RetrocesoA&ONº 235/23-XI-2000SumarioMundoContinuar
Jubileo de los militares y policías
Yo también soy hijo de militar
Jesús Colina
Roma

Qué hacían juntos agentes del FBI, soldados de las fuerzas internacionales de paz en Kosovo, de la Legión Extranjera o Guardias Civiles? Rezar. Ésta es la única respuesta que explica una de las maniobras militares más importantes de la Historia cuyo único objetivo ha sido la promoción de la cultura de la paz.

El fin de semana pasado se reunieron en Roma unos 70 mil soldados, muchos de ellos acompañados por sus familias, para celebrar su propio Jubileo muy especial: Guardia Civil, Cascos azules, FBI y la Legión extranjera. El segundo país más representado, después de Italia, fue España, quien estuvo presente con más de 1.500 militares y policías.

El momento más emotivo tuvo lugar, quizá, cuando el sábado por la tarde, hombres maduros condecorados, y chavales imberbes y de pelo corto recién reclutados, en representación de 49 países, recorrieron juntos el camino de la Cruz de Cristo en el Circo Máximo, donde hace dos mil años fueron perseguidos los cristianos.

El momento culminante, sin embargo, tuvo lugar al día siguiente, domingo, en la plaza de San Pedro del Vaticano, cuando se celebró el Jubileo de las Fuerzas Armadas y de la Policía. Más de cien mil peregrinos inundaron, hasta desbordarla, la plaza de San Pedro. El ambiente era de fiesta, animado por una banda militar compuesta por 1.200 músicos de 18 cuerpos diferentes. La única nota desentonada fue la de la lluvia, que no dejó de hacerse presente durante toda la mañana. Sin embargo, el chaparrón no pareció molestarles particularmente a estos hombres y mujeres acostumbrados a las sorpresas.

Las palabras de saludo al Santo Padre, al inicio de la Eucaristía, en nombre de todo los presentes, corrieron a cargo de monseñor José Manuel Estepa Llaurens, arzobispo castrense de España y decano de los obispos militares de la Iglesia católica.

En la homilía, Juan Pablo II dejó muy clara cuál es la vocación del militar y del policía hoy día: ser hombres de paz. Yo también soy hijo de militar dijo el Papa al iniciar sus palabras. Tras constatar que los presentes representaban a ejércitos que se han combatido a través de la Historia, añadió: A cada uno de vosotros le corresponde el papel de ser centinela, que mira lejos para prevenir el peligro y para promover por doquier la justicia y la paz.

INJERENCIA HUMANITARIA


Esta misión justifica también lo que el Papa llama injerencia humanitaria, es decir, la intervención militar que busca simplemente detener la mano del injusto agresor. Ahora bien, la adopción de una iniciativa de este tipo requiere el que antes haya fracasado el diálogo y se hayan aplicado todos los instrumentos al alcance no violentos.

En definitiva —aclaró el obispo de Roma—, la injerencia humanitaria es el último intento al que hay que recurrir para detener la mano del injusto agresor. La oposición del Pontífice a las intervenciones aliadas de Irak o Yugoslavia, en la década de los noventa, son una prueba de que esta doctrina del magisterio de la Iglesia es bastante exigente antes de justificar la legítima defensa, también llamada guerra justa.

Durante la misa, el Papa recordó a todos los militares y policías caídos en misiones de paz y en la defensa del orden y de la legalidad. Antes de despedirse de los peregrinos uniformados, el Papa Wojtyla, cuyo padre era militar de carrera del ejército austro-húngaro, saludó especialmente a las familias de los militares: No es fácil ser familiar de un militar, pues es necesario compartir también las molestias que comporta su misión —constató—. Y, sin embargo, la familia es el apoyo principal para cada uno de vosotros, comprometidos en la defensa de la paz y de la vida. Se defiende lo que se ama, y ¿dónde se aprende a amar la paz y la vida si no es en la familia?"