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Ver oír... y contarlo
Un Fondo sin fondos
José Francisco Serrano
pserrano@planalfa.es

Mario Bunge profetizó que, con la generalización de la Seguridad Social y con la televisión en todos los hogares, se habían acabado las revoluciones. Y, por ende, los revolucionarios. La celebración de la Asamblea anual del Fondo Monetario Internacional (FMI) y del Banco Mundial(BM), durante la pasada semana en Praga, ha sido un ensayo de la savia de un 68 que tiene cercenada la raíz. La tinta de las esperanzadoras previsiones de crecimiento, por encima de un 3% anual, se tornó de tonos grises con los violentos choques entre la policía y los utópicos manifestantes, 422 de ellos arrestados, que enarbolaban esloganes tales como El mundo no es una mercancía, yo tampoco; El FMI mata, mata el FMI; o Pagar la deuda es morir, queremos vivir, según recoge la crónica de Manuel Estapé y Andrés Pérez, en su artículo del 27 de septiembre, incluido a las 3:30 horas en la edición digital de La Vanguardia: http://www.lavanguardia.es

El diario digital La estrella digital, http://www.estrelladigital.es, publicaba, en su edición del miércoles 29, la crónica del enviado especial en Praga, Javier Hervás, con las siguientes apreciaciones respecto a la condonación de la deuda externa: En cambio, la conclusión de esta Asamblea es menos optimista respecto a los resultados de las negociaciones para perdonar la deuda de los países más pobres del mundo. Frente a lo previsto, no se ha llegado a ningún acuerdo definitivo. Las negociaciones continuarán hasta finales de año, fecha en la que se espera perdonar la deuda a veinte de los cuarenta países más endeudados. Aunque algunas organizaciones estimaban que, para finales de año, se podía haber incluido otros cuatro países más, con previsión de ampliar hasta cuarenta en un futuro próximo, la realidad no ha sido así. Wolfenshon quiso aclarar que el Banco Mundial nunca había hablado de cuarenta países, y que estas estimaciones procedían de la ONG británica Jubilee 2000.

Como opiniones hay para todos los gustos, José Ignacio del Castillo nos sorprende con un suculento comentario ultraliberal, en el diario digital Libertad digital, http://www.libertaddigital.com, en el que se lee: La demanda de condonación de la deuda de los países más endeudados es un eufemismo para encubrir una brutal transferencia de recursos, desde los ahorradores y contribuyentes de los países que más aportan al fondo —Occidente—, a los tiranos bananeros que gobiernan sobre millones de cadáveres, esclavos y mendigos. Uno pensaría que, a la vista de cómo les va a unos y a otros, a los pueblos que todavía conservan alguna libertad económica y cierto respeto por la propiedad privada y por el cumplimiento de los contratos, y a los que no tienen ninguna de las dos cosas, la gente reflexionaría y rechazaría con vehemencia cualquier clase de socialismo, ya fuese éste de tipo marxista, corporativista, nacionalista o cristiano. La ampliación de la brecha que separa a pobres y ricos —mención aparte de la redistribución inflacionista y de catástrofes naturales puntuales— es la consecuencia lógica de diferentes políticas respecto a la creación de riqueza.

Para contrarrestar esta andanada, el periodista económico Eulogio López, en el diario digital Hispanidad, http://www.Hispanidad.com, analiza las intenciones de la protesta, trayendo a las páginas de su confidencial, en este caso a la pantalla de ordenador, que lo más peligroso es el pensamiento único que viene adherido a la moneda única, a los fondos únicos, a los bancos únicos y a las únicas condonaciones. En parecido carro argumental, la agencia Zenit, http://www.zenit.org, recogía las declaraciones del premio Nobel de economía, el indio Amartya Sen, al diario italiano Avvenire: Estoy convencido —señaló el economista profesor de Cambridge— de que es posible detectar medidas capaces de eliminar el hambre y reducir radicalmente la desnutrición crónica. Para hacerlo no hay que limitarse a una especie de equilibrio contable entre población y víveres. Una persona puede verse obligada al hambre incluso cuando hay comida en abundancia, por ejemplo, si pierde el puesto de trabajo. Si, luego, en un país cae la oferta alimentaria, hay que distribuir mejor los recursos existentes y crear nuevos puestos de trabajo, con nueva renta para las víctimas potenciales del hambre. En los países más ricos, son las medidas políticas las que protegen la economía de los individuos, con programas contra la pobreza y ayudas a los parados. En los países en vías de desarrollo, en cambio, no existen formas sistemáticas de ayuda a los desempleados.

Michel Camdessus, que fuera Presidente del Fondo Monetario Internacional, también profetizó un día, al definir, de nuevo, lo que es la citada institución: El mejor amigo de los pobres. En la agencia de información de la vida religiosa, Vidimus Dominum, http://www.vidimusdominum.org, el misionero comboniano Alex Zatonelli, que trabaja en la periferia de Nairobi, invita a Camdessus a que visite su barrio y, así, cambiaría de idea sobre la eficacia de las ayudas financieras internacionales a los países pobres, que él defiende con tanto entusiasmo.