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B.R.M.El Papa no sólo pisará la tierra de Ucrania, sino que penetrará en la Rus, es decir, en aquel espacio étnico-cultural que los rusos sienten como carne de la propia carne. Juan Pablo II se encontrará ante la mente y el alma la identidad plasmada por la ortodoxia. Lo demuestran los números: Rusia, Ucrania y Bielorrusia suman el 72 por ciento de todos los ortodoxos del mundo. Ha sido anunciado oficialmente que este viaje del Papa tendrá lugar en junio del próximo año. La noticia desmiente, por su propio peso, los rumores difundidos por el diario sensacionalista alemán Bild de una posible dimisión del Papa, en la que algunos parecen estar tan interesados. Esta visita apostólica podría superar muchos escollos del pasado, y ayudar a entablar el diálogo entre las comunidades ortodoxas y uniata (greco-latinos). En la historia de Ucrania, el gran trauma del cisma de 1054 constituye el final de un proceso de alejamiento más cultural que teológico, iniciado en el siglo VII. A nivel teológico la chispa que originó la división fue la disputa sobre la Trinidad (la famosa cuestión del Filioque que el Espíritu procede también del Hijo, formulada en el Credo). El viaje a Ucrania llevará a Juan Pablo II al otro lado de una frontera nunca superada antes: la del mundo que desde hace mil años, y a pesar de laceraciones y divisiones de todo tipo, mira a Moscú. El Papa ya ha visitado Georgia, pero esta República tiene que vérselas también con la influyente presencia musulmana. Para monseñor Walter Kasper, Secretario del Consejo Pontificio para la Unidad de los cristianos, el viaje del Papa a Ucrania es muy importante y podría abrir el camino a Moscú. Añade, sin embargo, que se trata de una peregrinación muy delicada. El Santo Padre tiene un gran deseo de encontrar al Patriarca de Moscú. Un paso previo podría estar justamente en la solución de las tensiones en Ucrania. Esperamos poder dar este paso adelante. Y desde el punto de vista ecuménico espero que pueda contribuir a mejorar las relaciones con la Iglesia ortodoxa rusa. Pero el viaje es importante para la misma nación ucraniana, que, tras los tiempos de la Unión Soviética, vive ahora un momento de gran orgullo. Un pueblo que ha sufrido tanto ve en la visita de Juan Pablo II un signo de esperanza para el propio futuro. |
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El padre Romano Scalfi, experto en el mundo ortodoxo, estuvo hace dos meses en Ucrania, y afirma que ha encontrado un ambiente muy bien dispuesto, no sólo entre los católicos, sino también entre muchos ortodoxos. Hay un empeño común por una colaboración en el anuncio del Evangelio. Este experto protagonista del diálogo ecuménico en Europa del Este cree que es fundamental reconocer que la sangre de los mártires nos ha unido en Cristo. Como decía Vladimir S. Soloviev, caminar hacia la unidad significa reconocer que ésta ya existe, no hay que inventarla. Hace falta respetar todas las peculiaridades y las tradiciones. Los greco-latinos, en este sentido, están trabajando muy bien. Las vocaciones han estallado literalmente: son 260 los seminaristas teólogos.
OTRO ENCUENTRO HISTÓRICO
El pasado 9 de noviembre el Patriarca Supremo y Catholicos de todos los Armenios, Karekin II, comenzó en Roma una visita de cuatro días. Culminó con la celebración ecuménica en la basílica de San Pedro, con Juan Pablo II, que entregó al líder religioso armenio una reliquia de san Gregorio el Iluminador, Patrono de la Iglesia armena. En su homilía, el Catholicos agradeció el precioso relicario de un valor afectivo inmenso para los cristianos armenios. La Iglesia ortodoxa armena cuenta hoy con siete millones de fieles. El Patriarca renovó la invitación de su Iglesia para que Juan Pablo II visite Armenia, con motivo de los 1.700 años de la conversión del país al cristianismo, aniversario que se celebrará en el año 2001. El viaje, previsto para junio de 1999, no pudo realizarse, puesto que su predecesor actual, Karekin I, amigo del Santo Padre, cayó gravemente enfermo. Juan Pablo II recibía la visita de Su Santidad, Karekin II, además del ministro armenio para Asuntos Religiosos, 17 obispos de los cuatro rincones del planeta y numerosos representantes de la diáspora de América, de Europa, de Oriente Medio, África e incluso Australia. Refiriéndose a las diferencias existentes, Karekin II dijo en su discurso que éstas no deberían ser entendidas como un obstáculo para nuestras relaciones fraternas, para nuestra unidad y amor en Cristo. Profesamos la real y mística unidad de la Iglesia. De este nuevo impluso al compromiso ecuménico depende en buena medida el futuro de la evangelización, la proclamación del Evangelio a los hombres y mujeres de nuestro tiempo, deseó Juan Pablo II durante el encuentro. Esta histórica visita ha dejado, además, un fruto que supone un paso hacia la unidad tras 15 siglos de separación entre católicos y armenios: una declaración conjunta de Juan Pablo II y Karekin II, en la que confiesan la fe común que en estos momentos ya une a estas dos Iglesias, y reafirman su compromiso para seguir avanzando hacia la unidad plena. El Patriarca de Occidente, como se conoce en Oriente al Papa, y el Patriarca de Etchmiadzin confiesan conjuntamente su fe en Dios trino y en el único Señor Jesucristo, Hijo unigénito de Dios, y hacen pública su fe en la Iglesia, una, católica, apostólica y santa. La declaración va más allá, hasta reconocer que la Iglesia católica y la Iglesia armenia tienen sacramentos verdaderos, sobre todo por medio de la sucesión apostólica de los obispos el sacerdocio y la Eucaristía. Seguimos rezando añade por la comunión plena y visible entre nosotros. |