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Se lo he oído decir por televisión a la señora ministra de Sanidad, doña Celia Villalobos, cuando le preguntaban si es verdad que su Ministerio está preparando los trámites para autorizar en España la venta de la píldora del día después: Lo estamos estudiando dijo, como cuando lo hacemos con cualquier otro medicamento, en función de su eficacia real, que no hay que mezclar con otras cuestiones, como producto benefactor para el ciudadano. Esta respuesta suscita, obviamente, algunas sorprendentes perplejidades: l ¿Quién es, o quién se cree que es, la señora ministra de Sanidad, ni su Ministerio, para autorizar lo que no puede ser autorizado? Podrá legalizar, podrá buscarle subterfugios ampliadores a la ya inicua ley del aborto vigente; pero, por mucho que se empeñe, no es quién para autorizar un delito, porque los delitos no son autorizables. No hay Estado, ni Parlamento, ni Gobierno, que pueda hacer que todo lo legal sea lícito moralmente. - ¿Como cualquier otro medicamento? ¿Acaso cree la señora Villalobos que se trata de una aspirina? ¿Ha caído en la cuenta de que su eficacia real, puesto que se trata de un abortivo, es matar a un ser humano? ¿Eso es benefactor para el ciudadano, especialmente para el ciudadano que tiene derecho a nacer? - Esto no estaba en el programa electoral del PP, y si, en razón de ello, muchos les votaron por aquello del bien posible, ¿qué clase de fiabilidad van a poder tener de cara a las próximas elecciones? - Sería curioso que la ministra que mezcla varias cuestiones explicase qué tiene que ver eso con la sanidad. |
| El reportaje que TVE ofreció sobre los 25 años del Rey don Juan Carlos I, en todo lo que ofreció, fue profesionalmente intachable, modélico, y hasta memorable; sin embargo, completo, no fue. Y es una lástima, pero es justo señalarlo. No es posible trazar un perfil biográfico completo de 25 años del Rey, sin decir ni una sola palabra sobre su dimensión religiosa, personal, familiar e institucional. Asimismo, no resulta fácilmente comprensible, por muy políticamente correcto que sea, o que se quiera hacer como que es, prescindir de lo que la Iglesia católica ha significado en la transición política española. ¿Se pueden entender las imágenes de la entrada de los Reyes, bajo palio, en San Jerónimo, y la salida, pero ni una sola imagen, ni una palabra, sobre la histórica homilía de aquel día? ¿Se puede entender que el Rey aparezca saludando a las más altas personalidades del mundo e incluso a dictadores como Castro y Videla, y ni una sola vez aparezca con Su Santidad el Papa, en Roma, o en las cuatro veces que ha visitado España? Yo no entro en qué se quiere esconder, ni en si eso se hace consciente o inconscientemente, pero digo que es algo real, y se me antoja que bastante triste. Casi tanto como que El Mundo pero El Mundo no es la televisión pública incluya en su dominical, entre los Diez Fantasmas del Caudillo, a la familia y la religión. Miren ustedes: les guste o les deje de gustar, la mayoría de los españoles, 25 años después, siguen valorando como la institución principal a la familia, y siguen pidiendo para sus hijos, la enseñanza de la Religión católica.
Gonzalo de Berceo |