RetrocesoA&ONº 236/30-XI-2000SumarioEn portadaContinuar
Cáritas presenta su Memoria del año 1999
Números con rostro
Todos hemos oído alguna vez la expresión tercer mundo. Lo que probablemente resulta más incómodo es saber
que hay un cuarto mundo, y no está lejos, sino que vive entre nosotros. Hemos llorado contemplando
en nuestro televisor hambre, sed, miseria, guerras. Pero la miseria también vive y camina por las mismas
aceras que nosotros. Nos alarga la mano, y no siempre la vemos. Cáritas ha presentado recientemente
su Memoria del año 1999. Unos números con rostro e historias personales tremendas aparecen ante nosotros
pidiendo explicaciones, interpelando y agradeciendo, a su vez, la generosidad de los españoles en su búsqueda
de una sociedad más justa. Cáritas, en latín, significa amor
A. Llamas Palacios.
Inés Vélez

Tengo un psicólogo que me ayuda semanalmente, una joven voluntaria que me saca a pasear, merendar y cenar cada poco, una asistenta social maravillosa que está siempre pendiente de mí, y puedo ver que no estoy sola, que tengo una ayuda. Si estoy en la calle, me pagan una pensión..., y todo esto veo que lo hacen con mucho cariño. Habla Pilar, una mujer que, desde niña, ha vivido inmersa en el oscuro y denigrante mundo de la prostitución. Ha tenido una vida dura y, durante muchos años, ha pasado por grandes altibajos, en los que se retiraba de la calle y volvía de nuevo a ejercer la prostitución, con triste frecuencia. Pero, estuviese a un lado u otro de la carretera, había algo en su vida que nunca cambiaba: la presencia de Cáritas, siempre pendiente, esperándola por un único motivo: la aman.

Cáritas se define a sí misma, en sus estatutos, como la Confederación oficial de las entidades de acción caritativa y social de la Iglesia católica en España, instituida por la Conferencia Episcopal. Según el Presidente de Cáritas Española, don José Sánchez Faba, es necesario aclarar la palabra "caritativa", porque muchas veces se confunde caridad con beneficiencia, y eso es desconocer lo que significa caridad. Caridad viene de "caritas", que en latín significa amor. En palabras de su Presidente, Cáritas es una organización de la Iglesia que se mueve por amor a Dios y al prójimo para luchar por la justicia social y erradicar la pobreza.

CÁRITAS NO ENVEJECE

No nos encontramos ante una organización cualquiera de ayuda al necesitado. No cualquiera recibe en un solo año el Premio Príncipe de Asturias de la Concordia, por elección unánime del jurado, y la Cruz de Oro de la Orden de la Solidaridad, entregada por el Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales. Y no se trata de colgarse medallas, ni de coleccionar éxitos, sino de reconocer una labor incomparable, una lucha sin descanso y llena de sacrificios que lleva a cabo, desde hace más de 50 años, una organización católica cada vez más grande, compuesta en su mayoría por voluntarios.

Cáritas no envejece. Lo dicen las cifras en aumento. Más voluntarios de todas las edades, más ayudas —del año 1998 al 1999 han crecido un 20%—, más ilusión. Todos estos datos aparecen recogidos en la Memoria del año 1999, que recientemente se ha dado a conocer. Esta Memoria refleja los resultados del pasado año en todas las actividades que ha llevado a cabo esta organización. Según este documento, los recursos de Cáritas ascendieron a más de veinticuatro mil millones (24.052.811.844) de pesetas, de los cuales, sólo el 5,74 por ciento se destinó a gastos de administración; y el resto, el 94,2 por ciento del presupuesto, se invirtió en la ayuda al necesitado.

Cáritas deja pocos huecos por cubrir, aunque las dificultades nunca son pocas, y siempre es necesario más: más apoyo, más medios, más gente; se podría decir que Cáritas está allí donde hay alguien necesitado. La familia, la infancia, la juventud, la mujer, los mayores, población rural, los sin techo, extranjeros, comunidad gitana, reclusos, drogodependientes, enfermos de sida, minusválidos, cooperación internacional..., todos ellos han recibido, durante el año pasado, ayuda por parte de las Cáritas diocesanas repartidas por toda España, y de los 34 países en los que está presente Cáritas Española. Este año, por vez primera, la cooperación internacional ha sido el programa que más ayuda ha recibido, con un 20,95% del total de los recursos, al que le siguen la acogida y asistencia, con un 13,4%; la atención a los mayores, un 11,89%; el empleo y la economía social, 8,37%; los sin techo, con un 7,26% del total de los recursos. Estos porcentajes, junto con el resto, se pueden observar más claramente en el gráfico de la página 5.

Las fuentes de financiación de estos proyectos son diversas: el 70 por ciento procede de donantes privados, y el 30 por ciento de donantes públicos. Dos son las vías principales de financiación: el Fondo Interdiocesano, que canaliza las aportaciones procedentes de los fondos propios de Cáritas, los fondos de campañas, las donaciones de Congregaciones Religiosas y de particulares; y la subvención del Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales, a través de los fondos del IRPF. Por último, Cáritas también recibe subvenciones de organizaciones públicas y privadas, como Cajas de Ahorro y Fundaciones.

 CAUSAS DE LA POBREZA


Es difícil, en nuestra sociedad, acordarse de los pobres y los enfermos; sobre todo, cuando las cosas nos van bien. No es agradable reconocer que las tres cuartas partes de la población mundial vive en el umbral de la pobreza, y que la suma del PIB de todos los países subdesarrollados no llega a la fortuna de los tres individuos más ricos del planeta. Duele saber que 20.000 hermanos nuestros mueren cada día a causa del hambre y que, al mismo tiempo, se invierten 2.000 millones de dólares en armamento. Algo no funciona como debería, si las desigualdades, en vez de reducirse, no cesan de aumentar.

Las desigualdades económicas van aumentando con los años, aunque no de la misma manera, dependiendo de países y economías. Es evidente que una economía de mercado pura y dura; sin mecanismos específicos que disminuyan las desigualdades, las agudiza. La liberalización económica absoluta engendra pobreza y genera desigualdades, ha declarado, a Alfa y Omega, doña María Teresa López, decana de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de la Universidad Complutense. Lógicamente, los países que tienen una economía centralizada, es decir, todo lo contrario a una economía de mercado, como no generan incentivos, también producen pobreza. En resumen, todos los modelos económicos extremos agudizan las desigualdades.

Cáritas dedica su mayor partida del presupuesto a la cooperación Internacional. Así, el año pasado, destinó 5.038 millones de pesetas, el 20,95 por ciento del presupuesto, a los países pobres. Según los expertos, la causa del subdesarrollo es la menor tasa de productividad de estas economías. La ciencia del desencanto es el nombre que algunos utilizan cuando hablan de economía. No debería ser así, si el corazón de los sistemas económicos fuera el ser humano, la persona. La economía tiene que estar al servicio del hombre y no al revés —continúa doña María Teresa López—; si la generación de beneficios sirve para mejorar la calidad de vida de las personas, adelante; pero, cuando la obtención de beneficios se convierte en el único objetivo, deshumanizamos el funcionamiento de la vida diaria. El dinero tiene que estar al servicio del hombre, y no el hombre al servicio del dinero.

HUMANIZAR LA ECONOMÍA


La mera lógica del máximo beneficio no satisface a nadie: ni a los que se enriquecen sin atender a otros valores que los de la Bolsa, y menos aún a los que quedan excluidos de la tarta. Las desigualdades sociales no son más que fuentes de desequilibrio y de violencia a muy corto plazo. No se ha de retardar el tiempo en que el pobre Lázaro pueda sentarse junto al rico para compartir el mismo banquete, sin verse obligado a alimentarse de lo que cae de la mesa. La extrema pobreza es fuente de violencia, rencores y escándalos. Poner remedio a la misma es una obra de justicia y, por tanto, de paz, ha dicho Juan Pablo II. Es decir, unas relaciones económicas más solidarias, basadas en el bien común, interesan a todos, ricos y pobres. El reto es, sin duda, crear corrientes de pensamiento que logren humanizar la economía. En este momento —afirma, rotunda, doña María Teresa López—, en España, prevalece una economía deshumanizada. Cuando hablo de la economía como ciencia social y al servicio del hombre, la gente se sorprende. No es muy habitual oír a un economista hablar en estos términos. Creo que la idea de la economía como mero mecanismo para ganar dinero tendría que terminar. No tiene sentido que la economía tenga objetivos monetarios; la economía es solamente la organización de unos recursos escasos para mejorar la calidad de vida de la gente. No es otra cosa. Reclamo el más absoluto principio de la economía como ciencia social, y como ciencia humana.

BOLSAS DE POBREZA

Según Cáritas, estos desequilibrios no sólo alcanzan a poblaciones lejanas, en países del tercer mundo; también, en medio de nosotros, en las sociedades desarrolladas, miles de personas sufren la miseria y la marginación. Se llama cuarto mundo, y su pobreza desfila cada día ante los ojos del primer mundo que se ha acostumbrado a considerarla parte del paisaje urbano. Se calcula que, actualmente, en Europa hay 40 millones de ciudadanos que cobran menos de la mitad del salario mínimo; sin duda, una cifra escalofriante. Ante esta situación, varias son las reacciones: unos se rinden pensando que no hay solución; otros pretenden resolver los problemas en poco tiempo; y muchos se ponen mano a la obra con paciencia y trabajo.

Ignorancia, enfermedades psicológicas, pérdida del trabajo, problemas familiares, drogas...; cientos de causas distintas, que necesitan, a su vez, cientos de soluciones diferentes, producen las actuales bolsas de pobreza en las sociedades desarrolladas. Son dificultades graves que sólo pueden resolverse con tiempo, esfuerzo, cariño y mucha dedicación personalizada. Durante el año 1999, Cáritas destinó el 13,49 por ciento del presupuesto (3.244.083.035 pts.) a tareas de acogida y asistencia; y, a proyectos de inserción laboral, el 8,37 por ciento (2.012.757.113 pts.)

30.000 SIN HOGAR EN ESPAÑA


Un reciente informe de Cáritas y de la Universidad de Comillas, La acción social con personas sin hogar en España, revela que alrededor de 30.000 ciudadanos viven en pobreza extrema en nuestras calles. Sin duda, la situación de estas personas, un 0,06 por ciento de la población, pone de manifiesto un grave problema de marginación. Según don Pedro José Cabrera, sociólogo y Director de la Escuela de Trabajo Social, de la Universidad Pontificia Comillas y Director de la investigación presentada la semana pasada en Madrid, hay que dar a la sociedad española una visión más realista de los "sin techo": son personas sin hogar; siempre y ante todo personas.

Cada vez es más heterogéneo el perfil de los ciudadanos que sufren esta situación: son jóvenes, inmigrantes, temporeros, mujeres, grupos familiares, menores..., personas que se encuentran en la calle, y que, si no reciben ayuda, prácticamente es imposible que salgan de esa situación. No quieren trabajar y no se dejan ayudar, son comentarios comunes. No es cierto en la mayoría de los casos. El cambio del contexto social, las altas tasas de paro, el encarecimiento de la vivienda, la existencia de agujeros en las políticas sociales y la reducción del tamaño de las familias crean una gran vulnerabilidad. En otras palabras, no es difícil acabar en la calle cuando coinciden varios de estos elementos a la vez, y, en cambio, sí parece complicado recuperar a estas personas con las ayudas actuales.

INHIBICIÓN DE RESPONSABILIDAD


El citado informe desvela que los servicios de todas las Administraciones apenas representan un 10 por ciento del conjunto de las ayudas que reciben estas personas, lo que supone una grave inhibición de la responsabilidad pública marcada en las leyes, dado que la atención privada no es suficiente para garantizar sus derechos, y que la mayoría de las ciudades se limitan a ofrecer a estas personas servicios dispersos y limitados en el tiempo, lo que obliga a los "sin techo" a una movilidad geográfica incesante, que les impide ejercer derechos de ciudadanos ligados a la estabilidad y los aleja de toda posibilidad de inserción laboral.

Además, para llevar a cabo estas tareas, el actual presupuesto es bastante reducido. La red de asistencia a las personas sin hogar, mayoritariamente privada, en la que Cáritas por sí sola gestiona el 40 por ciento, dispone de entre 2.400 y 3.100 pesetas al día, por persona sin hogar, con las que cubrir todos los gastos: comida, ropa, alojamiento, gastos generales de mantenimiento y personal. Por ello se reducen las posibilidades de desarrollar otras actividades de recuperación integral, como cursos de formación, ayuda psicológica, talleres ocupacionales y tareas de búsqueda de empleo. Estas conclusiones, graves y apremiantes, demuestran, una vez más, la importancia del trabajo gratuito y solidario de cientos de personas anónimas; eso sí, esto no justifica la inhibición de la Administración. El pasado 26 de noviembre, con motivo del Día de los "sin techo", Cáritas ha lanzado una campaña bajo el título Mírame. Vivo en tu calle, con la que se pretende que el Gobierno ponga en marcha un Plan Integral de Atención a las personas sin hogar.

LA FUERZA DE LO PEQUEÑO


Más de 64.000 voluntarios colaboran actualmente en los proyectos de Cáritas. Son jóvenes y mayores, mujeres y hombres que dedican parte de su tiempo a ayudar gratuitamente a sus hermanos más desfavorecidos. Según Cáritas, el servicio que prestan a su comunidad, de forma totalmente desinteresada, es la esencia misma de la institución; de hecho, Cáritas no sería posible sin ellos. Siento una gran alegría y satisfacción cuando hago algo por los pobres. En Cáritas no se obliga a nadie a que venga; todos estamos voluntariamente, comenta a Alfa y Omega don Luis López Púa, miembro de Cáritas parroquial, de Tarifa. Este joven voluntario de 63 años colabora, junto a otros muchos, en un proyecto de ayuda a los inmigrantes que llegan, todos los días, a las costas de nuestro país. Los voluntarios de Cáritas parroquial de Tarifa son los que suministran a la Guardia Civil, a Médicos sin Fronteras y a Protección Civil, que trabajan a pie de playa, equipos de ropa seca para los espaldas mojadas. Los que cruzan el Estrecho, hombres fuertes, mujeres y niños, en busca de trabajo y oportunidades, procedentes de países más desfavorecidos, son los rostros concretos de los pobres de nuestro tiempo.

Recogemos la ropa que trae la población de las zonas limítrofes y preparamos equipos: pantalón, camisa, ropa interior, zapatos; todo lo necesario para los inmigrantes. Desde enero hemos distribuido más de 2.400 equipos. Debemos estar siempre localizados por si se produce algún desembarco. Su trabajo es sencillo y oculto: suministrar ropa seca; pero, sin duda, imprescindible. Es la fuerza de lo pequeño.

CONTACTO CON LA REALIDAD

Diseminados por toda la geografía española, los voluntarios de Cáritas trabajan en múltiples proyectos, según las necesidades específicas del entorno y sus posibilidades de actuación. Su labor abarca un amplio abanico de grupos sociales desfavorecidos y con dificultades: ancianos, desempleados, familias, transeúntes, reclusos, niños, enfermos de sida, drogodependientes..., todos aquellos que, muy cerca de nosotros, en nuestras ciudades y pueblos, están sufriendo, hoy en día, como Jesús en la Cruz. Los voluntarios nos dan el contacto con la realidad; son los que mejor conocen la problemática de su entorno, reconoce doña Carmela Primo, responsable del programa Sin techo, de Cáritas Diocesana de Mondoñedo-Ferrol. Este proyecto tiene como objetivo la recuperación social y laboral de más de 1.600 transeúntes, procedentes del País Vasco, Portugal y países del Este. Los voluntarios colaboran en un albergue donde los sin techo reciben ayuda integral y la posibilidad de volver a empezar. Hay personas que han vuelto a su entorno familiar —afirma doña Carmela—; otros se han recuperado y, actualmente, están trabajando en la construcción; la recuperación es posible, aunque no es fácil.

LAS MOTIVACIONES DE LOS VOLUNTARIOS


Según reconocen los propios responsables, los proyectos de Cáritas cubren muchas necesidades que existen en la sociedad, y que el Estado no está abarcando. La mayoría de los voluntarios proceden de parroquias. Cáritas se nutre principalmente de personas de comunidades cristianas, nos comenta don Gustavo Esteve, Director de la Escuela de Formación de Cáritas Madrid. Cada curso académico, acogemos en torno a 650 nuevos voluntarios que quieren unirse a nosotros. Nuestra riqueza es saber conjugar las diversas motivaciones que les impulsan a trabajar por los demás. Cáritas es parte de la Iglesia, no es una simple ONG. Incluso, en algunas ocasiones, los mismos que han sido atendidos y ayudados por Cáritas, posteriormente, pasan a formar parte del grupo de voluntarios. En Zaragoza, el Centro de Día San Carlos, de Cáritas ofrece, desde hace más de 20 años, un servicio de rehabilitación psiquiátrica para enfermos mentales graves. La Directora del Centro, doña Teresa Sardaña, dice: Las actividades que realizamos necesitan el apoyo de los voluntarios, por ser una labor muy individual. Es un trabajo muy bonito; tenemos voluntarios que han sido pacientes del centro, que, una vez recuperados, vienen de nuevo para ayudar a sus compañeros. Integrar al enfermo mental durante su recuperación es el objetivo de este proyecto. A los enfermos mentales les enseñamos a que logren alcanzar cierta independencia. Damos clases de vida diaria, cómo asearse, coser, planchar, cocinar. Hacemos ejercicio físico, excursiones y damos apoyo a las familias.

Los mismos voluntarios reconocen que, muchas veces, reciben más de lo que dan. No sólo la satisfacción personal de hacer algo por los demás, sino también una formación que les sirve para su vida personal e, incluso, profesional. Todos los años, Cáritas ofrece cursos de formación a los voluntarios. En Madrid, 2.500 acceden a esta formación, dividida en tres fases: inicial, especializada y permanente. La Escuela de Formación cumple 30 años dando respuesta a esta necesidad.

El trabajo de Cáritas consiste en dar una nueva oportunidad a estas personas que, por una razón u otra, necesitan un apoyo especial para salir adelante. Crear comunidades acogedoras, con acciones significativas que lleven en sí mismas la realización de otra sociedad distinta a la que hoy domina, consumista y de un individualismo posesivo y excluyente es el gran objetivo de esta organización de la Iglesia. Hay esperanza y hechos concretos: los pobres y excluidos de los países desarrollados pueden recuperarse y volver a integrarse en la sociedad; pero necesitan ayuda y mucho amor. Valores que no cotizan en el Nasdaq, ni en el Dow Jones, pero de alta rentabilidad social. No es dinero lo que se gana a corto plazo, sino una sociedad más humana y feliz. El convencimiento de que todos somos hermanos, hijos de un mismo Padre, y el precepto que nos dejó Jesús, que os améis unos a otros como yo os he amado, resuenan una vez más como la única fórmula digna de convivencia. Éste es el espíritu de Cáritas.