Cecilia no sabía qué hacer, porque Valeriano era un joven noble y bueno, y ella sabía que la quería. Entonces, le pidió a su ángel de la guarda que le ayudara a hacer comprender a Valeriano que su vida estaba ya entregada a Jesús. Cuando llegaron a casa de Valeriano, Cecilia la dijo:
Valeriano, eres un marido noble y bueno, y sé que me quieres, pero mi vida es para Jesús, porque Él dio la vida por mí.
Valeriano nunca había oído hablar de Jesús, y no entendió al principio lo que Cecilia quería decir. Pero como quería de verdad a la joven, le pidió que le contase cosas de ese Jesús. Cuando Valeriano oyó la explicación de Cecilia, se llenó de alegría, porque comprendió que sus palabras eran verdaderas.
Pasaron algunos años más, no muchos. Entonces, algunos hombres que habían oído hablar de Jesús, pero que tenían el corazón duro como una piedra de molino, empezaron a perseguir a los cristianos. Había en Roma uno de esos hombres, un juez muy importante que se llamaba Almaquio, que conocía a Cecilia y Valeriano, y que se imaginaba que eran cristianos, porque estaban siempre alegres. Almaquio los encarceló. En la cárcel, Cecilia no paraba de rezar. Lo hacía cantando, con una voz todavía más bella que cuando estaba libre.
Por fín, Almaquio hizo llamar a Cecilia y Valeriano. Primero, preguntó si eran cristianos, y ellos contestaron la verdad. Luego Almaquio les dijo que les perdonaría la vida si negaban a Jesús, pero ellos contestaron que estaban contentos de dar la vida por Jesús, como Él había hecho con ellos. Almaquio no sabía quién era ese Jesús, pero no preguntó, así que se quedó sin saber quién era la razón de la alegría de Cecilia y Valeriano.
Cecilia dio su vida por Jesús hace mucho tiempo. Se dice que murió cantando a Dios, con la voz más bonita que se haya oído sobre la tierra. Tan bonita era su voz, que se dice que los sordos que la escucharon volvieron a oir. Y se dice que, al morir, su alma subió al cielo con Jesús mientras los ángeles tocaban instrumentos y cantaban a coro, acompañando el canto de Cecilia.
Desde entonces, todos los músicos y cantantes que han oído hablar de Jesús rezan a Cecilia, que está en el cielo, para que les ayude a hacer su música más bella. Para que todo el mundo, al oírla, se alegre y comprenda que la vida está llena de las cosas bonitas que Dios ha hecho.