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El obrar ético impide, por su propia naturaleza, traspasar ciertas fronteras, pero a la par abre nuevas e insospechadas puertas hacia el progreso. Se limitan unas posibilidades, que servirán de referencia para avanzar en otras direcciones beneficiosas para el ser humano. Tres elocuentes ejemplos prueban esta tesis.Antaño, los tocólogos habían tenido repetidas dudas sobre si salvar la vida de la madre o la del hijo en el caso de partos muy difíciles. Hoy, los avances de la Obstetricia han superado el dilema y puede hacerse mucho en favor de madre y de hijo a la vez, sin tener que optar por uno u otra. Y ello ha coincidido con la moda del aborto provocado como supuesto derecho femenino protector de su integridad física. La aparición y desarrollo de la píldora anticonceptiva, con toda su carga de dudas éticas, ha corrido pareja al desarrollo de los modernos métodos de regulación natural de la fertilidad, de cuya eficacia y eticidad nadie duda, a pesar de que se enseñan poco, quizá debido a las presiones de la industria farmacéutica especializada sobre unas técnicas que son gratuitas. La posibilidad y el deseo de clonar seres humanos con fines terapéuticos coincide en el tiempo con la posibilidad y el deseo de conseguir los mismos fines terapéuticos trabajando sobre células madre obtenidas de cordones umbilicales, placentas, hígado, cerebro, etcétera. Cada semana salen a la luz nuevos trabajos científicos en este sentido. A principios de los noventa, se propuso en Inglaterra regular por ley el uso experimental de embriones humanos. Si se nos permite usar embriones de hasta 14 días, obtendremos conocimientos para curar la fibrosis quística, la distrofia muscular, el mongolismo o la hemofilia. Sin embargo, sin manipular ni un solo embrión humano, se ha localizado el gen de la fibrosis quística, se ha clonado el gen de la distrofia muscular, se comprende mejor el mongolismo (trisomía 21) y, por ingeniería genética bacteriana, se fabrica el factor antihemofílico. Todo ello tranquiliza enormemente al científico que busca, a la vez, mejorar la vida de sus conciudadanos y no cometer el más mínimo desliz con los derechos humanos. Es perfectamente posible conciliar una ética exigente con la más alta excelencia científica. Para ello hay que estudiar mucho, investigar duro y tener muy clara la dignidad del ser humano en todas sus fases de desarrollo. Médicos Cristianos de Cataluña |