa falsedad con que se está queriendo aún desprestigiar al Papa Pío XII. Si en lugar de estar publicado (el artículo de la p. 24) en Alfa y Omega hubiera salido en cualquier otro periódico, tendría materia sobrada el simpático Gonzalo de Berceo para escribir No es verdad.

No es verdad que Israel no quiera la paz; no es verdad que el pueblo judío haya estado ausente de su tierra en los diez y nueve siglos de diáspora y que no haya historia judía en Jerusalén; no es verdad que Israel no crea en Dios. Contra cada una de esas afirmaciones, y otras que se deslizan en las cuatro columnas de ese artículo, podría argüir con testimonios contundentes una persona (que soy yo) que ha vivido en Israel, trabajando en la Universidad Hebrea los años 1956-57; que estuvo presente en la guerra de 1967, y que ha vuelto a vivir en Israel, gracias a Dios, de 1986 a 1992. Necesitaría, no una conferencia o una charla para desarrollar lo que apunto, sino todo un curso para explicarlo con detalle.

Y para ser más objetiva y no apoyarme sólo en una experiencia personal, recurro a la autoridad de san Pablo para defender el que puede ser el mejor signo de los tiempos, de los tiempos de gracia que vivimos: la existencia del Estado de Israel. En la Carta a los Romanos 11(25—27) leemos: Porque no quiero, hermanos, que ignoréis este misterio, para que no presumáis de vosotros mismos: que el endurecimiento vino a una parte de Israel hasta que entrase la plenitud de las naciones; y entonces todo Israel se salvará, según está escrito: "Vendrá de Sión el Libertador para alejar de Jacob las impiedades. Y esta será mi alianza con ellos cuando borre sus pecados". Si Pablo nos promete: Todo Israel se salvará, suponemos que tiene que existir Israel…, y ¡ahí lo tenemos, defendiéndose, lo mismo contra las agresiones materiales, como contra las opiniones insidiosas que circulan todavía por el mundo.

Roguemos para que estas opiniones, por lo menos, no vengan de los que vivimos dentro de la Iglesia.

María Dolores García Pineda. Madrid

EL SEXO COMO ANZUELO


Últimamente se oye hablar de la preocupación que tienen las autoridades ante el aumento no sólo de la pornografía en Internet, sino de la proliferación de la pornografía infantil. Creo que muchos estamos de acuerdo en que ambos tipos de pornografía son detestables.

Pero estas mismas autoridades son las que se quedan impasibles ante la situación que todos estamos viendo en la calle: el aumento indiscriminado de anuncios en lo que el sexo es arma que tienen para atraer la atención de las personas. No sólo se quedan impasibles, sino que cuando hacen cumplir la ley que se promulgó para regular la pornografía y obligar a los propietarios de los kioscos a retirar las revistas pornográficas de la vista del público, piden perdón por hacer cumplir la ley y permitirles que las tengan en lugares más vistosos de sus locales, como sucedió en Vitoria hace poco.

Con esta carta quiero mostrar mi malestar ante la situación y hacer saber que me produce repugnancia estar con mi hermana pequeña de diez años esperando el autobús y que en la marquesina de la parada haya una persona tal como Dios la trajo al mundo. El cuerpo humano desnudo es una cosa buena, pero el anunciante conoce que, al usarlo como reclamo, está jugando con las pasiones de las personas, y yo no quiero que me manipulen. Por eso invito a todos los lectores que coincidan conmigo a que se hagan notar, que escriban a los medios, a los propietarios de los productos que utilizan el sexo como reclamo, tomando la firme decisión de no comprar esos productos, ya que, si no, todos estamos contribuyendo a fomentar la publicidad basura.

Javier Contreras Chicote. Madrid

AGRADECIMIENTO A ALFA Y OMEGA


Mi alegría por su revista la traduzco, con frecuencia, en acción de gracias. Se sentía la necesidad de una publicación así. Temas de fe, de espiritualidad, de actualidad religiosa, como otros más controvertidos, referentes a la dignidad de todo ser humano, en Alfa y Omega nos llegan a casa cada semana, tratados con maestría y de modo asequible.

Paradójicamente, muchos católicos están ayunos de la savia de la Iglesia, y se alimentan de la corriente televisiva en boga. ¿No escasea la divulgación de la verdad sobre temas de flagrante actualidad y que afectan a la dignidad del hombre desde la concepción etc.? La dictadura intelectual de lo políticamente correcto, nos tiende una mordaza, de la que debemos liberarnos. ¿No podríamos hablar de un silencio cómplice de la confusión de mucha gente de buena voluntad? La valentía de Alfa y Omega nos hace exclamar: ¡gracias!

Josefa Romo. Valladolid