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Yo creo que en las discotecas ponen luces giratorias con espejos pequeñitos para que no podamos vernos más que a trocitos. Si nos viéramos enteros, echaríamos a correr del susto. Así nos respondía, al entrevistarlo, uno de esos muchachos de la movida nocturna, a comienzos de este Año Jubilar, el de los dos millones de jóvenes de todo el mundo congregados en el campus universitario de Tor Vergata para estar con el Papa, en medio del calor asfixiante del agosto romano, pero sin miedo alguno de verse de cuerpo entero redimidos por Quien les ha amado hasta dar la vida ante el inmenso espejo de la fe cristiana. Es la otra cara de la juventud, esa juventud verdadera a la que también se refiere nuestro tema de portada, esos jóvenes a quienes el apóstol Juan escribe porque sois fuertes y habéis vencido al Maligno. |
| Las modas, y sobre todo la moda llamada joven, se hacen viejas enseguida. Sin embargo, ¿hay alguien con juventud más inquebrantable que la del mismo Dios, que hace nuevas, cada instante, todas las cosas? De esa juventud creadora, de la que el propio Juan Pablo II da constante testimonio, se sabían participantes aquellos dos millones de jóvenes de Tor Vergata, y tantísimos otros, de todas las edades. ¿Acaso no es joven quien tiene toda la vida, y no la muerte, por delante? ¿Qué clase de juventud, por pocos que sean los años que tenga, es la destinada a envejecer y morir?
No debe extrañarnos que quien no tiene ante sí el horizonte infinito propio, justamente, de todo joven auténticamente tal se asuste de mirarse y quiera escapar de sí mismo, como el de la discoteca. Al referir su respuesta, añadíamos también en estas mismas páginas: En una sociedad donde la pregunta por el sentido de la vida está censurada, los jóvenes quedan heridos en la médula misma de su juventud. Si juventud es tener delante el horizonte infinito de la esperanza, un mundo sin más horizonte que lo inmediato, que un aquí y un ahora sin un por qué ni un para qué, es un mundo que destruye toda posibilidad de ser joven verdaderamente. Sin embargo, la auténtica juventud no puede ser vencida, una vez que el Maligno, el padre del pecado y de la muerte, ha sido definitivamente derrotado. Los jóvenes, y hasta niños, envejecidos por la droga y el alcohol no están necesitando palabras de recriminación, y menos aún palmaditas en la espalda, o leyes complacientes, sino que alguien los quiera y les transmita la verdadera juventud. Así de sencillo. Y así de imposible de fabricar por nosotros mismos. Al más joven de los apóstoles, sencillamente, le sucedió, cuando, junto con Andrés, se encontraron con Jesús. Recuerda hasta la hora: Eran las cuatro de la tarde. A sus hermanos respectivos, Santiago y Pedro, les sucedió también ; y luego a los otros Doce, y a Zaqueo, y a la samaritana, y a Pablo Toda una cadena de encuentros, testimonios vivientes de Cristo resucitado, presente y actuante en la Iglesia, a lo largo de los siglos , hasta esos dos millones del Encuentro con el Papa, en pleno ferragosto romano. Encontrarse con otros jóvenes verdaderamente tales de cualquier edad o condición es, ciertamente, el único antídoto eficaz para una juventud, y una sociedad, infectadas y contagiadas de un sida peor que el que envenena el cuerpo. |