RetrocesoA&ONº 235/23-XI-2000SumarioMundoContinuar

HABLA EL PAPA

Injerencia humanitaria

La paz es un derecho fundamental de todo hombre, promovido continuamente, teniendo en cuenta que los hombres, en cuanto pecadores, están y estarán siempre bajo la amenaza de la guerra, hasta la venida de Cristo. En ocasiones, esta tarea comporta iniciativas concretas para desarmar al agresor. Me refiero a la llamada injerencia humanitaria, que representa, después del fracaso de los esfuerzos de la política y de los instrumentos de defensa no violentos, el último intento al que hay que recurrir para detener la mano del injusto agresor.

Gracias, queridos militares, por vuestra valiente obra de pacificación en países devastados por guerras absurdas; gracias por el auxilio que prestáis, sin mirar a los riesgos, a las poblaciones afectadas por calamidades naturales. Cumpliendo con vuestro difícil deber, os encontráis con frecuencia expuestos a peligros y a grandes sacrificios. Haced todo lo posible para que vuestra intervención ponga siempre de manifiesto vuestra auténtica vocación de ministros de la seguridad y de la libertad de los pueblos que colaboran con la estabilidad de la paz.

Sed hombres y mujeres de paz. Y, para serlo plenamente, acoged en vuestro corazón a Cristo, autor y garante de la auténtica paz. Él os dará esa fuerza evangélica que permite vencer las seductoras tentaciones de la violencia. Os ayudará a poner la fuerza al servicio de los grandes valores de la vida, de la justicia, del perdón y de la libertad.

(19-XI-2000)