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El grupo Al Ayre Español, dirigido por el clavecinista y organista Eduardo López Banzo, interpretó el pasado 20 de noviembre en la iglesia de San Andrés de Madrid, el auto sacramental Primero y segundo Isaac, con música de autor desconocido, sobre texto de Calderón de la Barca. El concierto se enmarca dentro de las conmemoraciones del centenario de Calderón, y ha servido para recordar la fructífera relación del escritor con el arte musical. Muchas de sus obras dramáticas profanas y religiosas fueron puestas en música, siguiendo la práctica común, por los mejores compositores de su época.
Varias conclusiones sacamos de este concierto. En primer lugar, es una llamada de atención sobre la necesidad de recuperar nuestro patrimonio cultural en una de sus facetas más olvidadas. Miles de partituras duermen en silencio en los archivos musicales de toda España esperando la ocasión de cobrar vida a través de voces e instrumentos. Es cierto que, con ocasión de las grandes efemérides como ésta de Calderón, se desempolvan algunas de esas piezas; pero también es verdad que, generalmente, tal labor es muy escasa y circunstancial, y no tiene continuidad en el tiempo: pasada la ocasión, pasa el interés. Música como la de este auto está a la altura de las más grandes obras maestras del Prado. |
| Esta reflexión es especialmente cierta para la música religiosa. La Iglesia, como principal mecenas de las artes en el Siglo de Oro, custodia lo mejor de nuestro repertorio musical histórico. Hoy también, el esfuerzo de las diócesis españolas en defensa de nuestra música religiosa es muy grande, como lo prueban las espléndidas exposiciones de Las edades del hombre. Pero, hasta ahora, nuestras iglesias se han limitado a servir de escenario, en el cual cantantes e instrumentistas profesionales, especialistas en los aspectos musicales, muestran su calidad técnica o su erudición. Se echa de menos, en general, y también en este concierto, un compromiso del músico con lo que interpreta. Esta actitud es común, de hecho, al público que acude a los conciertos buscando descubrir música bella, pero sin preguntarse sobre el origen de esa belleza que reconoce.
Lo segundo es inevitable, porque depende del sujeto, que hoy está muy alejado culturalmente de la raíz profundamente cristiana de los textos y de las músicas de tiempos de Calderón. Pero, ¿y lo primero? Para hacer justicia a esta música, es imprescindible que quien tiene que darle vida sepa cuál es la razón de su belleza. En todo caso, bienvenida sea esta interpretación de Al Ayre Español y la espléndida colaboración de la parroquia de San Andrés, con su templo restaurado en el Madrid, precisamente, de don Pedro Calderón de la Barca. ¡Ojalá sea un paso adelante para hacer verdadera justicia a nuestro Siglo de Oro! Julio Alonso |