RetrocesoA&ONº 235/23-XI-2000SumarioEn portadaContinuar
En el letal sucedáneo de las drogas, ¿qué se busca en realidad?
Felicidad en pastillas
De una u otra forma, el hombre siempre ha buscado, busca y buscará el sentido de su vida. Ahora sufrimos
la problématica que traen consigo las drogas, el alcohol... y tantos otros sucedáneos de felicidad.
Como si la felicidad pudieran darla unas pastillas...
Benjamín R. Manzanares

Nuestro corazón intuye, tiene la certeza de que la vida, nuestra vida, tiene un sentido. Lo importante es seguir o ponerse a buscar en la dirección de la brújula que nuestro corazón intuye. En vez de afrontar la realidad tal y como se nos ha querido presentar, con sus problemas y alegrías, intentamos huir de ella buscándonos válvulas de escape. Y eso, sabiendo bien a ciencia cierta que no nos pueden dar eso que anhelamos. No creo que la vida esté para pasar el rato o para experimentar con todas las motos que nos venden. Decididamente vivir a contracorriente está pasado de moda. Ahora se llevan las meditaciones y los entrenamientos autógenos espirituales.

El hombre siempre ha tenido un sentido de insatisfacción existencial. Decía san Agustín: Mi alma está inquieta, hasta que descanse en Ti. La literatura, en realidad, siempre ha tratado de este sentido: el hombre está insatisfecho porque no sabe el motivo por el cual ha sido puesto sobre la tierra, no sabe la finalidad, y, por otra parte, sabe que morirá. En nuestro futuro terrenal hay una tumba, y esto no puede ser un consuelo.

Y usted, ¿qué respuesta da a esto? Yo estoy absolutamente convencido de que nada puede ser casual. Porque allí donde hay un efecto, hay también una causa, y esta causa está fuera de mi alcance. El Arquitecto no ha comenzado por explicarnos los motivos y la finalidad de su proyecto. Formamos parte del proyecto. El hecho de no comprenderlo no significa que no exista. No puede ser sólo el señor casualidad, puesto que si formamos parte de un proyecto, si hemos sido puestos aquí, es para algo. Por eso intentamos ejercerlo lo mejor posible, puesto que el sentido que hoy se nos va de las manos, quizá nos será desvelado más tarde. Ciertamente no es el caso de buscarlo en las pastillas o en el fondo de una botella…

MIEDO A LA REALIDAD

Junto a este cáncer del alma que nos rodea, se nos quiere sumergir en una especie de tecnicismo de la felicidad: la new age, con sus cursos de relajación, sus terapias musicales, sus dietas..., ¿qué otra cosa es si no el vacío manual de la felicidad en pastillas? En los años 80, el toxicólogo George Ricaurte registró los efectos del éxtasis sobre el cerebro humano. Imágenes por ordenador de instantáneas detalladas de la actividad del cerebro muestran cómo los consumidores de éxtasis tienen menos receptores de serotonina (sustancia que mantiene y propicia los impulsos nerviosos) que los que no la consumen, incluso dos semanas después de la última vez que la tomaron. Ricaurte cree que el daño pueda ser irreversible.

Conviene señalar una diferencia: mientras los masajes o las dietas son de una vaciedad absoluta, pero también inocua, las pastillas y similares provocan desastres. Para algunos, el mundo que los poderosos han puesto en pie es tan feo que, sin un poco de droga, no se puede seguir adelante. Hay quien comienza con las pastillas o la cocaína; luego se convierte en un hábito, e incluso para cruzar la calle las necesita. Hay quien esporádicamente se bebe tres whiskies; se trata de diversos grados de dependencia, de miedo a la realidad.

En definitiva, falta la capacidad de gozar de las cosas mínimas: parecerá banal, pero es bello, alguna vez, levantarse por la mañana, saber que uno está en el mundo, mirar por la ventana, observar las cosas que son buenas, salir, darse dos paseos, contemplar el campo… Lo importante en la vida es haber encontrado, intuido o tocado Algo, o mejor, a Alguien de quien se pueda aprender el significado de las cosas. Existe. Se hizo carne hace dos mil años y permanece para siempre en la Historia: a través de la Iglesia, en los hombres, especialmente en los pobres, en los que sufren.

DATOS AL DÍA DE HOY


Como hace cada cuatro años, el Instituto de la Juventud ha publicado el Informe Juventud 2000, presentado en el mes de octubre, y describe así el panorama actual de los jóvenes entre 15 y 29 años: un 16 por ciento ni trabaja, ni estudia; el 66 por ciento piensa que el futuro es tan incierto que es mejor vivir al día; la edad promedio de abandono del edificio familiar es de 26 años y medio. Entre los 26 y 29 años, un 50 por ciento sigue viviendo con sus padres. Según este informe, un 28 por ciento afirma ser católico practicante. Mientras bajan hasta un 14 por ciento los jóvenes lectores de medios impresos, aumenta el uso de las nuevas tecnologías, aparcando así al tradicional libro.

Recientemente, la asociación Proyecto Hombre ha organizado en Madrid sus IV Jornadas Adolescentes, drogas y exclusión social, con más de 30 expertos y cerca de 400 profesionales. Contaron con el apoyo y la subvención del Plan Nacional sobre Drogas. En sus 16 años de trabajo, se ha comprobado cómo, aparte de la dependencia, entre las consecuencias que, poco a poco, las drogas producen está la exclusión social.

Cuando Proyecto Hombre surge en España, hay gran confusión y desconocimiento en relación al tipo de respuestas y de prevención que se debía dar al problema de la drogodependencia. Uno de sus fines principales es no sólo rehabilitar al toxicómano, sino reinsertarlo en la sociedad, tanto familiar, como social y laboralmente. Don Tomeu Catalá, Presidente de Proyecto Hombre, ofreció el perfil actual: En su fase de inicio integra socialmente a los chicos en un círculo de amigos, y posteriormente se ve cómo se va produciendo una dependencia y, como consecuencia, una exclusión social, especialmente entre los consumidores adultos, a menudo denominados yonkis.

En un principio, la imagen que los jóvenes perciben de cierto tipo de drogas es que pueden ayudar a socializar, o uno se siente presionado por el grupo a tomarlas. Sin embargo, tras 16 años de trabajo, Tomeu Catalá reitera, partiendo de los hechos observados, que lo que la droga sí logra a la larga es excluir socialmente. Mientras el consumo de drogas entre adolescentes puede servir como un elemento de integración social, cuando se da el fenómeno de la drogodependencia —particularmente entre los heroinómanos— se da un proceso de exclusión social. El problema de las drogas afecta a todos. Es evidente ya en nuestra sociedad la extensión generalizada del consumo de drogas, tanto legales como ilegales, sobre todo en los jóvenes.

El Delegado del Plan Nacional sobre Drogas (PNsD), don Gonzalo Robles, describe así el punto al que hemos llegado hoy: Estamos viviendo el final del proceso de la heroína —que asusta más—, y sufriendo sus consecuencias, tras su explosión en los años 80 y 90. Se refirie así a la población, sobre todo joven, que consume drogas habitualmente: No podemos decir que es una población normalizada, por el hecho de que pase más desapercibida, o nos cause menos alarma, en comparación con los drogadictos. Informó de cómo han aumentado en los centros las demandas de tratamiento por consumo de cannabis, alcohol, cocaína o drogas de síntesis. Lo que empezó como una diversión afecta ahora, no sólo a la persona, sino también a su realización: dejar estudios, trabajo, o sufrir problemas en la familia o con los amigos.

Las nuevas formas de consumo tienen unas consecuencias socio-sanitarias muy fuertes, afirma el Delegado del PNsD. Es necesario que la sociedad reflexione sobre esta subcultura de la diversión, para ser capaces de ofrecer alternativas de ocio y unos valores para que no se necesite recurrir a ellas. Otra de las reflexiones que se hace y propone es acerca del fenómeno de que jóvenes tan distintos, de 14 a 21 años, compartan los mismos locales. Este contexto y las altas horas de la madrugada hacen que no sea muy difícil pasar del alcohol al cannabis, y en otros casos, del cannabis a la cocaína.

COMO SI FUERA NORMAL..


Comentando los últimos datos, aunque han descendido los casos de heroína, crece la demanda de cocaína. No hay que olvidar que, a primera vista, ésta no deja tantas secuelas físicas como la primera. En los centros asistenciales, un 31 por ciento de las demandas de tratamiento tienen como droga principal a la cocaína. En 1996, sólo era un 9,1 por ciento. Se trata de un fenómeno de consumo oculto.

El consumo de pastillas, abuso del alcohol, cocaína o cannabis ha decrecido o se ha estabilizado en la franja de los 15 a 29 años. Sin embargo, la franja de los 14 a 18 años ofrece unos datos más que preocupantes. Aumenta también el fenómeno de experimentación por debajo de los 20 años, con sustancias como el cannabis. Y, para colmo, enciendes la tele y algunas series de televisión no sólo te muestran esto como algo anormal o peligroso, sino que incluso lo presentan con un cierto atractivo.

Respecto al cannabis, las demandas por tratamiento, en 1996, eran del 3 por ciento, mientras en el año pasado subieron a un 5´6. El PNsD ofrece, para 2.762 personas, unos programas de apoyo residencial; 511 programas de formación de empleo, para 8.529 personas; 7.731 drodogependientes hicieron uso, en 1999, de su programa de integración social; existen 20 escuelas taller o casas de oficios, con 591 alumnos. Si comparamos los datos de 1990 con los del año 1999, vemos cómo la edad de inicio de consumo de drogas, como la marihuana o el hachís, baja al 14,8.

En la rueda de prensa en la que Proyecto Hombre presentó el trabajo de estas IV Jornadas, se ofrecieron algunos datos relevantes:

- En los últimos veinte años han sido muchos menores los que han sucumbido a la epidemia de la drogadicción; han sido muchas las secuelas y los muertos. Esto se ha visto incrementado por la extensión del sida o por la politoxicomanía de moda (una droga sola ya no parece ser suficiente para ponerse).

- Las clases sociales menos perjudicadas han sido aquellas que, por familia, cultura o recursos económicos, han escarmentado antes y han podido sortear mejor los efectos terriblemente nocivos de la droga más mortífera.

- 112.000 personas menores de 14 años viven en una familia en la que los padres o el menor prueban drogas.

- El tráfico, el consumo y las tremendas secuelas de la droga se asientan y ceban especialmente entre los pobres, siendo éstos las víctimas más numerosas y de mayor gravedad, incluso en niños y adolescentes.

- A mayor pobreza, mayor es el número de las familias afectadas por estos problemas. Los porcentajes de familias con menores afectados por problemas con la Justicia se relacionan a menudo con el tráfico de drogas. En Madrid, por ejemplo, en un 20 por ciento de las familias chabolistas, la mayoría con menores, al menos uno de sus miembros se ve afectado por problemas de drogadicción.

- Se ha comprobado, a su vez, cómo la incidencia de la drogadicción, el alcoholismo y la delincuencia muchas veces está ligada estrechamente al mundo de las drogas.

INFORMACIÓN: POCA Y MALA


Aunque su objetivo primordial han sido siempre las personas excluidas o en vías de exclusión de la sociedad, Proyecto Hombre lleva más de cinco años trabajando con adolescentes consumidores, debido a la demanda que recibían en sus centros de territorio nacional. En la actualidad son 20 centros específicos los que esta Asociación tiene abiertos por toda España. Durante el año pasado, unos mil adolescentes pudieron beneficiarse de la ayuda allí prestada.

Un primer paso para ponerse manos a la obra es conocer los perfiles de las personas que están en una situación de mayor riesgo de caer en las redes de las drogas. Esto es lo que don José Navarro Botella ha pretendido con su trabajo Factores de riesgo y protección de carácter social relacionados con el consumo de drogas. Éste es el perfil que ofrece de las personas en una situación de mayor riesgo: los residentes en distritos del sur y sudeste (los de menor nivel de renta), los hombres y jóvenes entre 17-24 años, personas con nivel educativo bajo, los de clase baja y media baja y los consumidores de varias drogas. Aquellos que se encuentran en situación de no protección y tienen mayor consumo de drogas están entre los 17 y 22 años.

A menudo a los consumos de alcohol, cocaína, cannabis o drogas de síntesis se les sitúa en un contexto de diversión, se les atribuye una función estrictamente recreativa y se considera a sus consumidores como jóvenes perfectamente normalizados socialmente. Sin embargo, refiriéndose a los consumidores de éxtasis, el Subdirector General del PNsD, don Emiliano Martín González, advierte cómo se trata de jóvenes más policonsumidores que el resto de los que salen de noche; abusan más de otras sustancias; tienen menos percepción de riesgo asociado al consumo de drogas; y "no son personas a las que podamos considerar marginales, pero presentan rasgos diferenciales como una mayor desviación social".

En el estudio publicado por el Ministerio del Interior Salir de marcha, y consumo de drogas, se observa cómo un 31 por ciento de estos consumidores admite que el uso de drogas les ha causado problemas de malestar físico o psíquico, pero también problemas con la ley o con la familia. Según Martín González, todos los expertos coinciden en recoger, entre los principales factores de riesgo: la carencia de una adecuada vinculación social, la privación económica y social, la desorganización comunitaria, la conducta antisocial en la adolescencia temprana o la delincuencia juvenil.

El problema de la droga en la juventud es grave. Lo dice don Enrique Aznar Villalta en Marginación, droga y delincuencia. Observa cómo cada vez crece más la cantidad y la calidad de la droga que se consume; y aparte de la falta de información generalizada, la información que se da es mala. Aznar Villalta es tajante en sus conclusiones, y no se conforma con palabras que agraden a todos; más bien habla en unos términos que no estamos acostumbrados a oír: La razón más determinante, detrás de motivos de diversión, curiosidad, novedad, relación con amigos, etc…, es la de no encontrar validez a la vida y a las cosas, y sentir necesidad de crearse un mundo propio y particular donde uno goce y se sienta a gusto, donde uno pueda vivir breves instantes de eternidad sin ningún límite…, donde se sienta a sí mismo como fuente de su propia felicidad…, para no ahogarse en el mundo de la vida cotidiana dura, para huir del tedio y la monotonía, para huir del dolor sin sentido, o del dolor del dolor.

Se preguntan algunos por qué existe el mal en el mundo, las drogas, las armas, las guerras... Aunque muchas cosas no las podemos entender, puesto que nosotros mismos no nos hemos dado la vida, simplemente constatamos que esas cosas existen. Afortunadamente Dios nos ha creado libres, para adherirnos a la vida en abundancia que nos promete. Cada uno que sea sincero consigo mismo, siga lo que vea, y se quede con lo mejor. Ahora bien, no nos sigamos engañando.