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Si no ha habido una declaración nueva y explícita en la que la Santa Sede ofrezca su mediación para la pacificación en el País Vasco y, al menos que yo sepa, y en el momento de escribir estas líneas, mediodía del martes 3 de octubre, no la ha habido, en la declaración del director de la Sala de Prensa de la Santa Sede sobre el encuentro que mantuvo en el Vaticano monseñor Taurán con el Ministro del Interior del Gobierno español, señor Mayor Oreja, y con el Lehendakari señor Ibarretxe, no hay ningún elemento nuevo que permita a la inmensa mayoría de los periódicos españoles titular como han titulado: El Vaticano se ofrece para buscar una solución pacífica en el País Vasco. Nuestros lectores tienen el texto íntegro de dicha declaración en la página 19 de este mismo número, e, insisto, en ella no hay nada nuevo: la Santa Sede siempre se ha ofrecido para buscar una solución pacífica en el País Vasco. La propia declaración habla de seguir contribuyendo. No se acaba de entender que, por ejemplo, El Mundo publique un editorial titulado, entre interrogantes, ¿Una mediación del Vaticano?, y cuyo párrafo segundo comienza con esta pregunta: ¿Significan estas palabras que la Iglesia católica se ofrece a mediar en el conflicto vasco?, y que en su página 8 dé esa mediación como oficialmente establecida. Las interpretaciones, vueltas y revueltas que luego se hacen en los periódicos al respecto, salvada, con mucha generosidad, la buena intención de quienes las hacen, no son otra cosa que eso: interpretaciones, hipótesis, vueltas y revueltas. Las cosas son como son, y así hay que contarlas. Cuando haya una oferta expresa de mediación, si la hay, lo contaremos. |
| La sufrida paloma de la paz que tímidamente sobrevuela de vez en cuando la Ciudad Santa de Jerusalén debe de contar con una buena dosis de paciencia, de magnanimidad, y de fe en el ser humano; pero la miseria de la condición humana acaba, por desgracia, una y otra vez, con sus intentos de vuelo. Para que haya paz entre dos contrincantes es impres-cindible que los dos quieran que la haya. Y no sólo los dos, sino todos los que están a su alrededor. Basta con que, cuando todo parece que va por el mejor camino, salga un Ariel Sharon, que evidentemente no quiere la paz, para que todo se estropee y en unas horas se pierda la paciente y larga labor pacificadora de muchos. Basta un interesado en que no haya paz para que Mingote pueda dibujar, tristemente cargado de razón, la impresionante viñeta que acompaña a estas líneas.
Leo en un periódico que el alcalde de Burgos proyecta un nuevo museo, a unos 15 kilómetros de la ciudad, y dice: Vamos a construir la catedral del hombre, en contrapunto a la catedral gótica de Burgos y en diálogo permanente con ella. Don Angel Olivares, el actual regidor de los burgaleses, debería saber que la catedral del hombre ya es la actual catedral gótica de Burgos, porque es la de Dios, y el hombre es la gloria de Dios. Ya es significativo que, para elogiar el nuevo museo que proyecta, tenga que hablar de catedral. Tengo entendido que el calendario laboral de la Comunidad de Madrid para el año 2001 incluye de nuevo el Jueves Santo como día festivo, en lugar del día de San José. Es triste que los comerciantes prefieren que deje de ser fiesta el Jueves Santo antes que San José. Lo que les importa es la caja. Que les aproveche, pero les guste o les deje de gustar, para el pueblo cristiano de Madrid y de fuera de Madrid los días de Jueves Santo y de San José son fiesta y fiesta grande, allí donde verdaderamente la fiesta lo es: en el corazón y en el alma de la gente. Gonzalo de Berceo |