RetrocesoA&ONº 236/30-XI-2000SumarioAqui y ahoraContinuar
Cardenal Rouco Varela:
El pueblo español no se entiende
sin la fe cristiana
Recogemos los párrafos más significativos de la homilía que el cardenal arzobispo de Madrid pronunció en presencia
de Sus Majestades los Reyes durante la Eucaristía celebrada con ocasión del traslado de los restos
de la Reina Doña María de las Mercedes a la catedral de Madrid
Nos reunimos hoy, en esta catedral de Santa María la Real de la Almudena, para orar al Señor de vivos y muertos por Su Majestad la Reina Doña María de las Mercedes de Orleans y Borbón, cuyos restos mortales reposan ya definitivamente a los pies de la Virgen, en el templo cuya construcción alentó y promovió, y que ahora la acoge como lugar de reposo y de esperanza hasta el día último de la resurrección de la carne. En este Año Jubilar la Iglesia nos permite, además, ofrecer por los fieles difuntos el sacrificio de Cristo y aplicarles la indulgencia plenaria que, como gracia de la redención de Cristo, podemos aplicar con las debidas disposiciones. Hoy lo hacemos de modo especial por la Reina Doña María de las Mercedes, por quien ofrecemos a Dios el sacrificio redentor de Cristo.

El traslado de sus restos cumple un deseo de Su Majestad el Rey Don Alfonso XII quien, al colocar la primera piedra de esta iglesia catedral, decía evocando el recuerdo de su esposa: Los que tengáis la dicha de admirar sus bellezas, al entrar bajo las bóvedas de este templo, orad por la memoria de aquel ángel que está en el cielo, a quien se debe la iniciativa de esta idea y que siempre acogió con entusiasmo cuanto pudiera enaltecer la gloria y prosperidad de nuestra Patria. Al cumplir este deseo, damos gracias a Dios por el interés que mostró Doña María de las Mercedes para que la Patrona de Madrid, la Virgen de la Almudena, tuviese un templo erigido en su honor, no sólo avalando, en el año 1878, la petición de la Real Esclavitud de la Almudena para que se edificara el templo, sino dejando en su testamento sus bienes para la construcción. La memoria de la Reina, que conquistó el corazón de los madrileños, queda unida ahora a esta catedral de modo muy especial, al depositar hoy aquí sus restos mortales.

La vida de la reina Doña María de las Mercedes estuvo marcada por la fe cristiana. Al hacer memoria de su fe en estos momentos de oración por su alma, buscamos, sobre todo, recalcar aquello que dio a su corta vida su verdadera consistencia y su definitiva seguridad: el amor de Dios y el amor al prójimo expresados en los actos de piedad y caridad que constituyen, por su fidelidad y sencillez, el entramado de la vida cristiana en las circunstancias normales de la vida. Amar a Dios y al prójimo es el tesoro definitivo del hombre, el que perdura para la eternidad, que nos hace estar vigilantes ante todo lo que puede ponerlo en peligro, en un mundo como el nuestro que se afana por edificarse al margen de la verdad de Dios y de la sabiduría de sus mandamientos

IDENTIDAD DE NUESTRO PUEBLO


En su famosa obra El Gran Teatro del Mundo, nuestro insigne Calderón de la Barca pone estas palabras en labios del rey: Mucho importa que no erremos Comedia tan misteriosa. Y para no errar, nos da una regla de oro que se repite como estribillo de la obra y como advertencia moral del espectador: Obrar bien, que Dios es Dios. La fuente de una auténtica vida moral es la memoria permanente de Dios.

Para no errar el camino es preciso no olvidar el principio y fundamento de la fe cristiana, en el que fue educada, desde la cuna, la Reina María de las Mercedes: que sólo Dios es el Señor de nuestras vidas. Nosotros, cualquiera que sea nuestra condición, somos siervos. Como tales, un día deberemos dar cuenta de nuestra vida y de los talentos recibidos. La fe cristiana es la mejor ayuda. Conservar esa fe, cuidarla con esmero, practicarla con la firme convicción de ser el tesoro más preciado es la tarea fundamental de nuestro pueblo, cuyos monarcas siempre la han profesado con la convicción de que constituye un elemento indisociable y definitivo de nuestra propia identidad. El pueblo español no puede entenderse a sí mismo, ni su fecunda historia, sin el fundamento de la fe cristiana cuyas raíces se remontan a la época apostólica. En su primera visita apostólica a España, el Papa Juan Pablo II lo dijo claramente: Esa fe cristiana y católica que constituye la identidad del pueblo español.

Gracias a esta identidad el pueblo español, acompañado y estimulado por sus monarcas, está llamado, hoy como en otros momentos de su historia, a ser fiel a Cristo, a crecer y madurar hacia Cristo a través de la fe transmitida por los apóstoles y sus sucesores. Y, desde esa fe, ha de afrontar las nuevas situaciones y objetivos de hoy. Viviendo la contemporaneidad eclesial en actitud de conversión, en servicio a la evangelización, ofreciendo a todos el diálogo de la salvación, para consolidarse cada vez más en la verdad y en el amor.

Es el tesoro que, al traspasar el umbral de la muerte, nos acompañará ante la presencia de Dios para ser juzgados con misericordia. Entonces será el único aval que podemos presentar ante el Señor de vivos y muertos, el único en quien confiar nuestro destino de inmortalidad y de gloria. Así lo hizo con sencillez la Reina Doña María de las Mercedes: se entregó en manos de Dios y de la Iglesia, buscó el consuelo de los sacramentos, se acogió a la protección de la Virgen y murió aceptando la muerte como paso necesario para la Vida. Hoy pedimos por ella a la Virgen de la Almudena en su templo catedralicio, donde reposan sus restos con la cierta esperanza de la resurrección final.

+ Antonio Mª Rouco Varela