RetrocesoA&ONº 235/23-XI-2000SumarioEn portadaContinuar
Dos millones de jóvenes con el Papa: ¿Y ahora, qué?
Una juventud verdadera
El Papa lo anunció en medio de la alegría de la Jornada Mundial de la Juventud, en Roma, en el pasado agosto:
el próximo encuentro tendrá lugar en Toronto, en el 2002. Pero todavía huele a Roma
Y después, ¿qué? Ésa es la pregunta que muchos se hacían rodeados por dos millones de jóvenes en una ciudad que rebosaba orgullo ante tanta belleza. Belleza, la de Roma, por sí sola, y la que le fue ofrecida por todos aquellos que optaron por pasar unos días distintos, con el alma y las emociones a flor de piel en la XV Jornada Mundial de la Juventud, celebrada el pasado mes de agosto, en el campus universitario de Tor Vergata.

A pesar de que las expectativas eran muy positivas, nadie se podía imaginar la cantidad de jóvenes que iban a llegar a Roma para vivir de cerca la experiencia del Jubileo, rodeados de muchachos como ellos. El mundo entero parecía estar congregado en una sola ciudad, que acogió a los peregrinos como si todos los días se ocupara de hazañas semejantes. Nadie podía siquiera pensar que los que serán adultos en un futuro, aquellos reprendidos invariablemente por sus mayores, debido a sus constantes faltas de interés y conductas que revelan ausencia de valores, podrían dar un ejemplo a todo el mundo de educación, sensibilidad, tolerancia, amistad, ilusión,solidaridad...

Lo que en un principio era un acto jubilar más, acabó siendo un fenómeno mediático y mundial. Las imágenes de Tor Vergata daban la vuelta al mundo y éste contemplaba asombrado cómo los que ayer caminaban por las calles de sus ciudades, posiblemente camino de una clase o una discoteca, oraban silenciosos sintiendo en su interior la que, con seguridad, sería una de las experiencias más bonitas y profundas de su vida.

Los comentarios no se hicieron esperar. Todos deseaban saber si se encontraban ante una nueva generación. Personajes de la vida pública italiana, como el alcalde de Roma, Francesco Rutelli, comentaba que los jóvenes de esta generación viven más animados en el deseo de mirarse adentro. Nosotros, en el 68, queríamos cambiarnos a nosotros mismos cambiando al mundo. Estos chicos del Jubileo tratan de trabajar primero sobre sí mismos, pero no lo hacen de manera solitaria, sino armados de un fortísimo espíritu comunitario. Y el que fuera alcalde de Venecia, Massimo Cacciari, filósofo, afirmaba en su momento que los políticos no se han quedado indiferentes. Miremos a la cara a estos jóvenes. Nos dicen: "Acabad con la charlatanería de la política, volved a las cosas que valen la pena". Sin embargo, los políticos se han limitado a decir: "Qué estupendos, estos chicos se comportan de un modo educado". Creo que los jóvenes no han sido interpretados en su autenticidad, pues los medios de comunicación no han puesto suficientemente de manifiesto la dimensión espiritual del acontecimiento que era y es indiscutible e incontestable.

Pero una experiencia como ésta no podía terminar en el abandono de la ciudad que fue testigo de un milagro multitudinario. Los discursos del Papa, las experiencias allí vividas, las promesas lanzadas con fuerza al Señor, la fe renovada, y en algunos casos iniciada, el camino, en definitiva, que todos a su manera comenzaron en Roma continúa en los respectivos lugares de origen. Propuestas, trabajos, análisis..., recapacitación. La post-jornada aún se vive intensamente en muchos grupos de oración, y lo interesante de ella es la maduración de esas vivencias. Las palabras del Papa fueron sencillas pero llenas de fuerza. Hubo frases que aún golpean las conciencias de los testigos de las Jornadas: Sois el corazón joven de la Iglesia, id por todo el mundo y llevad la paz. Difícil de olvidar.

Y, en breve también, la preparación de un nuevo acontecer joven y fresco, en Canadá: Toronto 2002. La invitación del Papa a todos los jóvenes, el pasado 20 de agosto, para el próximo encuentro en Canadá comienza a revolver también los espíritus inquietos de organizadores y asistentes. Será desde el 22 al 26 de julio de 2002. En este caso, el Director del Comité Organizador de la Jornada es el padre Thomas Rosica, capellán de la Universidad de Toronto desde 1994. Él mismo afirma que, precisamente porque he tenido un contacto estrecho con los jóvenes, sé cómo es de importante el que tengan un espacio particular. La próxima Jornada de la Juventud en Toronto pretende relanzar la pastoral universitaria, ser insignia del ecumenismo y salvaguarda de lo creado, prestando especial atención a la naturaleza —la belleza de los espacios naturales canadienses ofrece esa oportunidad— y a los pobres, organizando actividades orientadas a la asistencia a éstos.

La próxima Jornada Mundial de la Juventud promete. Como prometen los jóvenes que a ella acudirán sin duda, barriendo estereotipos y persiguiendo una luz entre tanta tiniebla y confusión. Buscando mezclarse, a la vez, y entender el mundo desde Él, para que, en el siglo de la comunicación, pueda sentirse Su Palabra en todos los rincones del mundo.

A. Llamas Palacios