|
|
A. Llamas PalaciosTiene un sentido del humor fino, sensible y directo. Calificarle como persona con una sola palabra es imposible; sería una descripción inacabada, tal es la lista interminable de adjetivos que suscita su rostro sereno y sus palabras acertadas y precisas. Marco Rupnik, nacido en Eslovenia, es jesuita y teólogo, profesor de la Universidad Gregoriana y del Pontificio Instituto Oriental. Además, es artista. Nació artista y se formó en la escuela de Bellas Artes de Roma. Traslada sus conocimientos de arte y su don al Taller de Arte Espiritual, del que es director, así como al Consejo Pontificio de la Cultura, donde acude como consultor. Hace cuatro años Marco Rupnik recibió una petición personal de Juan Pablo II: hacerse cargo de los mosaicos de la capilla papal Redemptoris Mater en el Palacio Apostólico. Si hay alguna frase que pueda resumir el resultado de esta magna obra, puede ser la exclamada por el Papa cuando contempló el conjunto terminado: Es la Capilla Sixtina de este siglo. Tres años fueron necesarios para realizarla, siguiendo el estilo de Rupnik, colores definidos y fuertes, intensos, que buscan la luz y forman entre sí un gran conjunto armónico. En la capilla Redemptoris Mater Rupnik une tradición y modernidad, la pintura de los iconos y la pintura occidental. De una forma u otra, sus iconos siguen las reglas tradicionales de la iconografía, pero mantienen un poso de originalidad propia, de creación artística que se acomoda a otro tiempo, el actual. Esta mezcla, esta unión de estilos aparentemente tan distintos, oriental y occidental, se convierte en una opción creativa en los mosaicos de la capilla, donde constantemente se encuentran referencias tanto orientales como occidentales. Oriente está presente de una forma muy especial; Rupnik no olvida sus orígenes: Me he acercado a Oriente para estar más cerca de mi gente; me produce paz, serenidad. El simbolismo que domina todas las imágenes representadas en la capilla ayuda a narrar una gran historia, la historia del cristianismo, hoy, ayer y siempre. No se trata, por tanto, de un mosaico convencional: belleza, narración y color se mezclan, como dijo Marco Rupnik, en una poesía hecha piedra. |